Y lo que surja, con Pedro Llamas y Joseba

El otro día vi por primera vez el show de Pedro Llamas y Joseba Perez, titulado «Y lo que surja». Entre los dos suman más de 30 años de experiencia sobre el escenario y hay que decir que se nota, y bastante. Quien los conozca y haya podido ver sus monólogos por separado, sabrá que tengo razón. Pero es que este espectáculo conjunto es, oh sí, el sumun.

Con alto porcentaje de improvisación, podemos garantizar que puedes asistir cuantas veces quieras, que nunca verás el mismo dos veces. Ambos sobre el escenario al mismo tiempo, empiezan interactuando con el público, y de ahí van sacando el material del que se nutre su comedia. Con la naturalidad de dos amigos hablando, tejen una telaraña de risas imparable para los asistentes. Puedo asegurarlo, yo estaba delante, lo vi con mis propios ojos. Chiste tras chiste, bromean con el público con la información que de éste extraen, sin olvidárseles nada, para volverlo a sacar más adelante si la situación lo requiere, lo que se conoce en comedia como call-back, una de las herramientas más efectivas.

Pero la improvisación no acaba aquí, sino que también aderezan el show con juegos al estilo clásico, es decir, pidiendo a los presentes el material necesario según las reglas del juego que vayan a realizar, y llevándolo luego a término.

Y para terminar, mi talón de Aquiles. Como ya dije en una ocasión, tengo debilidad por la comedia cantada. Juntar música y humor es para mí el mejor broche final, perfecto para un espectáculo que creías que había tocado techo, pero que resulta que no.

En serio os lo digo. Os lo ruego incluso. Si tenéis oportunidad de verlo, no lo dejéis pasar. No os arrepentiréis. Y luego venís aquí, y me lo contáis.

(by Antonio Castejo)

Murcia como chiste per se

Hay gente que cree tener sentido del humor porque cuenta chistes. No, amigo, el sentido del humor lo marca tu reacción cuando el objeto de la broma eres tú. Si gastas bromas, pero te enfadas cuando te las gastan a ti, entonces NO TIENES sentido del humor. Te pongas como te pongas. Ya lo dije en un artículo previo.

Como dijo Pedro Vera (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1967. Revista EL JUEVES, Ortega y Pacheco, Ranciofacts): «la prueba de que los murcianos tenemos sentido del humor es que seguís vivos».

Vamos a reirnos de Murcia, ¿por qué no? Tenemos nuestro peculiar acento (dejémoslo en peculiar, ¿vale?), y de ahí deriva el cliché de que somos paletos y que no sabemos hablar. Ok, no pasa nada. Cada comunidad tiene su propio cliché, como que los andaluces son vagos, los catalanes tacaños o los madrileños chulos, se confunde la parte por el todo y ya tienes un hilo del que tirar. Se han hecho chistes sobre ellos desde que el primer átomo de carbono se combinó con otro de hidrógeno comenzando el proceso que da origen a la vida en nuestro planeta, pero de Murcia no se hacían, Murcia era la gran olvidad, Murcia no existía. Ahora sí, gracias a los chistes, la gente puede localizar Murcia en el mapa como en su día ocurrió con Lepe.

Venga, sí, hablamos mal y somos unos paletos. Vamos a explotar el tema y tenemos para sacar horas y horas de chistes, risas y diversión aseguradas, y los de Lepe que agradecen dejar de ser el centro de atención. Oye, que yo mismo lo hago, me río de mí mismo y mis congéneres, y no pasa nada. Es una broma, y tenemos sentido del humor.

Lo que no entiendo es que se haya llegado a un punto en el que no hay chiste, simplemente se dice la palabra Murcia (murcianos, o cualquier otra derivación) y que el imaginario haga el resto. Eso ya es un chiste por sí mismo. Oye, que no se me ocurre como rematar esto, que mi cerebro limitado no es capaz de llegar a un remate en condiciones, ah, ya sé, meto la palabra Murcia y listo, jia jia jia, qué gracioso soy.

O sea, eres un paleto, haciendo un chiste con remate de paleto, en el que te ríes de otros paletos, ya que tú te crees menos paleto porque pronuncias las eses.

