Mind Mapping

Cuando se nos ocurre un tema del que hablar, tenemos que desarrollarlo, sacar los puntos claves para crear los chistes. Si nos ponemos a crear sobre la marcha, es probable que nos quedemos sin ideas muy pronto, y nuestro texto sea más corto de lo que queríamos. Has tenido una buena idea, se te ha ocurrido un tema maravilloso del que hablar, pero no has podido sacarle todo el jugo.

A veces ocurre al contrario, se te ocurre un chiste que te gustaría meter en tu espectáculo, pero no pega con nada de todo lo demás de tu repertorio, queda demasiado postizo, y decides no usarlo, desperdiciando tan buen gag.

Ante estas situaciones, lo que toca es ampliar ese tema. Un buen Mind Mapping ayuda bastante. El Mind Mapping es una herramienta muy usada en todas las materias, no sólo para escribir humor. De hecho, los mapas conceptuales se enseñan en la educación obligatoria, es cultura general, todo el mundo debería saber qué son y cómo se hacen, pero lo explicaré de todas formas. Ahí va:

Es tan sencillo como meter en un recuadro el tema principal, y de ahí ir sacando flechas hacia todos los conceptos que se te ocurran que tengan que ver con dicho tema principal, encuadrándolos también. Y a partir de cada unos de esos conceptos, volver a repetir la operación con sus correspondientes flechitas hacia subconceptos también en su recuadro, y así hasta que ya no se te ocurra nada más. Veamos un ejemplo.

Si quieres hablar sobre coches, pones la palabra en su recuadro Para comprarlo tienes que ir al concesionario, puedes dar una entrada, un coche viejo, pedir un préstamo, comprar nuevo o de segunda mano, hacer un renting… Si haces un renting, hay un tope de kilómetros… Tendrás que ir al taller, bien para que te pasen la ITV, o para mantenimiento o por avería. Cada uno de estos conceptos tienes su propio mind mapping, mantenimiento puede ser cambios de aceite, filtros… Te haces un seguro y puede ser a todo riesgo o a terceros. Si es a terceros, puede ampliado con incendio,robo y lunas… Puedes tener un accidente, por lo que tendrás que llamar al seguro e ir al taller. Como ves, aquí los conceptos se cruzan entre sí.

En definitiva, ir tirando del hilo todo lo que se pueda, hasta que tengas un esquema con un montón de cosas sobre las que hablar. Ahora toca estrujarse los sesos para convertirlo en carcajadas. Pero eso son ya otras herramientas…

(By Antonio Castejo)

Dani Mateo y la bandera

dani mateo

Mi padre me contó una vez que de joven, viendo un Madrid Barsa en un bar, había un comensal en una mesa próxima que cada vez que el equipo contrario hacía una falta se quejaba de lo cerdos cochinos marranos que eran, pero que cuando la falta la hacía su equipo gritaba:

-¡¡Muy bien, la próxima dásela más fuerte!!

Creo que la analogía queda bastante clara, no hace falta explicar más, pero como con esta gente siempre hay algún hervor de menos, lo voy a explicar.

A ver, niños. No os peleéis. Os resumo un poco por encima como va lo de la línea editorial:

El ejemplo más claro es el humor gráfico de los periódicos. Si el periódico tiene una ideología de izquierdas, todas sus secciones tendrán cierto tinte rojo. A la hora de elegir qué noticias se publican, o en cuales se profundizan más, en las columnas de opinión, o como ya he señalado al principio del párrafo, el humor gráfico. El chiste será de izquierdas, meterá caña a la derecha, al liberalismo, a la religión, la monarquía… Por el contrario, si el medio es de derechas, la caña se la meterán a los otros. Tan sencillo como eso. A los de izquierdas no le gustarán los chistes de Mingote, y a los de derechas los de El Roto.

Pues con la tele pasa lo mismo, amigos míos. Por qué no te atreves a sonarte con la estelada, valiente, le dicen algunos a Dani Mateo. Es que la burla siempre viene del mismo lado, le dicen otros. Pues claro que siempre viene del mismo lado. Y si pones Intereconomía o como se llame ahora esa cadena, en sus programas de humor la burla también va siempre del mismo lado. Del otro en este caso, pero siempre del mismo para cada caso. De hecho, tengo un compañero que estuvo trabajando ahí un tiempo, haciendo chistes en contra de su ideología, porque el humor es ficción y el personaje no tiene por qué corresponderse con la realidad, a pesar de que los monguers no lo sepan diferenciar.

