Murcia como chiste per se

Hay gente que cree tener sentido del humor porque cuenta chistes. No, amigo, el sentido del humor lo marca tu reacción cuando el objeto de la broma eres tú. Si gastas bromas, pero te enfadas cuando te las gastan a ti, entonces NO TIENES sentido del humor. Te pongas como te pongas. Ya lo dije en un artículo previo.

Como dijo Pedro Vera (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1967. Revista EL JUEVES, Ortega y Pacheco, Ranciofacts): «la prueba de que los murcianos tenemos sentido del humor es que seguís vivos».

Vamos a reirnos de Murcia, ¿por qué no? Tenemos nuestro peculiar acento (dejémoslo en peculiar, ¿vale?), y de ahí deriva el cliché de que somos paletos y que no sabemos hablar. Ok, no pasa nada. Cada comunidad tiene su propio cliché, como que los andaluces son vagos, los catalanes tacaños o los madrileños chulos, se confunde la parte por el todo y ya tienes un hilo del que tirar. Se han hecho chistes sobre ellos desde que el primer átomo de carbono se combinó con otro de hidrógeno comenzando el proceso que da origen a la vida en nuestro planeta, pero de Murcia no se hacían, Murcia era la gran olvidad, Murcia no existía. Ahora sí, gracias a los chistes, la gente puede localizar Murcia en el mapa como en su día ocurrió con Lepe.

Venga, sí, hablamos mal y somos unos paletos. Vamos a explotar el tema y tenemos para sacar horas y horas de chistes, risas y diversión aseguradas, y los de Lepe que agradecen dejar de ser el centro de atención. Oye, que yo mismo lo hago, me río de mí mismo y mis congéneres, y no pasa nada. Es una broma, y tenemos sentido del humor.

Lo que no entiendo es que se haya llegado a un punto en el que no hay chiste, simplemente se dice la palabra Murcia (murcianos, o cualquier otra derivación) y que el imaginario haga el resto. Eso ya es un chiste por sí mismo. Oye, que no se me ocurre como rematar esto, que mi cerebro limitado no es capaz de llegar a un remate en condiciones, ah, ya sé, meto la palabra Murcia y listo, jia jia jia, qué gracioso soy.

O sea, eres un paleto, haciendo un chiste con remate de paleto, en el que te ríes de otros paletos, ya que tú te crees menos paleto porque pronuncias las eses.

Eh, cómico paleto. No te ofendas, este artículo es una broma, no me río de ti sino contigo, igual que haces tú con tus chistes de paleto.

(By Antonio Castejo)

Ideas para hacer monólogos en la nueva normalidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado una serie de recomendaciones a la hora de realizar espectáculos masivos de ocio. Desde limitar aforo, delimitaciones de espacio para garantizar la distancia de seguridad, realizarlos al aire libre o en streaming, dispensarios de gel hidroalcóholico o similar por todos lados, evaluar el estado de salud de los asistentes (tomándoles la temperatura, por ejemplo), hasta recomendar a los posibles asistentes a no acudir si se encuentra entre la población de riesgo, o tiene algún síntoma, o ha tenido contacto con alguien en esa situación.

El caso es que el sector lo está acusando económicamente. Locales cerrados o sin clientes, artistas sin trabajo, técnicos o personal de sala en el paro… Se buscan soluciones para seguir trabajando. Con todas las garantías de seguridad, pero seguir trabajando.

La tienda online de instrumentos musicales más famosa del mundo, Thomann, compartió en su blog 6 ideas para hacer conciertos en la nueva normalidad. Vamos a analizar si esas ideas servirían también para espectáculos de comedia:

1.- STREAMING. Ofrecer contenido para verlo en la pantalla de tu móvil u ordenador se ha vuelto normal desde el confinamiento. Instragram ha sido la plataforma reina. Sin embargo el contenido se ofrece por amor al arte, y no se generan beneficios, tan necesarios para garantizar la subsistencia de las personas. Por ello, acaba de subir como la espuma PATREON, una plataforma de micromecenazgo donde los artistas, a cambio de cierta cantidad de «money money», ofrecen contenido exclusivo para sus patronos. No se vive igual que en un directo propiamente dicho, pero es una posible solución. Y ya hay algunas promotoras dispuestas a grabar en salas para emitirlo en streaming, y así acercar la experiencia lo máximo posible a la realidad.

