Murcia como chiste per se

Hay gente que cree tener sentido del humor porque cuenta chistes. No, amigo, el sentido del humor lo marca tu reacción cuando el objeto de la broma eres tú. Si gastas bromas, pero te enfadas cuando te las gastan a ti, entonces NO TIENES sentido del humor. Te pongas como te pongas. Ya lo dije en un artículo previo.

Como dijo Pedro Vera (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1967. Revista EL JUEVES, Ortega y Pacheco, Ranciofacts): «la prueba de que los murcianos tenemos sentido del humor es que seguís vivos».

Vamos a reirnos de Murcia, ¿por qué no? Tenemos nuestro peculiar acento (dejémoslo en peculiar, ¿vale?), y de ahí deriva el cliché de que somos paletos y que no sabemos hablar. Ok, no pasa nada. Cada comunidad tiene su propio cliché, como que los andaluces son vagos, los catalanes tacaños o los madrileños chulos, se confunde la parte por el todo y ya tienes un hilo del que tirar. Se han hecho chistes sobre ellos desde que el primer átomo de carbono se combinó con otro de hidrógeno comenzando el proceso que da origen a la vida en nuestro planeta, pero de Murcia no se hacían, Murcia era la gran olvidad, Murcia no existía. Ahora sí, gracias a los chistes, la gente puede localizar Murcia en el mapa como en su día ocurrió con Lepe.

Venga, sí, hablamos mal y somos unos paletos. Vamos a explotar el tema y tenemos para sacar horas y horas de chistes, risas y diversión aseguradas, y los de Lepe que agradecen dejar de ser el centro de atención. Oye, que yo mismo lo hago, me río de mí mismo y mis congéneres, y no pasa nada. Es una broma, y tenemos sentido del humor.

Lo que no entiendo es que se haya llegado a un punto en el que no hay chiste, simplemente se dice la palabra Murcia (murcianos, o cualquier otra derivación) y que el imaginario haga el resto. Eso ya es un chiste por sí mismo. Oye, que no se me ocurre como rematar esto, que mi cerebro limitado no es capaz de llegar a un remate en condiciones, ah, ya sé, meto la palabra Murcia y listo, jia jia jia, qué gracioso soy.

O sea, eres un paleto, haciendo un chiste con remate de paleto, en el que te ríes de otros paletos, ya que tú te crees menos paleto porque pronuncias las eses.

Eh, cómico paleto. No te ofendas, este artículo es una broma, no me río de ti sino contigo, igual que haces tú con tus chistes de paleto.

(By Antonio Castejo)

El Sketch de José Mota

Nos la cogemos con papel de fumar, y sólo con leer eso ya habrá algún fabricante que se habrá ofendido.

Lo de José Mota ya es la gota que colma el vaso. Para quien no lo sepa, el sketch arriba mencionado trata de un médico que le dice a un paciente que le queda poco de vida. A lo largo de mi vida he escuchado miles de chistes populares con ese tema, he escuchando a monologuistas hacer chistes sobre eso, lo he visto en series y películas, y nunca han molestado. ¿Por qué, entonces, molesta hoy? ¿Y por qué molesta ese sketch en concreto, el cual he visto, y no tiene nada de ofensivo?

Pues porque está de moda ofenderse. Hay que sentirse indignado por todo, y si algo no te ofende pero ves que se ofende el de al lado, pues te ofendes también, que no vas a ser menos. Y ya de paso, pedimos la cabeza de alguien, que un acto tan deleznable como hacer un comentario desafortunado no puede quedar sin un castigo ejemplar.

Se ha debatido sobre los límites del humor hasta la saciedad, sin llegar a un resultado concluyente simplemente porque es algo muy subjetivo, y cada cual se pone sus propios limites. Pero es que el asunto ya no va de eso. Los límites del humor hace tiempo que quedaron atrás, porque hemos llegado a un punto de infelicidad y ofensa total, que no se puede abrir la boca para estornudar sin que se ofenda algún participante del mundial de lanzamiento de escupitajo.

Y no se ofende el objeto de la broma, no. Se ofenden los justicieros morales que miran por encima del hombro al resto de la humanidad, señalando con su dedo censor a todo aquel que exprese su opinión, sea cual sea, mientras defienden la libertad de expresión.