Eh, cómico paleto. No te ofendas, este artículo es una broma, no me río de ti sino contigo, igual que haces tú con tus chistes de paleto.

(By Antonio Castejo)

El abuelo que saltó por la ventana y se largó

La comedia empieza en la residencia de ancianos el día en el que nuestro protagonista cumple los cien años, y decide que no es así como quiere acabar su vida, él, que tanto ha vivido. Así que decide escaparse antes de que le hagan soplar las velas.

Y sin ningún tipo de plan salvo dejarse llevar por la improvisación, acaba robando una maleta llena de dinero a una organización criminal. Y ahí empiezan a sucederse diferentes situaciones a cual más surrealista, entre la policía, los gansters, y los amigos que este venerable anciano va haciendo por el camino.

Además, el autor nos va intercalando episodios de la apasionada vida que ha llevado nuestro abuelete, aprovechando para contarnos su visión de la humanidad en éste último siglo, haciéndole participar en varios eventos decisivos de nuestra historia a nivel mundial. Sin abandonar el tono irónico, reescribe los hechos haciéndonos creer que las cosas hubiesen sido muy diferentes si no llega a estar nuestro amigo presente para interferir.

En resumen, este libro se hace más entretenido conforme te vas adentrando en las dos novelas entrelazadas, tanto por las situaciones en sí como por cómo reaccionan a ellas sus esperpénticos personajes.

Años después, el autor escribió una segunda parte, pero eso ya es otro post…

By (Antonio Castejo)

Ideas para hacer monólogos en la nueva normalidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado una serie de recomendaciones a la hora de realizar espectáculos masivos de ocio. Desde limitar aforo, delimitaciones de espacio para garantizar la distancia de seguridad, realizarlos al aire libre o en streaming, dispensarios de gel hidroalcóholico o similar por todos lados, evaluar el estado de salud de los asistentes (tomándoles la temperatura, por ejemplo), hasta recomendar a los posibles asistentes a no acudir si se encuentra entre la población de riesgo, o tiene algún síntoma, o ha tenido contacto con alguien en esa situación.

El caso es que el sector lo está acusando económicamente. Locales cerrados o sin clientes, artistas sin trabajo, técnicos o personal de sala en el paro… Se buscan soluciones para seguir trabajando. Con todas las garantías de seguridad, pero seguir trabajando.

La tienda online de instrumentos musicales más famosa del mundo, Thomann, compartió en su blog 6 ideas para hacer conciertos en la nueva normalidad. Vamos a analizar si esas ideas servirían también para espectáculos de comedia:

1.- STREAMING. Ofrecer contenido para verlo en la pantalla de tu móvil u ordenador se ha vuelto normal desde el confinamiento. Instragram ha sido la plataforma reina. Sin embargo el contenido se ofrece por amor al arte, y no se generan beneficios, tan necesarios para garantizar la subsistencia de las personas. Por ello, acaba de subir como la espuma PATREON, una plataforma de micromecenazgo donde los artistas, a cambio de cierta cantidad de «money money», ofrecen contenido exclusivo para sus patronos. No se vive igual que en un directo propiamente dicho, pero es una posible solución. Y ya hay algunas promotoras dispuestas a grabar en salas para emitirlo en streaming, y así acercar la experiencia lo máximo posible a la realidad.

2.- AUTOCINES. Se están volviendo a poner de moda. ¿Qué mejor manera de mantener la distancia de seguridad que desde dentro de tu propio coche? Claro, necesitas un gran espacio al aire libre porque, todo hay que decirlo, el coche ocupa lo suyo. Ya hay algunos ayuntamientos facilitando estos espacios para poder seguir ofreciendo cultura a la población. Un escenario en vez de una pantalla de cine, y a disfrutar.

3.- GIRAS ACÚSTICAS. Bueno, esta medida está enfocada a los conciertos, donde se necesita gran cantidad de instrumentos y personal. Hacer un concierto en acústico ayuda a abaratar costes y así compensar la pérdida de recaudación. Pero, claro, en un formato como el stand-up hay poco donde recortar en ese sentido. Un monólogo ya es minimalista de por sí.