2.- AUTOCINES. Se están volviendo a poner de moda. ¿Qué mejor manera de mantener la distancia de seguridad que desde dentro de tu propio coche? Claro, necesitas un gran espacio al aire libre porque, todo hay que decirlo, el coche ocupa lo suyo. Ya hay algunos ayuntamientos facilitando estos espacios para poder seguir ofreciendo cultura a la población. Un escenario en vez de una pantalla de cine, y a disfrutar.

3.- GIRAS ACÚSTICAS. Bueno, esta medida está enfocada a los conciertos, donde se necesita gran cantidad de instrumentos y personal. Hacer un concierto en acústico ayuda a abaratar costes y así compensar la pérdida de recaudación. Pero, claro, en un formato como el stand-up hay poco donde recortar en ese sentido. Un monólogo ya es minimalista de por sí.

4.- AL AIRE LIBRE. Sacar el espectáculo a la calle, donde hay menos riesgo de contagio, y mayor espacio para garantizar la distancia de seguridad, es, al igual que el autocine, la opción que más gusta a público, promotores y artistas. Eso sí, hay que delimitar espacios, asignar los WC, y poner todas las medidas necesarias para garantizar el distanciamiento social.

5.- SENTADOS. En un concierto es difícil sentarse, porque apetece moverse o bailar. Pero para un espectáculo teatral es relativamente fácil separar los asientos (y hacerlos inamovibles), o inutilizar algunos para separar al público. Grandes auditorios al aire libre ya están acogiendo obras con limitación de aforo.

6.- NUEVAS TECNOLOGÍAS (pero nuevas nuevas). Ya hay empresas desarrollando túneles de desinfección y otras ideas para garantizar un entorno seguro. Aunque aún es muy pronto para saber su eficacia y su viabilidad económica, los primeros datos no parecen muy alentadores. Habrá que darles un poco más de tiempo.

(By Antonio Castejo)

Medidas extraordinarias para afrontar las consecuencias de la crisis provocada por el COVID-19 en las artes escénicas

Con el cese de actividad de toda empresa no esencial muchos son los sectores que han reducido a cero su facturación durante el estado de alarma a consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19. Uno de los sectores más afectados es el de las artes escénicas.

En la web de La Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de titularidad pública (redescena.net) han redactado, junto con otras asociaciones profesionales relacionadas, un documento con 52 propuestas para paliar los efectos negativos en el sector, para hacérselo llegar al ministerio de cultura.

Si formas parte de este colectivo, puedes adherirte firmando el formulario en este enlace.

Se agradece difusión. Comparte.

(By Antonio Castejo)

Dani Mateo y la bandera

dani mateo

Mi padre me contó una vez que de joven, viendo un Madrid Barsa en un bar, había un comensal en una mesa próxima que cada vez que el equipo contrario hacía una falta se quejaba de lo cerdos cochinos marranos que eran, pero que cuando la falta la hacía su equipo gritaba:

-¡¡Muy bien, la próxima dásela más fuerte!!

Creo que la analogía queda bastante clara, no hace falta explicar más, pero como con esta gente siempre hay algún hervor de menos, lo voy a explicar.

A ver, niños. No os peleéis. Os resumo un poco por encima como va lo de la línea editorial:

El ejemplo más claro es el humor gráfico de los periódicos. Si el periódico tiene una ideología de izquierdas, todas sus secciones tendrán cierto tinte rojo. A la hora de elegir qué noticias se publican, o en cuales se profundizan más, en las columnas de opinión, o como ya he señalado al principio del párrafo, el humor gráfico. El chiste será de izquierdas, meterá caña a la derecha, al liberalismo, a la religión, la monarquía… Por el contrario, si el medio es de derechas, la caña se la meterán a los otros. Tan sencillo como eso. A los de izquierdas no le gustarán los chistes de Mingote, y a los de derechas los de El Roto.

Pues con la tele pasa lo mismo, amigos míos. Por qué no te atreves a sonarte con la estelada, valiente, le dicen algunos a Dani Mateo. Es que la burla siempre viene del mismo lado, le dicen otros. Pues claro que siempre viene del mismo lado. Y si pones Intereconomía o como se llame ahora esa cadena, en sus programas de humor la burla también va siempre del mismo lado. Del otro en este caso, pero siempre del mismo para cada caso. De hecho, tengo un compañero que estuvo trabajando ahí un tiempo, haciendo chistes en contra de su ideología, porque el humor es ficción y el personaje no tiene por qué corresponderse con la realidad, a pesar de que los monguers no lo sepan diferenciar.

