Cómo crear el dossier de tu evento

Para vender tu espectáculo a un ayuntamiento o a un local, buscar patrocinadores o promocionarlo, necesitas un dossier. Un dossier es un documento donde se detalla toda la información de interés sobre un determinado tema, un espectáculo en el caso que nos ocupa.

Lo primero es hacer una descripción. Tiene que ser lo más llamativa posible, para atraer el interés de la/s persona/s a la que va dirigida el dossier. Sé claro y conciso, no te enrolles en frases subordinadas que dificulten la lectura y comprensión. Ve al grano. Para eso:

  1. Divide la descripción en secciones.
  2. Usa enumeraciones para que el lector pueda ubicar la información importante con un solo golpe de vista.
  3. Da sólo información relevante y positiva, como asistencia estimada (procura que esté basada en datos reales, como de otros eventos que hayas realizado previamente), tipo de show, qué artistas lo componen, qué lo hace especial o diferente…

Piensa que le vas a dar el dossier a alguien que tiene que leer un montón de documentos parecidos en su jornada laboral, por lo que no lo va a leer entero e irá directamente a los puntos que tenga que valorar. De nada sirve trabajar un dossier de 500 páginas con engorrosos párrafos si luego nadie lo va a abrir.

También debes usar imágenes o videos. Una imagen vale más que mil palabras, y por muy bien que describas tu show, nada lo explica mejor que verlo por uno mismo. Adjunta fotos donde se vea cuanto público hay, su actitud entusiasta, de los artistas, y todos aquellos elementos que sean destacables. También facilita enlaces a videos donde se pueda ver que tu espectáculo hay que tenerlo en cuenta, y enlaces a redes sociales, si las hubiese.

Añade, si las tienes, reseñas positivas de asistentes que hayan visto tu show previamente. Puedes ponerlas en formato texto o como captura de imagen, pero si además añades un enlace hacia ellas para que se vean que son reales, aún mejor. También críticas positivas: de algún periódico local, de alguna web de temática relacionada…

A partir de aquí empieza la información específica, esto es, lo que realmente estás pidiendo, y no es la misma información para todos. Es decir, tendrás que hacer tantos dossiers diferentes como el número de entes a los que tengas pensado presentarlo. Por ejemplo, si estás vendiendo a un ayuntamiento el espectáculo, aquí detallas las necesidades técnicas que deben facilitarte para llevarlo a cabo, como es el marketing, quien pone equipo de sonido, etc. Pero si es para un patrocinador, esta información no necesita saberla, por lo que en su dossier no aparecerá, y sí lo hará la cantidad de dinero o material que se le pide para ser patrocinador, si es colaborador o en exclusiva, repercusión del evento, etc.

Para el ayuntamiento necesitas poner:

  1. Si quieres venderlo a caché cerrado, a taquilla o porcentaje de ambas.
  2. Precio del caché y/o precio de la entrada recomendado, y ventas estimadas.
  3. Localización del evento (si solicitas un local público a elegir por el organismo y si quieres uno concreto)
  4. Necesidades de luz e iluminación (si se lo pides o lo pones tú)
  5. Necesidades de marketing (qué publicidad se tiene pensado hacer y por quién)

Para un patrocinador necesitas poner:

  1. Aforo del recinto donde se celebre.
  2. Precio de la entrada.
  3. Cómo se va a realizar la promoción del evento (carteles, prensa, radio…).
  4. Qué le ofreces al patrocinador: aparecer en los carteles o cualquier otro medio de promoción del evento, stands en el recinto, menciones durante el espectáculo, si hay photocall con su marca…
  5. Si el patrocinio es económico o en especie, y su valía (el precio siempre lo último, primero haz que quiera formar parte).

Una vez tengas terminado el contenido, cuida la imagen. Un dossier hecho con Word sin más tratamiento que lo que este programa ofrece, puede dar la sensación cutrez. Si el dossier es así, el espectáculo estará igual de poco cuidado. No te cierres la puerta antes de entrar. Se puede diseñar una plantilla con Photoshop u otro programa de diseño para que quede profesional, donde se crea una imagen elegante para cada página. Luego, juntar todas esas imágenes en un pdf. Si no sabes cómo hacerlo, contrata un profesional. La inversión es recuperable. No merece la pena, para el ahorro que supone, perder posibilidades de vender tu show por un dossier que no está a la altura. Si necesitas ayuda, en AC Espectáculos te asesoramos y realizamos tu dossier.