4.- AL AIRE LIBRE. Sacar el espectáculo a la calle, donde hay menos riesgo de contagio, y mayor espacio para garantizar la distancia de seguridad, es, al igual que el autocine, la opción que más gusta a público, promotores y artistas. Eso sí, hay que delimitar espacios, asignar los WC, y poner todas las medidas necesarias para garantizar el distanciamiento social.

5.- SENTADOS. En un concierto es difícil sentarse, porque apetece moverse o bailar. Pero para un espectáculo teatral es relativamente fácil separar los asientos (y hacerlos inamovibles), o inutilizar algunos para separar al público. Grandes auditorios al aire libre ya están acogiendo obras con limitación de aforo.

6.- NUEVAS TECNOLOGÍAS (pero nuevas nuevas). Ya hay empresas desarrollando túneles de desinfección y otras ideas para garantizar un entorno seguro. Aunque aún es muy pronto para saber su eficacia y su viabilidad económica, los primeros datos no parecen muy alentadores. Habrá que darles un poco más de tiempo.

(By Antonio Castejo)

Monologamia Rec

Anoche vi Monologamia Rec, en Amazon Prime Video.

Sí, ya sé que en un artículo anterior dije que la televisión no es el formato adecuado para el stand-up. Sigo pensando lo mismo, pero desde que Comedy Central (la antigua Paramount Comedy) ya no graba nuevos monólogos (y los que hay no los pone en streaming) y el Club de la Comedia también ha “dejado de existir”, la verdad es que lo echaba de menos.

El stand up en España está atravesando una mala época. Y el coronavirus sólo ha sido una puntilla más, porque la cosa venía de antes. Sin monólogos en los bares, ni en televisión, ni en internet, los amantes de este tipo de comedia hemos recibido Monologamia con los brazos abiertos.

Porque Monologamia Rec no es otro programa de monólogos. De hecho, si quieres puedes encontrar varias formas de ver monólogos en tu televisor, móvil o pc. No están ya los que eran los dos máximos exponentes en España, pero Netflix, por ejemplo, tiene una amplia carta, y en youtube sigue habiendo cosas. Con Monologamia es distinto. No es el típico monólogo de actores famosos, no es el típico monólogo grabado en un teatro, no es el típico monólogo en el que parece que hay dos mundos diferentes, intocables el uno del otro. No. En Monologamia han conseguido hacer que parezca que estás en el local, allí, con ellos. Humor de cercanía. Han conseguido acercarse al monólogo de bar, a pesar de estar en el salón de tu casa.

Con sus cosas buenas y malas, claro. Todo tiene su encanto. No es la grabación perfecta con iluminación maravillosa, risas enlatadas para cuando hacen falta, y grabado varias veces para elegir luego la toma que mejor ha quedado. Aquí, el cómico interactúa con el público, algunos chistes no entran bien, el sonido a veces no es todo lo bueno que se puede desear, vamos, el día a día de un cómico de bar.

Se me saltaron las lágrimas de la emoción. A parte de las risas.

¿Y si nos ponemos a analizar los monólogos? Bueno, hay para todos los gustos. Los dos programas disponibles hasta el momento constan cada uno de seis cómicos, por lo que cada espectador tendrá sus preferencias. Pero una nota es común a todos: ha evolucionado a un humor más social, comprometido.

Lejos han quedado ya los orígenes de este formato en el que todos los cómicos hablaban de cosas tan cotidianas, que todos hablaban de lo mismo. Con el tiempo, los cómicos evitaban repetir temas, pero sin salirse de lo cotidiano. Ahora estamos en la siguiente fase, en la que al texto humorístico no le falta su cuota de crítica social, su moraleja, su enseñanza, en definitiva, un valor añadido que el público, cada vez más exigente venía pidiendo desde hace tiempo.

Desde luego, espero ansioso más entregas. Larga vida a Monologamia Rec.

By (Antonio Castejo)

El Sketch de José Mota

Nos la cogemos con papel de fumar, y sólo con leer eso ya habrá algún fabricante que se habrá ofendido.