Porque al final todo esto es un negocio. Si no hay pasta, no hay negocio. Del mismo modo que las tiendas outlet tienen como público objetivo la gente que está a dos velas y las tiendas de lujo a los millonetis, y enfocan su publicidad en ese público objetivo con el fin de vender más, los medios de comunicación definen su público objetivo a través de la ideología. Porque no se puede gustar a todo el mundo, de modo que se secciona a la población y se enfocan en su parte del pastel. Cabe recordar que a Antena 3 no se le puede juzgar por ser de izquierdas ni de lejos, y sin embargo pertenece al mismo grupo que La Sexta. ¿Cómo te quedas? Porque el jefe supremo de las cadenas puede ser más de derechas que la palanca de cambios, pero como hombre de negocios que es ha querido cubrir ese vacío dándole a La Sexta una línea editorial diferente a sus ideales, del mismo modo que uno de mi pueblo montó un bar Heavy porque no había ninguno, a pesar de ser bakalufo.

Que te ha molestado una broma, pues muy bien. Me parece cojonudo. Pero ya está. Hasta ahí. Que tienes derecho a ofenderte todo lo que tú quieras, pero no de hacer algo al respecto. Si no me gusta lo que hace un cómico en concreto, pues no lo veo, pero no ando por ahí exigiendo que me pida perdón a cada paso que da, y mucho menos su cabeza.

Que luego dicen de hacer boicot a La Sexta. Como si la viesen de antes. Van a perder dos espectadores, a lo sumo. Tres si acaso. Si digo cuatro ya me estoy pasando.

Porque cuando ves El Intermedio ya sabes más o menos lo que te vas a encontrar. Si sabes que no te va a gustar, no lo veas. Pero hay gente a la que sí le gusta. Y hay que respetar los gustos de los demás, aunque a ti no te gusten.

Porque que se sonara los mocos con la bandera nacional te molesta, pero si lo hubiese hecho con la estelada sí te hubiese hecho gracia, ¿a que sí? Porque yo he visto a banderasnuevas aplaudir actos de este tipo, pero al revés ya tal. Pues tú con tus bromitas y yo con las mías, y todos tan contentos. Porque de eso se trata. Todos somos diferentes, y todos tenemos gustos o ideologías distintas, y lo mas relevante en este caso, un nivel de tolerancia diferente también. Cada uno es como es, y todos tenemos el mismo derecho a reírnos de lo que queramos, y de que no nos haga gracia lo que queramos también. Pero hasta ahí. Ya está. No hay un estandar. Los límites del humor no son los mismos para todo el mundo. Cada uno tiene el suyo, y es el único responsable de gestionarlo. No se le puede pedir a alguien que no te conoce de nada que haga chistes que no te ofendan a ti en concreto, porque no va a coincidir con lo que le ofende al que está sentado a tu lado. Así que cada uno se ponga el listón donde quiera, y respete el listón de los demás.

(By Antonio Castejo)

Cobrar o no cobrar entrada

comprarentradas 

En uno de los apartados del post sobre cómo salvar el Stand-Up ya hablé sobre el tema. Conté la historia de un local de mi pueblo, uno de los pioneros en programar monólogos en España, que acabó desistiendo. Un claro ejemplo de cómo a pesar de tener un gran potencial, la mala gestión puede acabar arruinándolo.

Estoy a favor de cobrar entrada siempre, por las siguientes razones:

1.- La predisposición.  Es muy importante, como también dije en el post anterior. Y es que cuando algo te cuesta dinero estás más predispuesto a amortizarlo que cuando es gratis.

2.- Filtro. En muchos locales no cobran entrada porque el dueño quiere que vaya cuanta más gente mejor. Eso provoca que entre gente sin ningún interés en ver el monólogo, que se sientan a hablar entre ellos, molestando a los que sí quieren ver el espectáculo, a veces incluso echándolo a perder, generando el descontento de la gente predispuesta, la cual probablemente no vuelva.