(By Antonio Castejo)

3 trucos para aumentar el valor percibido de tu show

En el artículo anterior expliqué cómo calcular el precio de la entrada de tu show, y uno de los pasos era averiguar cuanto estaba la gente dispuesta a pagar por verte hablar sólo. Pero, ese valor ¿se puede aumentar de manera artificial?

Lo puedes aumentar de manera orgánica, a través de comentarios positivos. El sustituto online del tradicional boca a boca son las reseñas en páginas de eventos y de venta de entradas. Cuanto mejores sean las valoraciones, más aumentará el valor percibido por el público, de modo que cuidando tu show para hacerlo cada vez mejor, conseguirás que aumente su valor.

Sin embargo, existen ciertos trucos para elevar un poquito más ese valor.

1.- Uno de esos trucos es el de elementos premium. Seguro que habrás visto en otros eventos cómo no tiene un precio único de entrada. Aparece primero un precio demasiado barato, en el que apenas hay localidades porque o bien es la última fila, o está demasiado escorado al lateral, etc. Luego aparece uno o varios precios medios, que son los precios reales del show, las localidades que la mayoría de la gente adquirirá. Y finalmente unas pocas localidades a unos precios tal vez demasiado elevados para la mayoría del público, que suelen ser primeras filas, mesas, o que incluyen alguna ventaja como alguna bebida gratis o regalo exclusivo. Esto hace que la gente que vaya a ver cuánto cuesta tu show, vea que parece ser que hay gente dispuesta a pagar precios astronómicos por verte, y el circuito de su cabeza casi inconscientemente hace que aumente su percepción sobre el valor de tu show, y que las entradas de precio medio le parezcan hasta baratas.

Plantéate ofrecer un valor añadido a tu show a cambio de unos eurillos más (acceso anticipado con preshow, una copa con el artista después, foto firmada, regalo de merchandising…) y verás cómo aumenta tu venta de entradas.

2.- Otra manera de aumentar el valor (también basado en la diferencia de precio) es que, si por ejemplo tu evento dura más de un día, o vas a dar varios pases porque la sala es más pequeña que tus previsiones de asistencia, pongas distintos precios para cada una de ellas.

Por ejemplo, si das en una sala un precio distinto a tu pase del sábado (20€) que a tu pase del domingo (30€), hará que la gente que piense que tu espectáculo es menor, al ver el precio del domingo creerá que el precio del sábado es una oferta a aprovechar, mientras que los que valoren mejor tu espectáculo preferirán pagar más para verlo más cómodo (creerán que habrá menos gente, que será más largo, que habrá alguna sorpresa que los del sábado no verán…)

Y aquí el bonus track: ORDENA SIEMPRE LOS DISTINTOS PRECIOS DE MAYOR A MENOR. Sí, ya sé que yo aquí para explicarlo lo he hecho al revés, pero como todo funciona a nivel psicológico, las personas usamos como referencia lo primero que vemos. Si el precio que vemos primero es el más barato, creeremos que ese es su precio y que todo lo demás es demasiado caro. Así que si primero vemos el caro, todo lo demás nos parecerá barato, y compraremos cualquier entrada que no sea la primera.

3.- Otro truco es el de generar urgencia. Nada vende más que hacer creer que te vas a quedar sin él. Cuando la gente se lo piensa mucho, lo más probable es que finalmente lo deje pasar. Hay que obligarles a actuar, que no se lo piensen. Un truco que usan muchos festivales es el de colgar el cartel SOLD OUT. Obviamente no se refieren al total de entradas, sino a algunas de las divisiones en los rangos de entradas que hacen. Por ejemplo, en la venta anticipada ponen unas pocas entradas a precios realmente especiales para los primeros que compren. Así, al acabarse tan rápido (por que son muy pocas, e ahí la trampa) ponen el cartel de todo vendido y sacan el siguiente rango a un precio algo mayor donde a la gente ya empieza a notarse el nerviosismo y a comprar algo más compulsivamente. Y así las veces que sean necesarias.

(By Antonio Castejo)

Cómo elegir el precio de la entrada de tu show

Muchos somos los cómicos que hoy día autoproducimos nuestros espectáculos. O programamos salas. O simplemente nos contrata alguien y nos pide consejo sobre el precio de la entrada porque no tiene experiencia previa y no sabe qué hacer.

Ponerle precio a tu show es un detalle a mimar con cuidado. Hay que buscar un equilibrio entre tus pretensiones económicas y lo que el público está dispuesto a pagar por verte, y a veces cuesta encontrar el punto óptimo. Si cobras demasiado caro, es posible que la gente prefiera no rascarse el bolsillo, pero si es demasiado barato no llegarás ni a cubrir gastos. Máxime que cuando el precio del espectáculo es irrisorio mucha gente pensará que si cobra tan barato es porque no merece la pena.