Lo de José Mota ya es la gota que colma el vaso. Para quien no lo sepa, el sketch arriba mencionado trata de un médico que le dice a un paciente que le queda poco de vida. A lo largo de mi vida he escuchado miles de chistes populares con ese tema, he escuchando a monologuistas hacer chistes sobre eso, lo he visto en series y películas, y nunca han molestado. ¿Por qué, entonces, molesta hoy? ¿Y por qué molesta ese sketch en concreto, el cual he visto, y no tiene nada de ofensivo?

Pues porque está de moda ofenderse. Hay que sentirse indignado por todo, y si algo no te ofende pero ves que se ofende el de al lado, pues te ofendes también, que no vas a ser menos. Y ya de paso, pedimos la cabeza de alguien, que un acto tan deleznable como hacer un comentario desafortunado no puede quedar sin un castigo ejemplar.

Se ha debatido sobre los límites del humor hasta la saciedad, sin llegar a un resultado concluyente simplemente porque es algo muy subjetivo, y cada cual se pone sus propios limites. Pero es que el asunto ya no va de eso. Los límites del humor hace tiempo que quedaron atrás, porque hemos llegado a un punto de infelicidad y ofensa total, que no se puede abrir la boca para estornudar sin que se ofenda algún participante del mundial de lanzamiento de escupitajo.

Y no se ofende el objeto de la broma, no. Se ofenden los justicieros morales que miran por encima del hombro al resto de la humanidad, señalando con su dedo censor a todo aquel que exprese su opinión, sea cual sea, mientras defienden la libertad de expresión.

Como por ejemplo, Irene Villa. Ha sido víctima de chistes de humor negro desde que sufrió el atentado. Y según sus propias palabras, ella misma se ríe con esos chistes, e incluso tiene sus favoritos. Pero si ella no se ofende, no pasa nada. Hay todo un equipo de ofendidos profesionales, afilando hachas y listos para el ataque.

Hay para todos. Hace poco, Javier Cárdenas. Al margen de que te caiga bien o mal, al margen de que estés de acuerdo con él o no, tiene derecho a decir lo que le de la gana cuando le de la gana, como cualquier otro u otra habitante o habitanta de un país libre y libra. Lleva haciéndolo más de veinte años y hasta ahora nadie se había quejado. Pero ahora, tras veinte años, la caga un día, hace un comentario que no gusta, y surgen hordas pidiendo que lo metan en la cámara de gas. Estás veinte años haciendo radio y televisión, hablando mucho, que para eso es para lo que te pagan ¿y de verdad pensáis que hay que ser perfecto siempre? ¿Veinte años hablando sin parar y no puedes equivocarte ni una sola vez? Y luego a Jiménez Losantos se le da cancha ancha.

O a Toni Moog, con un tweet el uno de enero sobre el primer catalán del año, un bebé cuyos padres eran sudamericanos. Un grupo de ofendidos, incapaces de ver la broma y ya está, le acusaron de racista e intentaron movilizar las redes para boicotear sus espectáculos. Muy normal todo.

El humor ofende. Siempre. El humor blanco total no existe. El humor es verdad y dolor y, sólo por definición, le va a tocar los huevos (u ovarios) a alguien. La única manera de no ofender absolutamente a nadie, es no haciendo nada. ¿Es eso lo que pretende esta gente? ¿Erradicar el humor?

No se puede estar pidiendo perdón después de cada chiste, por si acaso. Ni se puede ni se debe. Hay que ver el humor como lo que es, bromas, ficción, no es real. No se pretende ofender, sino hacer reír, entretener, divertir. Y al mismo tiempo, ser un reflejo de la realidad, bien como crítica social, bien como un simple apoyo, hilo conductor, que te lleva a contar lo que realmente quieres contar. Y por suerte, la oferta televisiva a día de hoy es amplísima. Si alguien no quiere ver la realidad y prefiere sumirse en un mundo ideal y utópico, sólo hay que cambiar de canal.