Como por ejemplo, Irene Villa. Ha sido víctima de chistes de humor negro desde que sufrió el atentado. Y según sus propias palabras, ella misma se ríe con esos chistes, e incluso tiene sus favoritos. Pero si ella no se ofende, no pasa nada. Hay todo un equipo de ofendidos profesionales, afilando hachas y listos para el ataque.

Hay para todos. Hace poco, Javier Cárdenas. Al margen de que te caiga bien o mal, al margen de que estés de acuerdo con él o no, tiene derecho a decir lo que le de la gana cuando le de la gana, como cualquier otro u otra habitante o habitanta de un país libre y libra. Lleva haciéndolo más de veinte años y hasta ahora nadie se había quejado. Pero ahora, tras veinte años, la caga un día, hace un comentario que no gusta, y surgen hordas pidiendo que lo metan en la cámara de gas. Estás veinte años haciendo radio y televisión, hablando mucho, que para eso es para lo que te pagan ¿y de verdad pensáis que hay que ser perfecto siempre? ¿Veinte años hablando sin parar y no puedes equivocarte ni una sola vez? Y luego a Jiménez Losantos se le da cancha ancha.

O a Toni Moog, con un tweet el uno de enero sobre el primer catalán del año, un bebé cuyos padres eran sudamericanos. Un grupo de ofendidos, incapaces de ver la broma y ya está, le acusaron de racista e intentaron movilizar las redes para boicotear sus espectáculos. Muy normal todo.

El humor ofende. Siempre. El humor blanco total no existe. El humor es verdad y dolor y, sólo por definición, le va a tocar los huevos (u ovarios) a alguien. La única manera de no ofender absolutamente a nadie, es no haciendo nada. ¿Es eso lo que pretende esta gente? ¿Erradicar el humor?

No se puede estar pidiendo perdón después de cada chiste, por si acaso. Ni se puede ni se debe. Hay que ver el humor como lo que es, bromas, ficción, no es real. No se pretende ofender, sino hacer reír, entretener, divertir. Y al mismo tiempo, ser un reflejo de la realidad, bien como crítica social, bien como un simple apoyo, hilo conductor, que te lleva a contar lo que realmente quieres contar. Y por suerte, la oferta televisiva a día de hoy es amplísima. Si alguien no quiere ver la realidad y prefiere sumirse en un mundo ideal y utópico, sólo hay que cambiar de canal.

¿No tenemos bastante con las obligaciones que tenemos que hacer a disgusto como para que en nuestro tiempo libre andemos buscando infelicidad donde no la hay? ¿La gente disfruta de la vida con tanto odio acumulado? Los cómicos curramos para hacer reír, no para hacer odiar. Y con tanta mala baba sólo vais a conseguir que cerremos la boca y ahí os quedáis con vuestra amargura.

Mientras tanto, TVE capeó la crisis por el camino fácil: pidiendo perdón. ¿Para qué complicarse la vida? Hay un espectador ofendido. ¿Por qué? Ni idea, pero ¿qué más da?, se le pide perdón y ya está. Porque el cliente siempre tiene la razón, aunque sea un perfecto gilipollas.

(By Antonio Castejo)

Pues habrá que explicar los chistes

Charlie Hebdo la ha vuelto a liar publicando este chiste:

¿En qué se hubiese convertido el pequeño Aylan si hubiera crecido?

Y se hace viral, pero acompañados de textos de indignación como por ejemplo el del periódico La Vanguardia:

«‘Charlie Hebdo’ se mofa del futuro de Aylan, el niño muerto en la costa turca«.

Y si quien comparte dice «mofa», los borregos que lo leen ven mofa donde no la hay. Me explico:

El pequeño Aylan es el ejemplo, la conexión, el eje central, de una crítica social que la revista francesa quiere denunciar. Por él, medio mundo se sintió consternado, y maldijo la beligerancia humana y el poco valor que la vida parece tener para quien maneja el mundo. Pobre gente, los refugiados, que huyen del horror de la guerra, y los insensibles europeos no les dejan entrar, condenándolos a morir, bien en la guerra, bien en la huida. El pequeño Aylan fue el portador del mensaje de que los refugiados son víctimas, y por él el mundo interpreta que todos son buenos.