1.- Lo primero es calcular el precio de coste. Esto es, dependiendo de la capacidad de la sala donde se llevará a cabo el evento, dividir la cantidad total de dinero que te vas a gastar en toda la elaboración, entre el número de butacas. Por ejemplo, si tu caché o el del artista contratado es de 300€, el alquiler de la sala y/o equipos de sonido asciende a 500€, y en publicidad gastas 200€, pues necesitarás 1.000€ para recuperar la inversión. Si la sala tiene una capacidad para 200 personas, 1000/200= 5€. Ese será el precio mínimo por cobrar.

2.- Lo siguiente es averiguar cuánto está la gente dispuesta a pagar por ver el show. Independientemente de la capacidad de la sala, el público tiene más o menos claro cuánto cuestan para ellos estas cosas, y si verán recompensada la inversión. Obvia decir que esta percepción es subjetiva, que cada uno pone el listón donde quiere, y que no existe una fórmula mágica para averiguarlo. Debes tirar de tu experiencia previa, de la asistencia a tus bolos anteriores, viendo los precios de espectáculos similares al tuyo, y hacer una media. Además, en muchos sitios se ofrece un valor añadido al espectáculo como son primera copa gratis, o cena espectáculo. Eso se suma a lo conocido o no que sea el artista, por lo que la gente calculará más o menos cuanto cree que vale la pena pagar por asistir. Siguiendo con el ejemplo anterior, imagina que, teniendo en cuenta todas estas variables, llegas a la conclusión que la gente está dispuesta a pagar 12€ por oírte hablar.

3.- Y para terminar, lanzas la oferta. Si pones de precio la media de lo que la gente esté dispuesto a pagar por ti, obtendrás una asistencia media a tu evento. Para maximizar la asistencia, necesitas rebajar el precio del punto dos, con el fin de que el público tenga la percepción de que está comprando algo a muy buen precio, y los dudosos definitivamente decidan asistir. El precio deberá estar entre el valor de coste (en el ejemplo 5€) y el valor que le da el público (en este caso 12€). Que esté más cerca de uno que de otro ya depende de lo que te guste el riesgo.

Yo particularmente me inclinaría (sin acercarme demasiado) al precio del punto dos, porque todo lo que esté por debajo del valor del público ya inclina la decisión del público a favor, pero es que además podrías sacarle unos eurillos más para algún gasto imprevisto que no hayas tenido en cuenta. En el ejemplo, 10€ sería, repito que en mi opinión personal, el precio óptimo.

Pero ¿cómo hacer para que aumente el valor que el público le da a un espectáculo? Te lo contaré en el siguiente post.

(By Antonio Castejo)

Mind Mapping

Cuando se nos ocurre un tema del que hablar, tenemos que desarrollarlo, sacar los puntos claves para crear los chistes. Si nos ponemos a crear sobre la marcha, es probable que nos quedemos sin ideas muy pronto, y nuestro texto sea más corto de lo que queríamos. Has tenido una buena idea, se te ha ocurrido un tema maravilloso del que hablar, pero no has podido sacarle todo el jugo.

A veces ocurre al contrario, se te ocurre un chiste que te gustaría meter en tu espectáculo, pero no pega con nada de todo lo demás de tu repertorio, queda demasiado postizo, y decides no usarlo, desperdiciando tan buen gag.

Ante estas situaciones, lo que toca es ampliar ese tema. Un buen Mind Mapping ayuda bastante. El Mind Mapping es una herramienta muy usada en todas las materias, no sólo para escribir humor. De hecho, los mapas conceptuales se enseñan en la educación obligatoria, es cultura general, todo el mundo debería saber qué son y cómo se hacen, pero lo explicaré de todas formas. Ahí va:

Es tan sencillo como meter en un recuadro el tema principal, y de ahí ir sacando flechas hacia todos los conceptos que se te ocurran que tengan que ver con dicho tema principal, encuadrándolos también. Y a partir de cada unos de esos conceptos, volver a repetir la operación con sus correspondientes flechitas hacia subconceptos también en su recuadro, y así hasta que ya no se te ocurra nada más. Veamos un ejemplo.