Porque al final todo esto es un negocio. Si no hay pasta, no hay negocio. Del mismo modo que las tiendas outlet tienen como público objetivo la gente que está a dos velas y las tiendas de lujo a los millonetis, y enfocan su publicidad en ese público objetivo con el fin de vender más, los medios de comunicación definen su público objetivo a través de la ideología. Porque no se puede gustar a todo el mundo, de modo que se secciona a la población y se enfocan en su parte del pastel. Cabe recordar que a Antena 3 no se le puede juzgar por ser de izquierdas ni de lejos, y sin embargo pertenece al mismo grupo que La Sexta. ¿Cómo te quedas? Porque el jefe supremo de las cadenas puede ser más de derechas que la palanca de cambios, pero como hombre de negocios que es ha querido cubrir ese vacío dándole a La Sexta una línea editorial diferente a sus ideales, del mismo modo que uno de mi pueblo montó un bar Heavy porque no había ninguno, a pesar de ser bakalufo.

Que te ha molestado una broma, pues muy bien. Me parece cojonudo. Pero ya está. Hasta ahí. Que tienes derecho a ofenderte todo lo que tú quieras, pero no de hacer algo al respecto. Si no me gusta lo que hace un cómico en concreto, pues no lo veo, pero no ando por ahí exigiendo que me pida perdón a cada paso que da, y mucho menos su cabeza.

Que luego dicen de hacer boicot a La Sexta. Como si la viesen de antes. Van a perder dos espectadores, a lo sumo. Tres si acaso. Si digo cuatro ya me estoy pasando.

Porque cuando ves El Intermedio ya sabes más o menos lo que te vas a encontrar. Si sabes que no te va a gustar, no lo veas. Pero hay gente a la que sí le gusta. Y hay que respetar los gustos de los demás, aunque a ti no te gusten.

Porque que se sonara los mocos con la bandera nacional te molesta, pero si lo hubiese hecho con la estelada sí te hubiese hecho gracia, ¿a que sí? Porque yo he visto a banderasnuevas aplaudir actos de este tipo, pero al revés ya tal. Pues tú con tus bromitas y yo con las mías, y todos tan contentos. Porque de eso se trata. Todos somos diferentes, y todos tenemos gustos o ideologías distintas, y lo mas relevante en este caso, un nivel de tolerancia diferente también. Cada uno es como es, y todos tenemos el mismo derecho a reírnos de lo que queramos, y de que no nos haga gracia lo que queramos también. Pero hasta ahí. Ya está. No hay un estandar. Los límites del humor no son los mismos para todo el mundo. Cada uno tiene el suyo, y es el único responsable de gestionarlo. No se le puede pedir a alguien que no te conoce de nada que haga chistes que no te ofendan a ti en concreto, porque no va a coincidir con lo que le ofende al que está sentado a tu lado. Así que cada uno se ponga el listón donde quiera, y respete el listón de los demás.

(By Antonio Castejo)

Cobrar o no cobrar entrada

comprarentradas 

En uno de los apartados del post sobre cómo salvar el Stand-Up ya hablé sobre el tema. Conté la historia de un local de mi pueblo, uno de los pioneros en programar monólogos en España, que acabó desistiendo. Un claro ejemplo de cómo a pesar de tener un gran potencial, la mala gestión puede acabar arruinándolo.

Estoy a favor de cobrar entrada siempre, por las siguientes razones:

1.- La predisposición.  Es muy importante, como también dije en el post anterior. Y es que cuando algo te cuesta dinero estás más predispuesto a amortizarlo que cuando es gratis.

2.- Filtro. En muchos locales no cobran entrada porque el dueño quiere que vaya cuanta más gente mejor. Eso provoca que entre gente sin ningún interés en ver el monólogo, que se sientan a hablar entre ellos, molestando a los que sí quieren ver el espectáculo, a veces incluso echándolo a perder, generando el descontento de la gente predispuesta, la cual probablemente no vuelva.