Luego llegaron las violaciones masivas de Colonia, y esos mismos refugiados, ahora son todos malos.

Los mismos que antes eran buenos, ahora son malos. Todos. Sin excepción. Que entraron 8.000, y Aylan solo había uno, todos son buenos. Los 8.000. Que había 8.000 y los violadores fueron 100*, todos son malos. Los 8.000.

Y ahí es donde los galos dijeron: ¿y si juntamos las dos historias, mezcladas y bien apretujadas, para hacer ver al populacho que están generalizando demasiado y dejándose llevar por lo que ven en TV? Lo que no supieron ver en la revista es que la gente iba a seguir generalizando y dejándose llevar por lo que aparece en los medios.

Porque, a ver, cualquiera de los detenidos por las agresiones de Colonia que nos repugna tanto, pudo haber muerto hace años en situaciones similares a las del pequeño Aylan, y haber despertando nuestra ternura. Imaginadlo. Un violador dándonos pena. Asqueroso, ¿no?

Lo que en principio era una crítica para invitar a la gente a reflexionar, se ha vuelto (una vez más) en el violento reproche que tan acostumbrados estamos a ver últimamente en las redes sociales. Violencia que creen estar justificada por ser por una causa justa. Como la guerra santa.

Otra cosa es, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, que el chiste no tenga gracia, o sea de mal gusto. Pero muy diferente es acusar de lo que no es, decir «se mofa de» cuando no es así, y criminalizar el humor simplemente por no haber entendido el chiste.

¿Qué debemos hacer los cómicos entonces? ¿No hacer critica social por si un sector de la población no lo pilla y lo malinterpreta? ¿Seguir hablando de las novias, las borracheras y la zapatilla de mi madre? ¿Cortar el ritmo del espectáculo para explicar cada chiste que se cuenta por si hay alguien que no lo pilla?

O simplemente no cometer el mismo error de generalizar, y pasar de imbeciles y borregos, que son solo un sector, y seguir trabajando para ese público que sí piensa, que no manipula ni se deja manipular.

Humor hay de muchos tipos, pero en vez de que cada uno busque el suyo y deje en paz a los demás, se empeña en querer transformar el humor de los demás para que se adecue más al suyo. Eso es como decir que sólo te gusta el fútbol, así que te empeñas en que al baloncesto se juegue con el pie y que pongan las canastas un poco más a ras del suelo y algo más grandes. Y un portero, no estaría de más un portero.

Hay para todos, señor@s. No se alteren.

(By Antonio Castejo)

* He puesto que los violadores fueron 100 a mi antojo. No sé la cifra real, pero es la que me parece más lógica. Se habla de 1000, pero sólo hay 19 detenidos, y unas 500 denuncias, por lo que el millar me parece más una cifra destinada a llamar la atención que a ser rigurosa. Por otro lado, violaciones propiamente dichas hubo dos, el resto fueron tocamientos y robos. No lo estoy justificando, que ya sabemos que luego entendéis lo que os da la gana. Estoy diciendo que 1000 asaltantes para 500 víctimas tocan a dos por personas, y dudo mucho que les tocaran el culo a una entre dos y dijeran «ya hemos cubierto nuestra cuota, ya nos podemos ir a casa». Me parece mucho más lógico que un mismos asaltador toqueteara a más de una chica, por lo que el número de agresores se reduce. 100 me parece más realista, por eso lo he puesto.

El eterno debate sobre los límites del humor

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AnclaDos la ha vuelto a liar. La escena es la siguiente:

El personaje interpretado por Joaquín Reyes quiere la firma de Cristiano Ronaldo, y para conseguirla, utiliza a un niño sano, haciéndolo pasar por enfermo de cáncer, afeitándole la cabeza y todo, faltándole el respeto así, según la masa enfurecida, a los niños enfermos.

Que no todo vale a la hora de hacer humor, dicen. Fíjate tú, que lo que yo pienso es que todo esto ya no tiene nada que ver con el humor. Tiene que ver, sin embargo, con que hay un sector de censores, críticos de salón, que no tienen ni idea, que no terminan de entender, que tergiversan, pero que aún así siempre están dispuestos a alzar las antorchas y salir a cazar brujas.