Si quieres hablar sobre coches, pones la palabra en su recuadro Para comprarlo tienes que ir al concesionario, puedes dar una entrada, un coche viejo, pedir un préstamo, comprar nuevo o de segunda mano, hacer un renting… Si haces un renting, hay un tope de kilómetros… Tendrás que ir al taller, bien para que te pasen la ITV, o para mantenimiento o por avería. Cada uno de estos conceptos tienes su propio mind mapping, mantenimiento puede ser cambios de aceite, filtros… Te haces un seguro y puede ser a todo riesgo o a terceros. Si es a terceros, puede ampliado con incendio,robo y lunas… Puedes tener un accidente, por lo que tendrás que llamar al seguro e ir al taller. Como ves, aquí los conceptos se cruzan entre sí.

En definitiva, ir tirando del hilo todo lo que se pueda, hasta que tengas un esquema con un montón de cosas sobre las que hablar. Ahora toca estrujarse los sesos para convertirlo en carcajadas. Pero eso son ya otras herramientas…

(By Antonio Castejo)

Cobrar o no cobrar entrada

comprarentradas 

En uno de los apartados del post sobre cómo salvar el Stand-Up ya hablé sobre el tema. Conté la historia de un local de mi pueblo, uno de los pioneros en programar monólogos en España, que acabó desistiendo. Un claro ejemplo de cómo a pesar de tener un gran potencial, la mala gestión puede acabar arruinándolo.

Estoy a favor de cobrar entrada siempre, por las siguientes razones:

1.- La predisposición.  Es muy importante, como también dije en el post anterior. Y es que cuando algo te cuesta dinero estás más predispuesto a amortizarlo que cuando es gratis.

2.- Filtro. En muchos locales no cobran entrada porque el dueño quiere que vaya cuanta más gente mejor. Eso provoca que entre gente sin ningún interés en ver el monólogo, que se sientan a hablar entre ellos, molestando a los que sí quieren ver el espectáculo, a veces incluso echándolo a perder, generando el descontento de la gente predispuesta, la cual probablemente no vuelva.

3.- Rentabilidad. Cuantos más gente mejor, piensan los dueños de locales a los que hago referencia en el punto anterior. Pero están equivocados. En cualquier manual de ventas te enseñan que siempre es preferible tener pocos buenos clientes, que muchos malos. Por ejemplo, es preferible que vayan a ver el monólogo veinte personas que paguen su entrada y que pidan una media de dos consumiciones cada una, a que entren cien que ni pagan entrada ni consumen. Lo he vivido muchas veces: actuar en locales a reventar y luego hablar con el dueño y decirme que apenas ha hecho caja. Como también he visto justo lo contrario.

4.- Publicidad. Un espectáculo en directo puede ser un negocio rentable al día, pero también una herramienta de marketing. Al programar un espectáculo, tienes que publicitarlo. Se hacen carteles, flyers, cuñas de radio, etcétera, lo que da visibilidad a tu negocio, lo da a conocer, y aumenta su imagen de marca. Aunque la gente no vaya a ver el espectáculo, tu negocio ya está en sus cabezas, y puede que vayan otro día, aunque no haya espectáculo, a tomarse algo. Pero si van al espectáculo, es muy importante que estén a gusto, porque volverán. Acabas de captar nuevos clientes. Ahora tienes que fidelizarlos. Unificando los tres puntos anteriores, la gente que paga entrada está predispuesta y han pasado el filtro de clientes de valor, por lo que son más rentables. Si esa gente no ve el espectáculo a gusto, se está generando una mala publicidad hacia tu local, espantando a esos clientes de valor.

Desde luego, que un espectáculo sea un éxito no depende sólo de cobrar o no entrada. Hay más factores. Pero de eso ya hablaré en otro post.

¿Tienes tú algún pro o algún contra sobre cobrar entrada? Cuéntamelo.

By Antonio Castejo

Medidas para salvar el Stand-Up en España

puzzle-color

La burbuja de los monólogos cómicos hace ya tiempo que estalló en este país. Con unos inicios que prometían muy felices, llegó el intrusismo, la masificación, las malas artes, la falta de escrúpulos y la dejadez, tanto por el que ofrece como por el que demanda, que ha derivado en un trabajo precario y de mala calidad.