3.- Rentabilidad. Cuantos más gente mejor, piensan los dueños de locales a los que hago referencia en el punto anterior. Pero están equivocados. En cualquier manual de ventas te enseñan que siempre es preferible tener pocos buenos clientes, que muchos malos. Por ejemplo, es preferible que vayan a ver el monólogo veinte personas que paguen su entrada y que pidan una media de dos consumiciones cada una, a que entren cien que ni pagan entrada ni consumen. Lo he vivido muchas veces: actuar en locales a reventar y luego hablar con el dueño y decirme que apenas ha hecho caja. Como también he visto justo lo contrario.

4.- Publicidad. Un espectáculo en directo puede ser un negocio rentable al día, pero también una herramienta de marketing. Al programar un espectáculo, tienes que publicitarlo. Se hacen carteles, flyers, cuñas de radio, etcétera, lo que da visibilidad a tu negocio, lo da a conocer, y aumenta su imagen de marca. Aunque la gente no vaya a ver el espectáculo, tu negocio ya está en sus cabezas, y puede que vayan otro día, aunque no haya espectáculo, a tomarse algo. Pero si van al espectáculo, es muy importante que estén a gusto, porque volverán. Acabas de captar nuevos clientes. Ahora tienes que fidelizarlos. Unificando los tres puntos anteriores, la gente que paga entrada está predispuesta y han pasado el filtro de clientes de valor, por lo que son más rentables. Si esa gente no ve el espectáculo a gusto, se está generando una mala publicidad hacia tu local, espantando a esos clientes de valor.

Desde luego, que un espectáculo sea un éxito no depende sólo de cobrar o no entrada. Hay más factores. Pero de eso ya hablaré en otro post.

¿Tienes tú algún pro o algún contra sobre cobrar entrada? Cuéntamelo.

By Antonio Castejo

El Stand Up no esté hecho para televisión

TVaburreParamount Comedy España, ahora Comedy Central, ha dejado de grabar nuevos programas de su otrora buque insignia Nuevos cómicos, últimamente renombrado Central de Cómicos.

El Club de la Comedia nunca ha destacado por grandes datos de audiencia, sino más bien por ir saltando de día, hora y cadena, sin encontrar su sitio, dejándose de grabar, volviéndolo a intentar, volviéndose a abandonar, etc.

Sopa de Gansos apareció intentando modernizar el género, con una apuesta potente, formado por auténticos profesionales, y dejó programas grabados sin emitirse porque no podía competir con Pesadilla en la Cocina.

Sin embargo otros formatos de comedia, como por ejemplo una serie, sí puede competir incluso con la Champions League.

Y es que el Stand Up no está hecho para verse en televisión. Son muchos los factores que lo hacen no apto, pero los dos más importante de todos, en mi opinión, son la predisposición y la interacción.

1.- La predisposición son las ganas con las que la gente quiere verlo. Cada uno en su casa, que igual está cenando, que se ha sentado en el sofá y está medio adormecido, que hay ruido en la calle, que está la tele puesta mientras está haciendo otra cosa, o incluso que está prestando atención porque le gusta mucho, que también habrá alguno.

El caso es que el programa se graba y se emite, y luego cada uno lo ve de una manera y con unas ganas diferente, y luego al día siguiente el que lo vio con atención dice que le gustó mucho y quien lo vio mientras daba de cenar al niño que, bueno, psé.

Hay programas en televisión que puedes dejar puestos mientras haces otra cosa, sin prestarles atención porque tampoco te estás perdiendo nada, como por ejemplo los sálvames y viceversas, pero el monólogo cómico requiere estar atento, porque si no, no te enteras de nada y luego vas diciendo que tampoco es tan bueno el cómico ese. Ahí, con criterio.

Y es que el monólogo que no es en directo impide el segundo punto,

2.- La interacción. A un monólogo en directo vas. Hay voluntad por tu parte de verlo (no te lo has encontrado por casualidad, como en la TV), incluso puede que hayas pagado una entrada que te obligue a estar atento, para amortizar. Aún así, puede que te despistes, porque tienes otras cosas en que pensar y no sabes desconectar, o porque el cómico de ese día no te está gustando lo suficiente. Si el despiste es generalizado, un cómico profesional puede reaccionar sobre la marcha. Puede ver que algo está fallando, y cambiar de temática, de ritmo, introducir algún elemento para recuperar la atención del público, etc. Eso en televisión no pasa. El monólogo se graba y se emite, y si por la causa que sea no funciona, va a seguir sin funcionar hasta el final.