3.- Rentabilidad. Cuantos más gente mejor, piensan los dueños de locales a los que hago referencia en el punto anterior. Pero están equivocados. En cualquier manual de ventas te enseñan que siempre es preferible tener pocos buenos clientes, que muchos malos. Por ejemplo, es preferible que vayan a ver el monólogo veinte personas que paguen su entrada y que pidan una media de dos consumiciones cada una, a que entren cien que ni pagan entrada ni consumen. Lo he vivido muchas veces: actuar en locales a reventar y luego hablar con el dueño y decirme que apenas ha hecho caja. Como también he visto justo lo contrario.

4.- Publicidad. Un espectáculo en directo puede ser un negocio rentable al día, pero también una herramienta de marketing. Al programar un espectáculo, tienes que publicitarlo. Se hacen carteles, flyers, cuñas de radio, etcétera, lo que da visibilidad a tu negocio, lo da a conocer, y aumenta su imagen de marca. Aunque la gente no vaya a ver el espectáculo, tu negocio ya está en sus cabezas, y puede que vayan otro día, aunque no haya espectáculo, a tomarse algo. Pero si van al espectáculo, es muy importante que estén a gusto, porque volverán. Acabas de captar nuevos clientes. Ahora tienes que fidelizarlos. Unificando los tres puntos anteriores, la gente que paga entrada está predispuesta y han pasado el filtro de clientes de valor, por lo que son más rentables. Si esa gente no ve el espectáculo a gusto, se está generando una mala publicidad hacia tu local, espantando a esos clientes de valor.

Desde luego, que un espectáculo sea un éxito no depende sólo de cobrar o no entrada. Hay más factores. Pero de eso ya hablaré en otro post.

¿Tienes tú algún pro o algún contra sobre cobrar entrada? Cuéntamelo.

By Antonio Castejo

El Sketch de José Mota

Nos la cogemos con papel de fumar, y sólo con leer eso ya habrá algún fabricante que se habrá ofendido.

Lo de José Mota ya es la gota que colma el vaso. Para quien no lo sepa, el sketch arriba mencionado trata de un médico que le dice a un paciente que le queda poco de vida. A lo largo de mi vida he escuchado miles de chistes populares con ese tema, he escuchando a monologuistas hacer chistes sobre eso, lo he visto en series y películas, y nunca han molestado. ¿Por qué, entonces, molesta hoy? ¿Y por qué molesta ese sketch en concreto, el cual he visto, y no tiene nada de ofensivo?

Pues porque está de moda ofenderse. Hay que sentirse indignado por todo, y si algo no te ofende pero ves que se ofende el de al lado, pues te ofendes también, que no vas a ser menos. Y ya de paso, pedimos la cabeza de alguien, que un acto tan deleznable como hacer un comentario desafortunado no puede quedar sin un castigo ejemplar.

Se ha debatido sobre los límites del humor hasta la saciedad, sin llegar a un resultado concluyente simplemente porque es algo muy subjetivo, y cada cual se pone sus propios limites. Pero es que el asunto ya no va de eso. Los límites del humor hace tiempo que quedaron atrás, porque hemos llegado a un punto de infelicidad y ofensa total, que no se puede abrir la boca para estornudar sin que se ofenda algún participante del mundial de lanzamiento de escupitajo.

Y no se ofende el objeto de la broma, no. Se ofenden los justicieros morales que miran por encima del hombro al resto de la humanidad, señalando con su dedo censor a todo aquel que exprese su opinión, sea cual sea, mientras defienden la libertad de expresión.

Como por ejemplo, Irene Villa. Ha sido víctima de chistes de humor negro desde que sufrió el atentado. Y según sus propias palabras, ella misma se ríe con esos chistes, e incluso tiene sus favoritos. Pero si ella no se ofende, no pasa nada. Hay todo un equipo de ofendidos profesionales, afilando hachas y listos para el ataque.

Hay para todos. Hace poco, Javier Cárdenas. Al margen de que te caiga bien o mal, al margen de que estés de acuerdo con él o no, tiene derecho a decir lo que le de la gana cuando le de la gana, como cualquier otro u otra habitante o habitanta de un país libre y libra. Lleva haciéndolo más de veinte años y hasta ahora nadie se había quejado. Pero ahora, tras veinte años, la caga un día, hace un comentario que no gusta, y surgen hordas pidiendo que lo metan en la cámara de gas. Estás veinte años haciendo radio y televisión, hablando mucho, que para eso es para lo que te pagan ¿y de verdad pensáis que hay que ser perfecto siempre? ¿Veinte años hablando sin parar y no puedes equivocarte ni una sola vez? Y luego a Jiménez Losantos se le da cancha ancha.