¿No tenemos bastante con las obligaciones que tenemos que hacer a disgusto como para que en nuestro tiempo libre andemos buscando infelicidad donde no la hay? ¿La gente disfruta de la vida con tanto odio acumulado? Los cómicos curramos para hacer reír, no para hacer odiar. Y con tanta mala baba sólo vais a conseguir que cerremos la boca y ahí os quedáis con vuestra amargura.

Mientras tanto, TVE capeó la crisis por el camino fácil: pidiendo perdón. ¿Para qué complicarse la vida? Hay un espectador ofendido. ¿Por qué? Ni idea, pero ¿qué más da?, se le pide perdón y ya está. Porque el cliente siempre tiene la razón, aunque sea un perfecto gilipollas.

(By Antonio Castejo)

Buscando el Norte

La idea de 8 apellidos vascos no es ni mucho menos original. El pez fuera del agua es uno de los recursos de guión más utilizados. Tanto dan las diferencias entre andaluces y vascos como entre españoles y alemanes.

Podemos decir que se aprovecha el tirón para hacer caja, que es una vuelta de tuerca más a lo mismo, que ambas producciones utilizan topicazos, en definitiva, compararlas, pero la verdad es que siempre se han hecho películas de este tipo, y siempre se seguirán haciendo. Se puede comparar la serie tanto con 8 apellidos vascos como con «Vente a Alemania, Pepe» que se estrenó en 1971.

Así que, dejando comparaciones a parte, a la serie le pasa lo que a todas las series españolas: capítulos semanales muy largos. Un ritmo frenético de risas es imposible con tanta duración y con tan poco tiempo para hacerlos. Hay que frenar el ritmo para alargar el capítulo.

De todas formas, era el primer capítulo, y está destinado al detonante y presentación de personajes. Aún no los conocemos en profundidad, solo sabemos de ellos algunos detalles que han tenido tiempo de mostrar, y aun no podemos amarlos (u odiarlos), pero en cuanto lo hagamos tras ver algunos capítulos más, los conflictos que se planteen nos llegaran mejor.

Por ejemplo, si en el primer capítulo a alguien que pretende un puesto de enfermero titulado se ve obligado a ser auxiliar por no saber alemán, nos importa más bien poco, pero cuando le cojas cariño después de varios capítulos, te afectara incluso que pierda un autobús.

Y por como se intuyen que van a ser los personajes, la serie tiene posibilidades. Otra cosa es que consigan arrancar el motor, pero el depósito está lleno de combustible.

Lo que pasa es que nos hemos vuelto demasiado exigentes e impacientes. Lo queremos todo, y lo queremos ya. Somos incapaces de dar segundas oportunidades. Si la serie no nos engancha desde el principio, dejamos de verla, y nos apresuramos a despedazarla en redes sociales.

Estoy generalizando, por supuesto. No todo el mundo es así. Pero son los que se hacen notar.

El general, ha estado un poco flojo. Ha tenido varios puntazos muy buenos, un buen montón de pasables, y demasiado rato en blanco.

Que ese espacio en blanco no lo era en realidad, sino que estaba dando información relevante para el futuro, pero si el público no se ríe, cambia de canal. O se acuesta, que mira que hora se ha hecho.

Me puedo equivocar, pero creo que la serie promete.

Y una cosa es segura: antena 3 está apostando por una nueva forma de hacer series cómicas, más profesionales, alejándose de las comedias de gritos tan habituales en Telecinco. Solo por eso deberíamos ser mas tolerantes e intentar ver las series para disfrutarlas, no para criticarlas.

(By Antonio Castejo)

Zomedy Night

Un programa de monólogos al estilo clásico, como el club de la comedia, sopa de gansos, y otros tantos que se han hecho en otras cadenas minoritarias, que son varios monologuistas y un presentador con una breve introducción entre uno y otro. La diferencia, que los cómicos son zombis. Y el público también. Un monólogo de zombis para zombis.

Contando los problemas que afectan a los zombis, desde su punto de vista, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

-Pues tampoco es para tanto -dirán algunos.

Sí, sí que lo es.

Lo es porque estamos acostumbrados al stand-up purista, es decir, el cómico es él mismo, cuenta las cosas desde su punto de vista, y no puede contar más que con su cuerpo para expresarse, sin instrumentos ni nada de apoyo. Sólo ante el peligro.

