Cómo elegir el precio de la entrada de tu show

Muchos somos los cómicos que hoy día autoproducimos nuestros espectáculos. O programamos salas. O simplemente nos contrata alguien y nos pide consejo sobre el precio de la entrada porque no tiene experiencia previa y no sabe qué hacer.

Ponerle precio a tu show es un detalle a mimar con cuidado. Hay que buscar un equilibrio entre tus pretensiones económicas y lo que el público está dispuesto a pagar por verte, y a veces cuesta encontrar el punto óptimo. Si cobras demasiado caro, es posible que la gente prefiera no rascarse el bolsillo, pero si es demasiado barato no llegarás ni a cubrir gastos. Máxime que cuando el precio del espectáculo es irrisorio mucha gente pensará que si cobra tan barato es porque no merece la pena.

1.- Lo primero es calcular el precio de coste. Esto es, dependiendo de la capacidad de la sala donde se llevará a cabo el evento, dividir la cantidad total de dinero que te vas a gastar en toda la elaboración, entre el número de butacas. Por ejemplo, si tu caché o el del artista contratado es de 300€, el alquiler de la sala y/o equipos de sonido asciende a 500€, y en publicidad gastas 200€, pues necesitarás 1.000€ para recuperar la inversión. Si la sala tiene una capacidad para 200 personas, 1000/200= 5€. Ese será el precio mínimo por cobrar.

2.- Lo siguiente es averiguar cuánto está la gente dispuesta a pagar por ver el show. Independientemente de la capacidad de la sala, el público tiene más o menos claro cuánto cuestan para ellos estas cosas, y si verán recompensada la inversión. Obvia decir que esta percepción es subjetiva, que cada uno pone el listón donde quiere, y que no existe una fórmula mágica para averiguarlo. Debes tirar de tu experiencia previa, de la asistencia a tus bolos anteriores, viendo los precios de espectáculos similares al tuyo, y hacer una media. Además, en muchos sitios se ofrece un valor añadido al espectáculo como son primera copa gratis, o cena espectáculo. Eso se suma a lo conocido o no que sea el artista, por lo que la gente calculará más o menos cuanto cree que vale la pena pagar por asistir. Siguiendo con el ejemplo anterior, imagina que, teniendo en cuenta todas estas variables, llegas a la conclusión que la gente está dispuesta a pagar 12€ por oírte hablar.

3.- Y para terminar, lanzas la oferta. Si pones de precio la media de lo que la gente esté dispuesto a pagar por ti, obtendrás una asistencia media a tu evento. Para maximizar la asistencia, necesitas rebajar el precio del punto dos, con el fin de que el público tenga la percepción de que está comprando algo a muy buen precio, y los dudosos definitivamente decidan asistir. El precio deberá estar entre el valor de coste (en el ejemplo 5€) y el valor que le da el público (en este caso 12€). Que esté más cerca de uno que de otro ya depende de lo que te guste el riesgo.

Yo particularmente me inclinaría (sin acercarme demasiado) al precio del punto dos, porque todo lo que esté por debajo del valor del público ya inclina la decisión del público a favor, pero es que además podrías sacarle unos eurillos más para algún gasto imprevisto que no hayas tenido en cuenta. En el ejemplo, 10€ sería, repito que en mi opinión personal, el precio óptimo.

Pero ¿cómo hacer para que aumente el valor que el público le da a un espectáculo? Te lo contaré en el siguiente post.

(By Antonio Castejo)

¿Cómo caer bien al público? [Como caía Robin Williams]

Sé tu mismo, dicen. No finjas ser quien no eres, dicen. Pero todos saben que eso no es cierto. «A mí me gusta la gente auténtica», dicen muchos, pero lo que no añaden es que quieren que esa gente auténtica debe pensar, hablar, actuar y vestir como ellos. Una máscara, eso es lo que hace falta para caer bien.