Hay otros factores también, como por ejemplo los cortes publicitarios, que cortan las Funny Zone y/o los clímax sin miramiento alguno. Ya lo expliqué en su día en este artículo.

Youtube fue en su momento un buen trampolín para los cómicos de este país. Verlo en televisión suponía adaptarse a los horarios de la cadena, y a los cómicos que tocasen. Youtube se convirtió en una especie de comedia a la carta, donde la gente veía el cómico que quería y cuando quería. La gente empezó a ver monólogos por youtube en vez de en televisión, y tocó techo sin sospechar si quiera el batacazo que estaba por venir. El formato tampoco era perfecto, porque podías ponerte a ver monólogos porque te aburrías y no sabías qué hacer, y así no se ven con las mismas ganas, pero era mucho mejor que verlo en televisión, puesto que tenías mucha más predisposición.

Pero los monólogos en youtube llegaron a su fin cuando Viacom dijo hasta aquí, y el formato empezó a decaer. No podemos echarle la culpa sólo a Viacom, puesto que hubo más factores, tanto o más importantes, pero fue el principio del fin.

Y entonces llegó Netflix, que emula lo que youtube fue en su día. No tiene una oferta tan amplia, y tiene sus imperfecciones con respecto al directo. Pero ahí está, para los fanáticos.

Resumiendo, el Stand Up en televisión no es un formato rentable para nadie. Ni para la plataforma que arriesga, ni para el cómico al que puede hacerle más mala publicidad que buena, ni para el público que intenta pasar un buen rato y se queda con mal sabor de boca. Yo lo dejaría sólo para secciones puntuales, como inicios de Late Nights, o colaboraciones en forma de píldora. Sigue sin ser apto para TV, pero puede servir para dar al cómico a conocer, no ya al público, que también, sino para que esos profesionales como la copa de un pino puedan acceder a otros trabajos en televisión relacionados con la comedia, como guionistas, actores, colaboradores, trabajar en radio, etc, es decir, otras funciones que no sean monólogos.

Y hablando de radio y otras cosas que se oyen sin verse. Hace poco me enteré que se están grabando monólogos para Spotify. Pero eso ya será cosa de otro post.

By Antonio Castejo.

He vuelto

Han pasado dos años, cinco meses y quince días, pero ya estoy aquí.

Durante mi ausencia han ocurrido cosas. Cosas de las que solía hacerme eco en este blog. Películas, series, obras de teatro, libros… en definitiva, comedia en distintos formatos que solía destripar, y no lo he hecho. No os preocupéis, no voy a ponerme al día. Demasiado tarde.

También ha habido debates sobre los límites del humor en los que no he participado. Aunque no lo hubiese hecho de todas formas. No deja de ser lo mismo una y otra vez. A mí me ofende, a mí no, no se puede uno reír de todo, sí que se puede, no todo vale, es libertad de expresión, que sí, que no, que te he dicho que sí, pues yo he dicho que no… Aburre. No os preocupéis, que tampoco voy a ponerme al día en eso. Ya dejé clara mi postura en acontecimientos anteriores, no tiene sentido repetirse.

Cosas, resumiendo. Cosas relacionadas con el humor de las que podía haber hablado y sin embargo os dejé huérfanos de sabiduría. Y así va a seguir siendo. No tiene sentido mirar al pasado. Mejor miremos para delante, mejor empezar de cero en este nuevo punto de partida.

Sólo hay una cosa que querría mencionar, y es la pérdida de uno de los cómicos en mejor forma del momento. Juan Carlos Córdoba nos dejó este verano, en plena curva ascendente en lo profesional, y en la flor de la vida en lo personal. El mundo de la comedia enmudeció esos días, imposible no hacerlo. Pero Cordobita (como lo llamábamos la mayoría) era una persona que no se olvida fácilmente, y por eso siempre seguirá vivo.

Pero como decía, salvo el recuerdo de un compañero, ninguna otra cosa de lo ocurrido en este parón, merece ser nombrada. Veamos qué nos depara la comedia de ahora en adelante, y comentémoslo.