O a Toni Moog, con un tweet el uno de enero sobre el primer catalán del año, un bebé cuyos padres eran sudamericanos. Un grupo de ofendidos, incapaces de ver la broma y ya está, le acusaron de racista e intentaron movilizar las redes para boicotear sus espectáculos. Muy normal todo.

El humor ofende. Siempre. El humor blanco total no existe. El humor es verdad y dolor y, sólo por definición, le va a tocar los huevos (u ovarios) a alguien. La única manera de no ofender absolutamente a nadie, es no haciendo nada. ¿Es eso lo que pretende esta gente? ¿Erradicar el humor?

No se puede estar pidiendo perdón después de cada chiste, por si acaso. Ni se puede ni se debe. Hay que ver el humor como lo que es, bromas, ficción, no es real. No se pretende ofender, sino hacer reír, entretener, divertir. Y al mismo tiempo, ser un reflejo de la realidad, bien como crítica social, bien como un simple apoyo, hilo conductor, que te lleva a contar lo que realmente quieres contar. Y por suerte, la oferta televisiva a día de hoy es amplísima. Si alguien no quiere ver la realidad y prefiere sumirse en un mundo ideal y utópico, sólo hay que cambiar de canal.

¿No tenemos bastante con las obligaciones que tenemos que hacer a disgusto como para que en nuestro tiempo libre andemos buscando infelicidad donde no la hay? ¿La gente disfruta de la vida con tanto odio acumulado? Los cómicos curramos para hacer reír, no para hacer odiar. Y con tanta mala baba sólo vais a conseguir que cerremos la boca y ahí os quedáis con vuestra amargura.

Mientras tanto, TVE capeó la crisis por el camino fácil: pidiendo perdón. ¿Para qué complicarse la vida? Hay un espectador ofendido. ¿Por qué? Ni idea, pero ¿qué más da?, se le pide perdón y ya está. Porque el cliente siempre tiene la razón, aunque sea un perfecto gilipollas.

(By Antonio Castejo)

Pues habrá que explicar los chistes

Charlie Hebdo la ha vuelto a liar publicando este chiste:

¿En qué se hubiese convertido el pequeño Aylan si hubiera crecido?

Y se hace viral, pero acompañados de textos de indignación como por ejemplo el del periódico La Vanguardia:

«‘Charlie Hebdo’ se mofa del futuro de Aylan, el niño muerto en la costa turca«.

Y si quien comparte dice «mofa», los borregos que lo leen ven mofa donde no la hay. Me explico:

El pequeño Aylan es el ejemplo, la conexión, el eje central, de una crítica social que la revista francesa quiere denunciar. Por él, medio mundo se sintió consternado, y maldijo la beligerancia humana y el poco valor que la vida parece tener para quien maneja el mundo. Pobre gente, los refugiados, que huyen del horror de la guerra, y los insensibles europeos no les dejan entrar, condenándolos a morir, bien en la guerra, bien en la huida. El pequeño Aylan fue el portador del mensaje de que los refugiados son víctimas, y por él el mundo interpreta que todos son buenos.

Luego llegaron las violaciones masivas de Colonia, y esos mismos refugiados, ahora son todos malos.

Los mismos que antes eran buenos, ahora son malos. Todos. Sin excepción. Que entraron 8.000, y Aylan solo había uno, todos son buenos. Los 8.000. Que había 8.000 y los violadores fueron 100*, todos son malos. Los 8.000.

Y ahí es donde los galos dijeron: ¿y si juntamos las dos historias, mezcladas y bien apretujadas, para hacer ver al populacho que están generalizando demasiado y dejándose llevar por lo que ven en TV? Lo que no supieron ver en la revista es que la gente iba a seguir generalizando y dejándose llevar por lo que aparece en los medios.

Porque, a ver, cualquiera de los detenidos por las agresiones de Colonia que nos repugna tanto, pudo haber muerto hace años en situaciones similares a las del pequeño Aylan, y haber despertando nuestra ternura. Imaginadlo. Un violador dándonos pena. Asqueroso, ¿no?