Aquí se introduce la variante de contar un monólogo metido dentro de un personaje. Aquí es un zombi, pero tambien podría ser, por ejemplo, un personaje histórico. Imagina un monólogo de Isaac Newton, contando lo de la manzana.

Me refiero a que, a cualquiera de los cuatro actores que participan en este programa, Goyo Jiménez, Agustín Jiménez, Yolanda Ramos o Berto Romero, los hemos visto interpretando sus monólogos, de ellos mismos, los suyos propios. Por ejemplo, Goyo Jiménez tiene sus monólogos, y a parte, hay un zombi que hace monólogos, interpretado por Goyo Jiménez.

Desde luego, no es nada que no se haya hecho antes ya. En otros países, e incluso aquí mismo. Por ejemplo, hace poco, Juan Solo en Sopa de Gansos. Pero es muy minoritario, a día de hoy predomina ampliamente el purista. Y me gustaría que eso empezara a cambiar, porque se abre todo un mundo de posibilidades para no acabar hablando siempre de lo mismo.

El programa está muy bien. Gracioso, como debe ser. Supongo que se deberá a que todos son cómicos profesionales, sin incluir famosetes sin experiencia ni gracia, como El Club de la Comedia hace a veces.

El espacio incluye también pequeñas secciones, como sketches, entrevistas, y rankings sobre la serie The Walking Dead.

Lo de The Walking Dead no es porque sea la serie de zombis de más éxito del momento, ni porque el programa se emita en FOX, como la serie. No es el programa el que utiliza la serie, sino la serie la que utiliza el programa: Zomedy Night está destinado a abrir boca para la nueva temporada de que empezará a emitirse el próximo día 15.

O sea, que si alguien esperaba ver un nuevo programa de monólogos todas las semanas, va listo. Solo se han grabado dos capítulos de 23 minutos, que se emiten el mismo día y a la misma hora a la que se emitirá la serie a partir del día 15. Dos capítulos, uno se emite un lunes, otro al siguiente, y al tercero ya va la serie.

Para la temporada que viene ya veremos que pasa.

(By Antonio Castejo)

El Secreto de la Modelo Extraviada

Personajes esperpénticos y una prosa fluida, mezclando, con estilo, lenguaje culto con expresiones populares, hacen de este libro de Eduardo Mendoza todo un placer para los amantes del humor y de la literatura.

Si a eso le sumas lo grotesco que resulta que una persona, proveniente de los bajos fondos de la sociedad e ingresada en un sanatorio mental, le lleve la delantera en pesquisas detectivescas a la propia policía, el placer es mayor.

Y aunque el objeto de esta entrada es la novela «El secreto de la modelo extraviada», también podría servir para cualquiera de los cuatro capítulos anteriores de esta serie protagonizada por el detective sin nombre, titulados, por orden cronológico, El Misterio de la Cripta Embrujada, El Laberinto de las Aceitunas, La Aventura del Tocador de Señoras y El Enredo de la Bolsa y La Vida.

Unas novelas donde el placer está en la lectura en sí, que hace que no te importe si el final es previsible u otros factores que mierdean el género detectivesco. Pero es que, además, no es el caso. La novela gira arrastrando al lector con ella, y te lleva de un lugar a otro hasta que irremediablemente termina y te deja con ganas de más.

Por suerte, el autor tiene otras novelas paródicas fuera de esta serie, entre la que destaca la conocidísima «Sin Noticias de Gurb».

Particularmente, creo que hacer humor en literatura, sin el apoyo visual del cine o televisión o los espectáculos en directo, sin el apoyo enfático del lenguaje oral, es extremadamente difícil, puesto que estás mucho más limitado a la hora de expresarte, mucho más susceptible de la interpretación del lector. Y Eduardo Mendoza se mueve con maestría en ese terreno.

(By Antonio Castejo)

Ocho apellidos catalanes

apellidoscatalanes

No. Nonononono. ¿Por qué?

Había que aprovechar el tirón, el impulso de la película anterior, básicamente hacer caja. Con la buena publicidad que traían de casa gracias a Ocho apellidos vascos, la asistencia a las salas estaba asegurada. Y lo que está asegurado ahora es la cara de decepción que se nos queda a todos al salir del cine.