Éste es vuestro sitio.

(by Antonio Castejo)

El Sketch de José Mota

Nos la cogemos con papel de fumar, y sólo con leer eso ya habrá algún fabricante que se habrá ofendido.

Lo de José Mota ya es la gota que colma el vaso. Para quien no lo sepa, el sketch arriba mencionado trata de un médico que le dice a un paciente que le queda poco de vida. A lo largo de mi vida he escuchado miles de chistes populares con ese tema, he escuchando a monologuistas hacer chistes sobre eso, lo he visto en series y películas, y nunca han molestado. ¿Por qué, entonces, molesta hoy? ¿Y por qué molesta ese sketch en concreto, el cual he visto, y no tiene nada de ofensivo?

Pues porque está de moda ofenderse. Hay que sentirse indignado por todo, y si algo no te ofende pero ves que se ofende el de al lado, pues te ofendes también, que no vas a ser menos. Y ya de paso, pedimos la cabeza de alguien, que un acto tan deleznable como hacer un comentario desafortunado no puede quedar sin un castigo ejemplar.

Se ha debatido sobre los límites del humor hasta la saciedad, sin llegar a un resultado concluyente simplemente porque es algo muy subjetivo, y cada cual se pone sus propios limites. Pero es que el asunto ya no va de eso. Los límites del humor hace tiempo que quedaron atrás, porque hemos llegado a un punto de infelicidad y ofensa total, que no se puede abrir la boca para estornudar sin que se ofenda algún participante del mundial de lanzamiento de escupitajo.

Y no se ofende el objeto de la broma, no. Se ofenden los justicieros morales que miran por encima del hombro al resto de la humanidad, señalando con su dedo censor a todo aquel que exprese su opinión, sea cual sea, mientras defienden la libertad de expresión.

Como por ejemplo, Irene Villa. Ha sido víctima de chistes de humor negro desde que sufrió el atentado. Y según sus propias palabras, ella misma se ríe con esos chistes, e incluso tiene sus favoritos. Pero si ella no se ofende, no pasa nada. Hay todo un equipo de ofendidos profesionales, afilando hachas y listos para el ataque.

Hay para todos. Hace poco, Javier Cárdenas. Al margen de que te caiga bien o mal, al margen de que estés de acuerdo con él o no, tiene derecho a decir lo que le de la gana cuando le de la gana, como cualquier otro u otra habitante o habitanta de un país libre y libra. Lleva haciéndolo más de veinte años y hasta ahora nadie se había quejado. Pero ahora, tras veinte años, la caga un día, hace un comentario que no gusta, y surgen hordas pidiendo que lo metan en la cámara de gas. Estás veinte años haciendo radio y televisión, hablando mucho, que para eso es para lo que te pagan ¿y de verdad pensáis que hay que ser perfecto siempre? ¿Veinte años hablando sin parar y no puedes equivocarte ni una sola vez? Y luego a Jiménez Losantos se le da cancha ancha.

O a Toni Moog, con un tweet el uno de enero sobre el primer catalán del año, un bebé cuyos padres eran sudamericanos. Un grupo de ofendidos, incapaces de ver la broma y ya está, le acusaron de racista e intentaron movilizar las redes para boicotear sus espectáculos. Muy normal todo.

El humor ofende. Siempre. El humor blanco total no existe. El humor es verdad y dolor y, sólo por definición, le va a tocar los huevos (u ovarios) a alguien. La única manera de no ofender absolutamente a nadie, es no haciendo nada. ¿Es eso lo que pretende esta gente? ¿Erradicar el humor?

No se puede estar pidiendo perdón después de cada chiste, por si acaso. Ni se puede ni se debe. Hay que ver el humor como lo que es, bromas, ficción, no es real. No se pretende ofender, sino hacer reír, entretener, divertir. Y al mismo tiempo, ser un reflejo de la realidad, bien como crítica social, bien como un simple apoyo, hilo conductor, que te lleva a contar lo que realmente quieres contar. Y por suerte, la oferta televisiva a día de hoy es amplísima. Si alguien no quiere ver la realidad y prefiere sumirse en un mundo ideal y utópico, sólo hay que cambiar de canal.