Lo que en principio era una crítica para invitar a la gente a reflexionar, se ha vuelto (una vez más) en el violento reproche que tan acostumbrados estamos a ver últimamente en las redes sociales. Violencia que creen estar justificada por ser por una causa justa. Como la guerra santa.

Otra cosa es, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, que el chiste no tenga gracia, o sea de mal gusto. Pero muy diferente es acusar de lo que no es, decir «se mofa de» cuando no es así, y criminalizar el humor simplemente por no haber entendido el chiste.

¿Qué debemos hacer los cómicos entonces? ¿No hacer critica social por si un sector de la población no lo pilla y lo malinterpreta? ¿Seguir hablando de las novias, las borracheras y la zapatilla de mi madre? ¿Cortar el ritmo del espectáculo para explicar cada chiste que se cuenta por si hay alguien que no lo pilla?

O simplemente no cometer el mismo error de generalizar, y pasar de imbeciles y borregos, que son solo un sector, y seguir trabajando para ese público que sí piensa, que no manipula ni se deja manipular.

Humor hay de muchos tipos, pero en vez de que cada uno busque el suyo y deje en paz a los demás, se empeña en querer transformar el humor de los demás para que se adecue más al suyo. Eso es como decir que sólo te gusta el fútbol, así que te empeñas en que al baloncesto se juegue con el pie y que pongan las canastas un poco más a ras del suelo y algo más grandes. Y un portero, no estaría de más un portero.

Hay para todos, señor@s. No se alteren.

(By Antonio Castejo)

* He puesto que los violadores fueron 100 a mi antojo. No sé la cifra real, pero es la que me parece más lógica. Se habla de 1000, pero sólo hay 19 detenidos, y unas 500 denuncias, por lo que el millar me parece más una cifra destinada a llamar la atención que a ser rigurosa. Por otro lado, violaciones propiamente dichas hubo dos, el resto fueron tocamientos y robos. No lo estoy justificando, que ya sabemos que luego entendéis lo que os da la gana. Estoy diciendo que 1000 asaltantes para 500 víctimas tocan a dos por personas, y dudo mucho que les tocaran el culo a una entre dos y dijeran «ya hemos cubierto nuestra cuota, ya nos podemos ir a casa». Me parece mucho más lógico que un mismos asaltador toqueteara a más de una chica, por lo que el número de agresores se reduce. 100 me parece más realista, por eso lo he puesto.

El eterno debate sobre los límites del humor

IMG_4404

AnclaDos la ha vuelto a liar. La escena es la siguiente:

El personaje interpretado por Joaquín Reyes quiere la firma de Cristiano Ronaldo, y para conseguirla, utiliza a un niño sano, haciéndolo pasar por enfermo de cáncer, afeitándole la cabeza y todo, faltándole el respeto así, según la masa enfurecida, a los niños enfermos.

Que no todo vale a la hora de hacer humor, dicen. Fíjate tú, que lo que yo pienso es que todo esto ya no tiene nada que ver con el humor. Tiene que ver, sin embargo, con que hay un sector de censores, críticos de salón, que no tienen ni idea, que no terminan de entender, que tergiversan, pero que aún así siempre están dispuestos a alzar las antorchas y salir a cazar brujas.

Oye, que si Guillermo Zapata cuenta un chiste sobre Irene Villa, pues los justicieros se ofenden y piden su cabeza, por faltarle el respeto a la pobre chica, con su desgracia, víctima de ETA. Que luego resulta que dicha chica pasó página hace mucho tiempo, que ya no le ofenden dichos chistes, pero dichos energúmenos (y energúmenas) no lo entienden, y entonces cargan su furia contra dicha chica, ya sin importarle que fuese victima de la dicha ETA.

Ya poco importa que el origen fuesen unos chistes. La cosa se ha ido de las manos. Nos hemos vuelto gilipollas, todo nos ofende, todo nos molesta, e incluso que haya gente a la que no le moleste, eso también molesta. Aquí hay que estar todos molestos, o si no, a la guillotina.

Y si pasa mucho rato sin que nos moleste algo, pues se busca. Se inventa.

