Y lo que surja, con Pedro Llamas y Joseba

El otro día vi por primera vez el show de Pedro Llamas y Joseba Perez, titulado «Y lo que surja». Entre los dos suman más de 30 años de experiencia sobre el escenario y hay que decir que se nota, y bastante. Quien los conozca y haya podido ver sus monólogos por separado, sabrá que tengo razón. Pero es que este espectáculo conjunto es, oh sí, el sumun.

Con alto porcentaje de improvisación, podemos garantizar que puedes asistir cuantas veces quieras, que nunca verás el mismo dos veces. Ambos sobre el escenario al mismo tiempo, empiezan interactuando con el público, y de ahí van sacando el material del que se nutre su comedia. Con la naturalidad de dos amigos hablando, tejen una telaraña de risas imparable para los asistentes. Puedo asegurarlo, yo estaba delante, lo vi con mis propios ojos. Chiste tras chiste, bromean con el público con la información que de éste extraen, sin olvidárseles nada, para volverlo a sacar más adelante si la situación lo requiere, lo que se conoce en comedia como call-back, una de las herramientas más efectivas.

Pero la improvisación no acaba aquí, sino que también aderezan el show con juegos al estilo clásico, es decir, pidiendo a los presentes el material necesario según las reglas del juego que vayan a realizar, y llevándolo luego a término.

Y para terminar, mi talón de Aquiles. Como ya dije en una ocasión, tengo debilidad por la comedia cantada. Juntar música y humor es para mí el mejor broche final, perfecto para un espectáculo que creías que había tocado techo, pero que resulta que no.

En serio os lo digo. Os lo ruego incluso. Si tenéis oportunidad de verlo, no lo dejéis pasar. No os arrepentiréis. Y luego venís aquí, y me lo contáis.

(by Antonio Castejo)

Monologamia Rec

Anoche vi Monologamia Rec, en Amazon Prime Video.

Sí, ya sé que en un artículo anterior dije que la televisión no es el formato adecuado para el stand-up. Sigo pensando lo mismo, pero desde que Comedy Central (la antigua Paramount Comedy) ya no graba nuevos monólogos (y los que hay no los pone en streaming) y el Club de la Comedia también ha “dejado de existir”, la verdad es que lo echaba de menos.

El stand up en España está atravesando una mala época. Y el coronavirus sólo ha sido una puntilla más, porque la cosa venía de antes. Sin monólogos en los bares, ni en televisión, ni en internet, los amantes de este tipo de comedia hemos recibido Monologamia con los brazos abiertos.

Porque Monologamia Rec no es otro programa de monólogos. De hecho, si quieres puedes encontrar varias formas de ver monólogos en tu televisor, móvil o pc. No están ya los que eran los dos máximos exponentes en España, pero Netflix, por ejemplo, tiene una amplia carta, y en youtube sigue habiendo cosas. Con Monologamia es distinto. No es el típico monólogo de actores famosos, no es el típico monólogo grabado en un teatro, no es el típico monólogo en el que parece que hay dos mundos diferentes, intocables el uno del otro. No. En Monologamia han conseguido hacer que parezca que estás en el local, allí, con ellos. Humor de cercanía. Han conseguido acercarse al monólogo de bar, a pesar de estar en el salón de tu casa.

Con sus cosas buenas y malas, claro. Todo tiene su encanto. No es la grabación perfecta con iluminación maravillosa, risas enlatadas para cuando hacen falta, y grabado varias veces para elegir luego la toma que mejor ha quedado. Aquí, el cómico interactúa con el público, algunos chistes no entran bien, el sonido a veces no es todo lo bueno que se puede desear, vamos, el día a día de un cómico de bar.

Se me saltaron las lágrimas de la emoción. A parte de las risas.

¿Y si nos ponemos a analizar los monólogos? Bueno, hay para todos los gustos. Los dos programas disponibles hasta el momento constan cada uno de seis cómicos, por lo que cada espectador tendrá sus preferencias. Pero una nota es común a todos: ha evolucionado a un humor más social, comprometido.

Lejos han quedado ya los orígenes de este formato en el que todos los cómicos hablaban de cosas tan cotidianas, que todos hablaban de lo mismo. Con el tiempo, los cómicos evitaban repetir temas, pero sin salirse de lo cotidiano. Ahora estamos en la siguiente fase, en la que al texto humorístico no le falta su cuota de crítica social, su moraleja, su enseñanza, en definitiva, un valor añadido que el público, cada vez más exigente venía pidiendo desde hace tiempo.

Desde luego, espero ansioso más entregas. Larga vida a Monologamia Rec.

By (Antonio Castejo)

¿Humor inteligente?

Entre mi rutina habitual suelo meter chistes nuevos, camuflados, para ir probándolos a ver que tal funcionan. No hace mucho probé un chiste sobre un estudio científico reciente, tras el cual se oyen las carcajadas de una sola persona de entre todos los asistentes.

Al acabar el espectáculo, dicha persona se me acercó y me dijo, que tuvo que explicárselo a sus acompañantes porque nadie más lo había pillado.

Que luego el chiste no tiene por qué ser bueno, puede ser más malo que el vino de un restaurante chino, no digo que no, pero para poder valorarlo, primero hay que entenderlo.
Lo probé un par de veces más con idéntico resultado, y finalmente lo deseché.