¿No tenemos bastante con las obligaciones que tenemos que hacer a disgusto como para que en nuestro tiempo libre andemos buscando infelicidad donde no la hay? ¿La gente disfruta de la vida con tanto odio acumulado? Los cómicos curramos para hacer reír, no para hacer odiar. Y con tanta mala baba sólo vais a conseguir que cerremos la boca y ahí os quedáis con vuestra amargura.

Mientras tanto, TVE capeó la crisis por el camino fácil: pidiendo perdón. ¿Para qué complicarse la vida? Hay un espectador ofendido. ¿Por qué? Ni idea, pero ¿qué más da?, se le pide perdón y ya está. Porque el cliente siempre tiene la razón, aunque sea un perfecto gilipollas.

(By Antonio Castejo)

Deadpool

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La película del antihéroe y mercenario llamado Deadpool se estrenó hace dos semanas. ¿Por qué me he retrasado tanto en hacer la crítica? Porque quería leer antes las críticas de los demás, para descojonarme un rato.

Leyendo dichas críticas me he dado cuenta que se nota bastante quién conocía al personaje por los cómics, y quien se ha limitado a buscar en la wikipedia quienes son los creadores para parecer que controlan el tema. Pones dos nombres raros que no conoce ni el Tato, y ya parece que eres un experto aunque no vuelvas a hacer referencia a las novelas impresas en el resto del texto.

¿Por qué digo esto? Estamos hartos de ver películas de superhéroes, tanto de DC como de MARVEL, de personajes conocidos y queridos para rentabilizar la taquilla (dudo que alguien quiera ver una peli de Aquaman). Puesto que Batman, Spiderman, Lobezno, etc, son muy conocidos, al hacer una película sobre ellos se generan infinidad de críticas comparándolas con su versión en papel. Que si no ha respetado la historia (o sí), que si no han sabido captar la esencia del personaje (o sí), que si tal o que si cual. Y, ojo, me parece cojonudo. Pero entonces, ¿por qué no se hace lo mismo con Deadpool?

La película por sí misma puede ser mejor o peor, pero que respeta bastante al personaje original, de eso no hay duda. Hay algunos fallos, bien por error, bien intencionados por el bien del guión, pero son secundarios y a mí, como fan, no me han importado. Y no me han importado porque en esta película Deadpool ha sido Deadpool, el Deadpool que yo conozco, el cabeza de peperoni con incontinencia verbal, que pone de los nervios a los «héroes de verdad» de los X-Men o los Vengadores.

Entrecomillo lo de «héroes de verdad», porque Deadpool no es un héroe. Aunque si me apuras, los demás tampoco. Deadpool es más real (dentro de que tienen superpoderes y esas cosas), sin tanto maniqueísmo y gilipolleces varias. Por ejemplo, Deadpool va al baño. ¿Alguien ha visto alguna vez a Batman hacer sus cositas? Y mata. Mata por dinero, pero también mata porque le da la gana. No es un héroe, es un asesino a sueldo, vengativo y sin aprecio alguno por la vida de los demás, excepto cuando de repente aparece su conrazoncito y se pone en plan salvador. También le pasa a veces.

Al igual que pasa en la película con la colaboración de dos X-Men, en sus cómics continuamente aparecen otros mutantes, o Vengadores, que no lo aguantan, que intentan hacerle ver que así no se hacen las cosas (igual que en la peli), para luego él hacer lo que le da la gana (igual que en la peli). No es como ellos. Es otra cosa. Pertenece a la casa MARVEL, pero no es como el resto. Y eso es básicamente lo que ha pasado con los críticos con la película.

Algo parecido a si J. K. Rowling decide escribir un libro distinto, serio, al margen de Harry Potter, y todos los fans incondicionales dicen que no les gusta porque no salen magos. Pues algo así ha pasado con Deadpool, que como pone MARVEL y el tío lleva disfraz ajustado, todo el mundo pensaba que iba a ver una de Spiderman.

Si sabes a lo que vas, la película la disfrutas. Te ríes, te diviertes, te entretienes. Que la película no va a ser una obra maestra, pues bueno, las demás de superhéroes tampoco. Ahora bien, si la predisposición con esta película es que a la primera salida de tono (no salida de tono de la película, que es el que es y lo mantiene coherentemente, sino salida del tono que algunos espectadores tenían en la cabeza de manera predeterminada, como el de esos padres que llevaron a sus hijos a verla a pesar de que ponía que era para mayores de 18) te vas a cabrear irracionalmente, y probablemente no te guste a pesar de no tener razón. La predisposición hace mucho.