Por ejemplo, con un sketch de Facu Díaz donde comparaba a ETA con el PP. No tardó un sector de la población en alzarse en defensa de las víctimas del terrorismo, llegando incluso las propias víctimas, algunos al menos, a sentirse ofendidas, sin sentido. Lo repito: se comparaba a ETA con el PP. Las víctimas no aparecen por ningún lado. Ni se las nombra, ni aparecen de forma implícita, ni nada. Pero había que criminalizar algo, hombre, por Dios, que no nos podíamos quedar sin nuestra ración diaria de mala sangre.

Volviendo al tema de AnclaDos. Como ya expliqué en el artículo perspectiva cómica, para crear un personaje cómico tienes que dotarlos de defectos, y exagerarlos. El personaje de Joaquín Reyes es miserable, y como tal, hará cosas miserables para conseguir sus objetivos. El acto del niño en cuestión es un acto deplorable, propio del personaje. Coherente.

A ver. Ante situaciones de presión, los personajes reaccionan de una forma determinada, siempre coherentes con sus personalidades. Para que una historia tenga interés, tienen que pasar cosas. Y además, cosas inesperadas, que nos sorprendan. Los personajes no van a reaccionar como lo haríamos nosotros. Nunca. Es ficción, son personajes irreales, exagerados, y van a hacer cosas que en ningún caso sería la mejor opción, lo más lógico, sino todo lo contrario, por que si no, no sería una serie, sería un documental.

Yo no veo ahí falta de respeto alguna a los niños con cáncer. De verdad, que alguien me lo explique. ¿Es porque le afeitó la cabeza? No sé, un enfermo de cáncer con media melena no lo veo muy creíble.

Y he aquí la conclusión. Parece ser que lo que quiere la masa es que no se muestre la cruda realidad. Si los niños con cáncer no aparecen en las series, los niños con cáncer no existen y todos somos felices y vivimos en el país de las maravillas.

Los niños con cáncer existen. Es una dolorosa realidad que está ahí, y que no sólo no se puede ocultar, sino que no se debe. Al igual que ocurre con otras lacras, como por ejemplo, el racismo.

En esta misma serie aparece un segurata racista. Odia a los gitanos. Y entre el personal del barco, hay un gitano. ¿Casualidad? No lo creo. Pues el segurata muestra todos los tópicazos racistas que existen contra los gitanos, y ya hay quien se ha quejado porque «fomenta el odio a los gitanos».

-Pero es que el personaje gitano, precisamente, muestra todo lo contrario, que el que está equivocado, el estúpido, es el segurata, fomentando así el odio y la intolerancia hacia el racista…

-Calla, coño. Hay que quejarse de algo, hombre ya. Necesitamos nuestra dosis de mala sangre.

-Ah, ok. Entonces quitamos al personaje, y así ya el racismo no existe. Ni los gitanos, ya puestos. O bien lo que hacemos es meter a un super realista personaje racista que se dedique a hacer lo que hacen los racistas, que es dar besos y abrazos a todo aquel que sea de raza distinta a la suya, y ya de paso, una quimioterapia sin efectos secundarios.

Vamos a repartir dosis de realidad a toda esta gente. Sí tienes cáncer, quedarte calvo es el menor de los problemas. El cáncer mata, por si hay quien no lo sabe todavía. En mi familia ha habido varios casos, y hablo en pasado porque el desenlace siempre ha sido el lógico, el normal, el esperado. No el deseado, obviamente, pero desear algo con todas tus fuerzas y apretando mucho los ojos no hace que suceda. En mi familia ha habido varios casos, como decía, y por el alto carácter genético que posee, yo estoy esperando a que algún día mi doctora me llame a declarar. No voy a mirar para otro lado, no quiero que se evite hablar del tema. Más bien al contrario. Y si es con humor, mejor.

No ver los problemas no va a hacer que desaparezcan. No podemos cerrar los ojos, no podemos mirar para otro lado. He visto dar noticias sobre guerras con imágenes suavizadas para no dañar sensibilidades. Y una polla como una olla. Esas sensibilidades lo que hacen es que mires para otro lado. Para mí, esas sensibilidades no significan que esas cosas te afecten mucho, sino que lo que quieres es no verlas para creer que no existen. Que vas caminando por la calle y una persona con una sola pierna te pide limosna, pues con girar la cabeza a esa persona le crece una pierna por arte de magia.

Por eso pienso que los justicieros que vieron el capitulo de anclados no se quejan para proteger a los niños con cáncer, se quejan para no tener que saber que el cáncer infantil existe.