También me pasó una vez, actuando en un pueblo de interior de una provincia del norte, que toda la gente que había ido a mi show me miraba con cara de póquer, ni un aplauso, ni una carcajada, ni una leve sonrisa, nadie, además, ni interrumpiendo ni nada, yo no sabia si habían dejado de respirar o qué, que parecía que estaba actuando en el museo de cera. Suelo aprovechar los aplausos para beber agua, para no frenar el ritmo, pero como ahí no aplaudía ni dios, decidí saltarme la regla para hidratarme puesto que tenía la boca mas seca que el coño de la madre superiora. Acabé el chiste y bebí agua. Ante esa pausa mas larga de lo normal, cual no sería mi sorpresa cuando a medio trago empieza todo el mundo a reírse. Todos. ¿Qué ha pasado? Comprobé la bragueta por si acaso. Todo ok. ¿Entonces? A ver si es que son un poco lentos…

En efecto. Decidí hacer la prueba, y a partir de ahí, donde yo sabía que tocaba reírse, hacía las pausas más largas, dándoles tiempo. Todo un éxito. Lástima no haberme dado cuenta antes, porque ya casi había terminado.

Cuando definitivamente acabé, me meto en la oficina (almacén) con el dueño, que aparte de pagarme, me regaló una camiseta promocional del local y, sin preguntarle yo nada, me dijo: «no te preocupes, llevo tres años haciendo monólogos y a todos los cómicos que vienen les pasa lo mismo. El último que vino, un tal Vaquero (hace tiempo de esto, ¿eh?) se comió una mierda también». ¿No ha funcionado ninguno?, quise saber. Solo Juanjo Albiñana, me contestó (Juanjo, si estas leyendo esto, yo no sabría cómo tomármelo).

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que hay algunos cómicos que no dan su brazo a torcer en cuanto a lo de que el público es soberano, que si pinchamos la culpa es 100% nuestra y nunca en ningún caso y bajo ningún concepto el público tiene algo que ver, bla bla bla. Gilipolleces. Eso lo dirán para hacerse el guay y/o sentirse superiores. Que me disculpe si algún compañero se da por aludido, no es mi intención ofender, pero si eso fuese verdad, no habría, por ejemplo, hecklers. Los hecklers también son público.

El público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que no ha terminado la ESO… Perdón. Reformulo la frase teniendo en cuenta cómo está la educación en este momento en este país: el público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que ha terminado la ESO sin haber hecho ningún mérito para conseguirlo, a juzgar mi trabajo, porque no.

El público confunde normalmente la objetividad y la subjetividad. Si a mí no me gusta, es malo, y si me gusta, es la polla. Clases de humor hay muchas, y a cada uno le gusta la suya, y eso no quiere decir que el resto sea basura.

Y pasa con todo. El mejor futbolista del mundo siempre es el que juega en tu equipo, el resto son unos mantas. El músico que merece todos los premios siempre es tu favorito, y los demás no tienen ni idea. Y así con todo. Mientras no seas capaz de decir «aunque a mí no me gusta este cómico, reconozco que es bueno» tu opinión no me merece ningún respeto.

No quiero decir que desprecie al público. Todo lo contrario. El público es sabio, soberano y respetable, para ellos hacemos lo que hacemos, no hacemos lo que nos gusta a nosotros sino lo que les gusta a ellos, probamos nuestros chistes para ver si son de su agrado, oh majestad, y así tener un espectáculo por y para ellos, y con ello reconozco que cuando pinchamos, la mayoría de las veces es culpa nuestra. Sólo digo que no siempre, o no toda la culpa es nuestra, porque hay algunos casos que… tela.

En esto del humor inteligente me gusta poner como ejemplo a Ignatius Farray. Para mí, es el cómico español actual que mas referencias culturales introduce en su espectáculo. Siempre que veo algún espectáculo nuevo suyo hay algún momento en el que pienso, hostia, eso que acaba de decir, sé que hay chicha, lo noto, pero no lo he pillado. No lo he entendido. No estoy a la altura como público (que sí, que luego se tira 20 minutos haciendo el grito sordo, pero fíjate tú, y esto es una suposición mía, opinión personal, que con el grito sordo realmente se está riendo de nosotros por ser tan simples).

También es verdad que humor inteligente no significa hablar forzosamente, por ejemplo, de ciencia. Una cosa es conocer determinados parámetros culturales, y otra distinta que no puedas pensar un poco, gandul. Puedes hablar de temas cotidianos, dándole un poco la vuelta para que te comas el coco. Humor inteligente no significa que tengas que tener un coeficiente de 150 para entenderlo, pero desde luego no es decir todo el rato «si no es por no ir…»

Y ahora es cuando viene la moraleja de esta historia: es decisión de cada cómico elegir entre hacer humor inteligente de verdad, en el que seas el no va más entre eruditos, pero te comas mojones como casas en según que sitios, o hacer un humor mas simplón, donde llegarás a todo el mundo, a listos y a tontos, pero donde un sector se cansará de ti por hacer siempre lo mismo, por no profundizar.

Eso ya, cada uno.

Ojo, no he dicho que por hacer humor no inteligente significa que seas tonto. Una cosa es tú, y otra lo que hagas y a quien vaya dirigido. Los programas infantiles no los hacen niños.

(By Antonio Castejo)