En la mayoría de las críticas negativas a la película, al autor se le notaba que le costaba trabajo hacerla. O sea, que en el fondo le gustó. «Tiene un argumento flojo, aunque te ríes mucho con la verborrea del protagonista», «Unos personajes flojos, aunque Ryan Reynolds está magnifico», y demás similares. Había que poner a parir la película, pero en realidad les gustó.

Cuando yo fui a verla, lo hice en un horario poco concurrido. En el cine habría máximo 20 personas, lo que me permitió estar atento a las reacciones de la gente. Había un alto porcentaje de chicas (no es machismo, es estadística: el mundo del cómic es mayoritariamente masculino), y aún así pude ver que todos los que estábamos ahí (todos) disfrutamos la película. Nos gustó. A todos. A lo mejor en una sesión con 300 personas saldría gente echando pestes del cine, pero en nuestra sesión privada, la satisfacción fue máxima. 316 millones de recaudación sólo el primer fin de semana tiene que significar algo.

En resumen, si no existiese el personaje de cómic, si lo hubiesen creado de la nada exclusivamente para la película, lo mismo te diría que a la película de falta algo. Pero si sabes a lo que vas, te lo pasas bien. Para mí ha sido como otro cómic, como una aventura más de las cientos que hay desde que surgió en los ’90. Y me ha gustado como las demás.

Yo ya estoy esperando la segunda parte que seguro harán.

(By Antonio Castejo)

Allí Abajo (y 2)

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No podía dejarlo así. Cuando se estrenó la serie escribí una crónica basándome sólo en el primer capítulo. No fue muy buena, y no es justo. Los primeros capítulos es lo que tiene, que cuesta. Lo digo siempre que se estrena algo: hay que dar tiempo a coger cariño a los personajes, a conocerlos, a entenderlos. Con un único capítulo no se tiene el criterio suficiente para evaluar, hay que dar una segunda oportunidad, y la prueba está en esta serie.

El primer capitulo no me gustó. Influía también la comparación inevitable con Ocho Apellidos Vascos. Eso condiciona. No me gustó, y sin embargo ahora estoy enganchado. Han sabido mantener el ritmo, y crear conflictos más allá de los topicazos, con personajes logrados, profundos. Y risas. Muchas risas.

Por ponerle alguna pega, quizá un poco forzado el personaje de Benito Benjumea. No sólo su acento, sino el personaje en sí. No termina de enganchar. Pero es, al menos en la primera temporada, quien mantiene en escena a ese personajazo que es Jocé, el celador. Así que las gallinas que entran por las que salen.

Disfruten la segunda temporada.

(By Antonio Castejo)

Buscando el Norte

La idea de 8 apellidos vascos no es ni mucho menos original. El pez fuera del agua es uno de los recursos de guión más utilizados. Tanto dan las diferencias entre andaluces y vascos como entre españoles y alemanes.

Podemos decir que se aprovecha el tirón para hacer caja, que es una vuelta de tuerca más a lo mismo, que ambas producciones utilizan topicazos, en definitiva, compararlas, pero la verdad es que siempre se han hecho películas de este tipo, y siempre se seguirán haciendo. Se puede comparar la serie tanto con 8 apellidos vascos como con «Vente a Alemania, Pepe» que se estrenó en 1971.

Así que, dejando comparaciones a parte, a la serie le pasa lo que a todas las series españolas: capítulos semanales muy largos. Un ritmo frenético de risas es imposible con tanta duración y con tan poco tiempo para hacerlos. Hay que frenar el ritmo para alargar el capítulo.

De todas formas, era el primer capítulo, y está destinado al detonante y presentación de personajes. Aún no los conocemos en profundidad, solo sabemos de ellos algunos detalles que han tenido tiempo de mostrar, y aun no podemos amarlos (u odiarlos), pero en cuanto lo hagamos tras ver algunos capítulos más, los conflictos que se planteen nos llegaran mejor.