Que sí, que estamos de acuerdo en que no hay que ir fingiendo por la vida ser quien no eres, pero eso es para vivir tu vida tranquilamente, sin preocuparte de los demás, a quien no le guste que no mire, y quien me quiera tendrá que hacerlo por como soy. Pero si lo que quieres es caerle bien a una persona concreta, por que te va la vida en ello, tendrás que saber qué le gusta y qué no, y si no coincide con cómo eres realmente, tendrás que mentir.

Pero, ¿y si no sólo quisieses caerle bien a una persona concreta, sino a un amplio número de personas?

Quienes nos dedicamos al mundo del espectáculo debemos enfrentarnos continuamente a gente que no nos conoce. Gente que no sabe, ni cómo somos, ni lo que nos gusta o lo que no, ni nuestros problemas, ni nada de nada. Sin embargo, la mayoría de esas personas emiten un juicio de valor basándose en lo que han visto sobre el escenario, o en el cine, o en la tele. Es decir, no te conocen a ti, pero sí al personaje que interpretas.

Le caerás bien si tu personaje cae bien, y mal si tu personaje cae mal.

Que sí, que el público es muy inteligente y sabe que es un personaje y que la vida real no tiene nada que ver, bla, bla, bla. Ya. A todos nosotros, público inteligente, nos cae bien Jim Parsons porque nos cae bien Sheldon Cooper, sin pararnos a pensar que lo mismo es un gilipollas. Sin contar el revuelo formado por público «inteligente» cuando confesó que es gay.

Somos público inteligente, sí, pero como nos faltan datos, nos aferramos a lo que tenemos, y lo que tenemos son personajes ficticios, actuaciones, pero es lo que hay, y de ahí tenemos que sacar nuestras opiniones.

-Qué va. También hacen entrevistas donde se muestran como realmente son.

Ja. ¿De verdad piensas que, saliendo esa entrevista en un medio de comunicación de masas, el artista en cuestión se va a mostrar tal cual es? ¿O va intentar quedar lo mejor posible, ocultar esa información que no quiere que se sepa?

«Ese tío era un puto alcohólico y un drogadicto de mierda, se merece todo lo malo que le pase», pensamos si nos enteramos que una persona a la que no conocemos de nada, que le daba a la bebida y las drogas, se suicida. Los alcohólicos y los drogadictos nos caen mal. Pero Robin Williams ni era alcohólico ni era drogadicto. Robín Williams «tenía problemas». Porque Robin Williams nos caía bien. ¿O quien en realidad nos caía bien eran Peter Pan, la señora Doubtfire, Patch Adams…? ¿Si no hubiésemos visto ninguna película de Robin Williams pensaríamos que es un puto alcohólico y un drogadicto de mierda y se merece todo lo malo que le pase?

Los actores siempre están interpretando. Ese es su trabajo. Meterse dentro en personajes ficticios que puede que no tengan absolutamente nada que ver con la persona que los interpreta. Los actores siempre están «mintiendo». Los actores siempre llevan una máscara. Robin Williams supo ganarse el cariño del público porque siempre interpretó personajes que despertaban esos sentimientos. Hay otros actores cómicos, pero no caían tan bien como Robin Williams. Hay cómicos que interpretan personajes canallas, y la gente piensa que son unos cabrones. Hay cómicos que interpretan personajes cerdos, y la gente piensa que son unos guarros. Robin Williams interpretaba personajes simpáticos. Comedias simpáticas, con sentimiento. Que te hacían reír, pero que también te ponían tierno. Y por eso todo el mundo querría abrazar a Robín Williams. Luego te echaría para atrás la peste a whisky y la mandíbula desencajada, pero el primer impulso es de achucharlo.

Existe el caso contrario, artistas sobre los que la gente se ha hecho una idea negativa de su persona, por sus personajes, y luego son encantadores. Conozco casos personalmente.

Resumiendo. ¿Cómo caer bien al público? Crea o elige personajes que caigan bien. Si lo que quieres es caer mal, más de lo mismo. Caerás como caigan tus personajes. Sólo tienes que elegir lo que quieres.

(by Antonio Castejo)