Oye, que si Guillermo Zapata cuenta un chiste sobre Irene Villa, pues los justicieros se ofenden y piden su cabeza, por faltarle el respeto a la pobre chica, con su desgracia, víctima de ETA. Que luego resulta que dicha chica pasó página hace mucho tiempo, que ya no le ofenden dichos chistes, pero dichos energúmenos (y energúmenas) no lo entienden, y entonces cargan su furia contra dicha chica, ya sin importarle que fuese victima de la dicha ETA.

Ya poco importa que el origen fuesen unos chistes. La cosa se ha ido de las manos. Nos hemos vuelto gilipollas, todo nos ofende, todo nos molesta, e incluso que haya gente a la que no le moleste, eso también molesta. Aquí hay que estar todos molestos, o si no, a la guillotina.

Y si pasa mucho rato sin que nos moleste algo, pues se busca. Se inventa.

Por ejemplo, con un sketch de Facu Díaz donde comparaba a ETA con el PP. No tardó un sector de la población en alzarse en defensa de las víctimas del terrorismo, llegando incluso las propias víctimas, algunos al menos, a sentirse ofendidas, sin sentido. Lo repito: se comparaba a ETA con el PP. Las víctimas no aparecen por ningún lado. Ni se las nombra, ni aparecen de forma implícita, ni nada. Pero había que criminalizar algo, hombre, por Dios, que no nos podíamos quedar sin nuestra ración diaria de mala sangre.

Volviendo al tema de AnclaDos. Como ya expliqué en el artículo perspectiva cómica, para crear un personaje cómico tienes que dotarlos de defectos, y exagerarlos. El personaje de Joaquín Reyes es miserable, y como tal, hará cosas miserables para conseguir sus objetivos. El acto del niño en cuestión es un acto deplorable, propio del personaje. Coherente.

A ver. Ante situaciones de presión, los personajes reaccionan de una forma determinada, siempre coherentes con sus personalidades. Para que una historia tenga interés, tienen que pasar cosas. Y además, cosas inesperadas, que nos sorprendan. Los personajes no van a reaccionar como lo haríamos nosotros. Nunca. Es ficción, son personajes irreales, exagerados, y van a hacer cosas que en ningún caso sería la mejor opción, lo más lógico, sino todo lo contrario, por que si no, no sería una serie, sería un documental.

Yo no veo ahí falta de respeto alguna a los niños con cáncer. De verdad, que alguien me lo explique. ¿Es porque le afeitó la cabeza? No sé, un enfermo de cáncer con media melena no lo veo muy creíble.

Y he aquí la conclusión. Parece ser que lo que quiere la masa es que no se muestre la cruda realidad. Si los niños con cáncer no aparecen en las series, los niños con cáncer no existen y todos somos felices y vivimos en el país de las maravillas.

Los niños con cáncer existen. Es una dolorosa realidad que está ahí, y que no sólo no se puede ocultar, sino que no se debe. Al igual que ocurre con otras lacras, como por ejemplo, el racismo.

En esta misma serie aparece un segurata racista. Odia a los gitanos. Y entre el personal del barco, hay un gitano. ¿Casualidad? No lo creo. Pues el segurata muestra todos los tópicazos racistas que existen contra los gitanos, y ya hay quien se ha quejado porque «fomenta el odio a los gitanos».

-Pero es que el personaje gitano, precisamente, muestra todo lo contrario, que el que está equivocado, el estúpido, es el segurata, fomentando así el odio y la intolerancia hacia el racista…

-Calla, coño. Hay que quejarse de algo, hombre ya. Necesitamos nuestra dosis de mala sangre.

-Ah, ok. Entonces quitamos al personaje, y así ya el racismo no existe. Ni los gitanos, ya puestos. O bien lo que hacemos es meter a un super realista personaje racista que se dedique a hacer lo que hacen los racistas, que es dar besos y abrazos a todo aquel que sea de raza distinta a la suya, y ya de paso, una quimioterapia sin efectos secundarios.