Por ejemplo, si en el primer capítulo a alguien que pretende un puesto de enfermero titulado se ve obligado a ser auxiliar por no saber alemán, nos importa más bien poco, pero cuando le cojas cariño después de varios capítulos, te afectara incluso que pierda un autobús.

Y por como se intuyen que van a ser los personajes, la serie tiene posibilidades. Otra cosa es que consigan arrancar el motor, pero el depósito está lleno de combustible.

Lo que pasa es que nos hemos vuelto demasiado exigentes e impacientes. Lo queremos todo, y lo queremos ya. Somos incapaces de dar segundas oportunidades. Si la serie no nos engancha desde el principio, dejamos de verla, y nos apresuramos a despedazarla en redes sociales.

Estoy generalizando, por supuesto. No todo el mundo es así. Pero son los que se hacen notar.

El general, ha estado un poco flojo. Ha tenido varios puntazos muy buenos, un buen montón de pasables, y demasiado rato en blanco.

Que ese espacio en blanco no lo era en realidad, sino que estaba dando información relevante para el futuro, pero si el público no se ríe, cambia de canal. O se acuesta, que mira que hora se ha hecho.

Me puedo equivocar, pero creo que la serie promete.

Y una cosa es segura: antena 3 está apostando por una nueva forma de hacer series cómicas, más profesionales, alejándose de las comedias de gritos tan habituales en Telecinco. Solo por eso deberíamos ser mas tolerantes e intentar ver las series para disfrutarlas, no para criticarlas.

(By Antonio Castejo)

Zomedy Night

Un programa de monólogos al estilo clásico, como el club de la comedia, sopa de gansos, y otros tantos que se han hecho en otras cadenas minoritarias, que son varios monologuistas y un presentador con una breve introducción entre uno y otro. La diferencia, que los cómicos son zombis. Y el público también. Un monólogo de zombis para zombis.

Contando los problemas que afectan a los zombis, desde su punto de vista, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

-Pues tampoco es para tanto -dirán algunos.

Sí, sí que lo es.

Lo es porque estamos acostumbrados al stand-up purista, es decir, el cómico es él mismo, cuenta las cosas desde su punto de vista, y no puede contar más que con su cuerpo para expresarse, sin instrumentos ni nada de apoyo. Sólo ante el peligro.

Aquí se introduce la variante de contar un monólogo metido dentro de un personaje. Aquí es un zombi, pero tambien podría ser, por ejemplo, un personaje histórico. Imagina un monólogo de Isaac Newton, contando lo de la manzana.

Me refiero a que, a cualquiera de los cuatro actores que participan en este programa, Goyo Jiménez, Agustín Jiménez, Yolanda Ramos o Berto Romero, los hemos visto interpretando sus monólogos, de ellos mismos, los suyos propios. Por ejemplo, Goyo Jiménez tiene sus monólogos, y a parte, hay un zombi que hace monólogos, interpretado por Goyo Jiménez.

Desde luego, no es nada que no se haya hecho antes ya. En otros países, e incluso aquí mismo. Por ejemplo, hace poco, Juan Solo en Sopa de Gansos. Pero es muy minoritario, a día de hoy predomina ampliamente el purista. Y me gustaría que eso empezara a cambiar, porque se abre todo un mundo de posibilidades para no acabar hablando siempre de lo mismo.

El programa está muy bien. Gracioso, como debe ser. Supongo que se deberá a que todos son cómicos profesionales, sin incluir famosetes sin experiencia ni gracia, como El Club de la Comedia hace a veces.

El espacio incluye también pequeñas secciones, como sketches, entrevistas, y rankings sobre la serie The Walking Dead.

Lo de The Walking Dead no es porque sea la serie de zombis de más éxito del momento, ni porque el programa se emita en FOX, como la serie. No es el programa el que utiliza la serie, sino la serie la que utiliza el programa: Zomedy Night está destinado a abrir boca para la nueva temporada de que empezará a emitirse el próximo día 15.

O sea, que si alguien esperaba ver un nuevo programa de monólogos todas las semanas, va listo. Solo se han grabado dos capítulos de 23 minutos, que se emiten el mismo día y a la misma hora a la que se emitirá la serie a partir del día 15. Dos capítulos, uno se emite un lunes, otro al siguiente, y al tercero ya va la serie.

Para la temporada que viene ya veremos que pasa.

(By Antonio Castejo)