A ver, yo fui ayer a ver la película teniendo asumido que no iba a ser como la primera. Lo aceptaba. La expectación generada juega mucho en contra, pero lo que no me esperaba era que lo de comedia romántica se quedase sólo en romántica.

Y romántica, si me apuras, tampoco.

El planteamiento es del todo previsible: chico se entera que su ex se va a casar, se arrepiente y quiere reconquistarla el día que ella se casa con otro chico. De manual. Que el chico finalmente recupera a la chica lo sabía hasta el Tato. No hace falta ni poner el aviso de spoiler. De películas así está plagada la cartelera. O sea, que si en lo romántico ya está todo dicho, nos queda lo de comedia.

Un par de puntazos y unos cuantos juegos de palabras. Y para de contar.

El la primera película recuerdo a todo el público descojonándose al unísono, cada dos por tres, carcajadas que inundaban la sala eclipsando el sonido de la película. Anoche no se reía nadie. Alguna risa suelta de vez en cuando, pero ya está. ¿Y por qué?

A mi entender, simplemente porque no había comedia. Situaciones metidas con calzador, otras prometedoras que no han sido explotadas adecuadamente. Si en la primera película un sevillano tenía que hacerse pasar por vasco, el protagonista, utilizando todos los tópicos posibles, se va metiendo en unas arenas movedizas de las que no sólo es incapaz de salir, sino que además se va hundiendo cada vez más, lo que crea situaciones desternillantes. Si en el fondo no se inventó nada, un pez fuera del agua de manual también, pero muy bien hecho. En esta versión intentan ir por el mismo camino, haciéndole creer a una anciana (Rosa María Sardá) que Cataluña es independiente. Lo que pasa es que la trama parece centrarse más en la relación sentimental de los protagonistas, olvidando el enredo que debía montarse y no se monta. Rafa (Dani Rovira) hace un intento de hacerse pasar por catalán (Me llamo Oriol…), que se queda olvidado casi inmediatamente. El personaje de Carmen Machi intenta hacerse pasar por catalana sin venir a cuento, sin que nadie se lo pida, y sin saber aún siquiera que había que engañar a la vieja. Pequeños intentos, con personajes secundarios, de liarla parda, que se quedan en nada. Pequeños intentos que no solo no refuerzan la trama principal, sino que siquiera tienen nada que ver, cuya única justificación para meterlos sería la de crear situaciones hilarantes, pero que se quedan sin resolver, sin rematar, convirtiendo la película en una especie de sucesión de scketchs sin gracia mientras los otros intentan resolver sus problemas sentimentales sin hacer reír a nadie.

No me lo puedo creer, sinceramente. Ha debido pasar algo externo que les ha obligado a hacer semejante bodrio. No sé, presiones de Mediaset, por poner un ejemplo. Yo qué sé. Después de ver Ocho apellidos vascos y de leerme la novela de sus guionistas, Venirse arriba (de la que ya hablaré), pensaba que todo lo que hicieran Borja Cobeaga y Diego San José tendría un mínimo de calidad humorística.

Supongo que nadie es perfecto, como cuando ves el monólogo de un cómico y te parece el mejor del mundo, y luego saca espectáculo nuevo y ves que no era para tanto. No somos genios. Unas veces tienes más inspiración que otras. Unas veces te salen las cosas bien, y otras mal. Por eso tan importante como saber escribir es saber desechar. Quiero pensar que no han tenido otra opción, que hubiesen querido más tiempo para hacer las cosas bien, pero alguien les ha dicho «trae para aquí, que se nos hace tarde. Así mismo vale». Y ha salido como ha salido.

Cuando hago críticas negativas, siempre aparece algún fan incondicional que me dice: «Seguro que tú lo hubieses hecho mejor, ¿no?». Pues no. Estoy seguro al 100% que si alguien me hubiese encargado hacer ese guión, sería aún peor. Pero que yo no sepa jugar al fútbol no implica que cuando vea un partido no quiera ver goles.

(By Antonio Castejo)