Al principio del artículo he dicho que todo esto no tiene nada que ver con el humor. En realidad sí lo tiene. Por ejemplo, en la serie cuarta planta, que no es comedia sino drama, también se afeitan a los niños que interpretaban a los enfermos. Incluso en un capítulo, un niño (o niña, ahora no recuerdo) sano se afeita la cabeza por su amigo. Pero como no es comedia, sino drama, pues no ofende. En la película A Quien Ama Gilbert Grape, Leonardo Di Caprio interpreta a un niño con deficiencia. ¿Por qué? Porque eso existe, forma parte de esta puta vida, y como tal se puede utilizar, tanto para realidad, como para ficción. ¿Por qué no ofende? Porque no es una comedia.

Como dijo Raquel Sastre, se le pone al humor unos límites que no tienen el drama o el terror.

(By Antonio Castejo)

¿Sentido del humor?

frase copia

Hace unos días, en el programa El Intermedio, de La Sexta, Dani Mateo recurrió a los tópicos de la ruta del bacalao para hacer un chiste sobre la corrupción del PP valenciano, generalizando con que todos los valencianos son como Chimo Bayo, Rafa Mora o John Cobra.

Y como desgraciadamente ya nos esperábamos, las reacciones no han tardado en llegar, hasta el punto de que incluso hay gente ofendida que ha pagado anuncios de Facebook, gastando dinero de su propio bolsillo, para difundir el denigrante acto y criminalizarlo.

Acabáramos.

Que todos los valencianos no somos así, hay que denunciarlo, merece un castigo ejemplar para que no se vuelva a repetir, y se autoproclama humorista, exijo una compensación, te reto a un duelo a muerte al amanecer tras el convento de los carmelitas.

Hay que ser muy gilipollas. Y no lo digo por los valencianos. Este caso concreto es sólo un ejemplo, uno de tantos, de la falta de sentido del humor de este país. Claro que no todos los valencianos son así. Ni todos los catalanes son tacaños, ni todos los madrileños chulos, ni todos los vascos etarras. Soy murciano, y si tuviese que ofenderme por cada chiste gratuito que se hace sobre nosotros, estaría encabronado todo el día. Lo que pasa es que nos gusta mucho contar chistes de otros, ridiculizarlos, pero cuando nos toca a nosotros ya no nos hace tanta gracia. Que ninguno entendemos por qué se ofenden algunos musulmanes por las caricaturas de Mahoma, qué poco sentido del humor, pero a mí no me compares con John Cobra, que te desintegro la cara, nano. Sentido del humor no es saber contar chistes o gastar bromas. Sentido del humor es no sentirse ofendido cuando te toca a ti ser la víctima.

Por suerte no todo el mundo es así de imbécil. En dicho anuncio había muchos comentarios de valencianos que no se sentían ofendidos y que se habían reído con la sección de Dani Mateo. Ole ahí. ¿Que pasaría si los leperos denunciaran a todo aquel que contara chistes de Lepe? Muy al contrario, ellos mismos lo fomentan y lo celebran, una lección de sentido del humor en toda regla.

Por cierto, humor, parodia y caricatura están exentos en delitos de calumnias e injurias, así que suerte con la demanda.

(by Antonio Castejo)

Pedro Reyes

 

No todo en la comedia son risas. 

Los jóvenes de hoy no sabrán quien es, pero los que crecimos en los ochenta lo veíamos continuamente en televisión. Yo lo recuerdo en la Bola de Cristal y Pero ¿esto qué es?, y sobre todo, ya en los noventa, en No te rías que es peor. Y cómo no, en los Toreros Muertos junto a Pablo Carbonell.

No era un cómico de masas, no gustaba a todo el mundo, y probablemente ahí radique su éxito: fiel a sí mismo y al público que le seguía, con personalidad y estilo propio.

Coherente y absurdo al mismo tiempo, un referente y pilar básico en la historia de la comedia de este país.

Últimamente había vuelto a hacerse notar, a actuar en salas y teatros, y a aparecer en televisión. Estaba recuperando la gloria perdida, trabajando ladrillo a ladrillo, y un infarto lo ha dejado todo a medias.

No lo conocía personalmente, pero sí teníamos amigos en común. No sólo se ha ido un cómico, se ha ido una grandísima persona.

DEP.

(By Antonio Castejo)