Vamos a repartir dosis de realidad a toda esta gente. Sí tienes cáncer, quedarte calvo es el menor de los problemas. El cáncer mata, por si hay quien no lo sabe todavía. En mi familia ha habido varios casos, y hablo en pasado porque el desenlace siempre ha sido el lógico, el normal, el esperado. No el deseado, obviamente, pero desear algo con todas tus fuerzas y apretando mucho los ojos no hace que suceda. En mi familia ha habido varios casos, como decía, y por el alto carácter genético que posee, yo estoy esperando a que algún día mi doctora me llame a declarar. No voy a mirar para otro lado, no quiero que se evite hablar del tema. Más bien al contrario. Y si es con humor, mejor.

No ver los problemas no va a hacer que desaparezcan. No podemos cerrar los ojos, no podemos mirar para otro lado. He visto dar noticias sobre guerras con imágenes suavizadas para no dañar sensibilidades. Y una polla como una olla. Esas sensibilidades lo que hacen es que mires para otro lado. Para mí, esas sensibilidades no significan que esas cosas te afecten mucho, sino que lo que quieres es no verlas para creer que no existen. Que vas caminando por la calle y una persona con una sola pierna te pide limosna, pues con girar la cabeza a esa persona le crece una pierna por arte de magia.

Por eso pienso que los justicieros que vieron el capitulo de anclados no se quejan para proteger a los niños con cáncer, se quejan para no tener que saber que el cáncer infantil existe.

Al principio del artículo he dicho que todo esto no tiene nada que ver con el humor. En realidad sí lo tiene. Por ejemplo, en la serie cuarta planta, que no es comedia sino drama, también se afeitan a los niños que interpretaban a los enfermos. Incluso en un capítulo, un niño (o niña, ahora no recuerdo) sano se afeita la cabeza por su amigo. Pero como no es comedia, sino drama, pues no ofende. En la película A Quien Ama Gilbert Grape, Leonardo Di Caprio interpreta a un niño con deficiencia. ¿Por qué? Porque eso existe, forma parte de esta puta vida, y como tal se puede utilizar, tanto para realidad, como para ficción. ¿Por qué no ofende? Porque no es una comedia.

Como dijo Raquel Sastre, se le pone al humor unos límites que no tienen el drama o el terror.

(By Antonio Castejo)

Mentira y dolor

La comedia es verdad y dolor, ya lo dije el otro día. Cuanto más dolor, más comedia. Pero hay una línea que no se debe traspasar.

Cuando creamos comedia, creamos una situación que tensa al público, y cuando esa tensión se libera, se produce el milagro de la risa. Pero, claro, esa tensión debe liberarse. Si no se libera, se producirán otras emociones, pero no la risa, que es la que buscamos.

La comedia es verdad y dolor, pero dependiendo de lo que quieras contar, deberá ser mentira y dolor, o no se liberará esa tensión.
Por ejemplo, los videos domésticos. Nos gusta ver a la gente resbalarse, tropezarse, estamparse, y nos reímos cuando eso pasa. Hay dolor de verdad, y nos reímos. Observamos la escena con cierta tensión, tensión que se ve liberada cuando, al hostiarse, tenemos la certeza que como mucho tendrá un chichón.

Ahora imagina que estás viendo un video de esos, y ves que acaba con el protagonista decapitado. Un tío dando saltos en una carpintería, tropieza y cae sobre una sierra en marcha. Ya no hace gracia. Porque es verdad, el pavo se ha matado.

Sin embargo, te puede hacer gracia si sabes que es mentira. Es un humor muy típico de las películas tipo Scary Movie. Un personaje acaba decapitado, y la situación te hace gracia porque sabes que no ha muerto de verdad. Aún así, por si hay alguien especialmente sensible, suele ir seguida de una escena en la que la cabeza sigue hablando, ya separada del cuerpo. Un remate final, por si alguien se lo ha creído.

Que sí, que hay gente a la que le hace gracia ver a gente desmembrarse. De hecho, hay webs con contenido de ese tipo, y gente que los busca. Pero, como también dije el otro día en el post Los Límites del Humor, esa gente sabe a lo que va y lo que quiere ver, no te pilla de sorpresa entre videos de gatitos.

(by Antonio Castejo)