Obviamente no estoy hablando de todos por igual. Hay cómicos muy profesionales, salas que son un lujo, programadores y representantes que se merecen su sueldo… Pero la cosa ya no es lo que era. Sueldos indignos y mala organización están haciendo que el negocio no sea rentable para nadie. Salas que pierden dinero con cada actuación, cómicos que necesitan otro trabajo para llegar a fin de mes…

A continuación propongo una serie de medidas que, a mi entender, servirían para profesionalizar un sector demasiado dejado al libre albedrío. Ahí van:

1.- Solo podrán trabajar los cómicos con licencia. Antes, para que una sala te contratara, te preguntaba: ¿Pero tú has grabado en Paramount? La cadena servía como garantía de calidad, y era el objeto de deseo de todo aquel que quería dedicarse a esto. Pero la prohibición de subir videos a youtube, y la búsqueda del más barato todavía de los locales, han devaluado el poder del sello televisivo. Hay que recuperar eso. Necesitamos un distintivo. La idea sería crear sociedades o algún tipo de instrumento que garantice que un cómico es un profesional. Al igual que un abogado no puede trabajar si no está colegiado, y no puede colegiarse si no acaba la carrera, los cómicos deberíamos «simular» esta situación. Para trabajar debes presentar tu carnet de colegiado en comedia, por llamarlo de alguna manera, y para colegiarte, hacer un tipo de curso, en escuelas oficiales, que garantice que eres un profesional de calidad. Ni que decir tiene que esto debe hacerse de manera legal, mediante el ministerio de educación, y no haciendo grupos de cómicos como si fuésemos bandas urbanas. Todo legal.

Alguno me dirá que hay cómicos con un talento innato y que no les hace falta ningún curso para demostrar su calidad. Y es verdad. Pero la medida no es tanto para medir la calidad (que también, ya que estamos. El curso habría que aprobarlo, no sólo asistir), sino para evitar el intrusismo. Hay cómicos con un Don, pero otros no, y se cuelan en el circuito de la misma forma, cerrando salas y hundiendo el negocio. Además, si tienes el Don, el curso para ti será un mero trámite. Nada de qué preocuparse.

Entonces, los cómicos que están empezando ¿cómo cogen tablas si no pueden actuar? Claro que pueden actuar. Para esto están los concursos y los espectáculos de micro abierto, donde la gente asiste a sabiendas que habrá cómicos amateurs y que van a la sorpresa. Lo que no pueden hacer son bolos profesionales, donde la gente que va es porque tiene la garantía de que va a ser un espectáculo en condiciones. Que para eso ha pagado entrada. Porque hay que…

2.- Cobrar entrada siempre. No estoy diciendo de cobrar mucho, pero si algo, aunque sea simbólico, una consumición obligada, no sé, algo, lo que sea. Esto actúa de filtro. Si el espectáculo te cuesta dinero, quieres amortizarlo, y estás pendiente. Así se evita gente que entra porque pasaba por ahí, que no le interesa el show, y que se sienta al fondo a hablar sin dejar escuchar a los demás. ¿Los niños también pagan? Sí. ¿Por qué? Para que no los lleves.

Cuando le digo esto al dueño de un local, me dice: es que si cobro entrada no viene nadie. Entonces le cuento la historia de un local que hay en mi pueblo, que llevaba haciendo monólogos desde el principio, donde han actuado los ahora mejores cómicos de España, entonces desconocidos. Yo he ido allí, pagado mi entrada, reírme hasta el flato, pedir otra cerveza cuando se me acababa la que tenía, y pensar que a mí también me gustaría poder hacer eso algún día. El negocio salía rentable, y lo sé porque yo mismo he organizado y la cosa funciona. Así sí funciona. Pero la avaricia rompe el saco, y el dueño del local pensó que si no cobraba entrada iría más gente aún y ganaría mucho más dinero en copas. Acertó a medias. Sí es cierto que iba más gente aún. Se llenaba el bar hasta tal punto que era imposible acceder a la barra. Yo he seguido yendo a ese local y pasar todo el espectáculo seco, porque era imposible pedir, a parte de tener que utilizar un periscopio para ver algo porque los más altos se ponen siempre en las primeras filas, los cabrones. Entonces el dueño empezó a quejarse de que la gente no consumía, que perdía dinero, contratando a cómicos cada vez más baratos (y peores, todo hay que decirlo), hasta finalmente retirarse por completo.

Por eso digo que es bueno para el local, porque es preferible que vaya menos gente, pero que consuma, a que se llene el bar y no tener que abrir la caja registradora en toda la noche, y bueno para el cómico porque cuesta menos ganarse a un público que ya viene dispuesto de casa.

«Es que si cobro entrada no viene nadie». Si no hay locales con entrada gratuita, si todos cobran entrada, quien quiera ver comedia tendrá que pagar. En los teatros se paga sin rechistar, ¿por qué en lo bares no, si es menos dinero además con consumición? Claro que la gente quiere pagar. Lo que no quiere es pagar por un espectáculo de mierda, pero si hay garantía de que es de calidad, claro que paga.

3.- Cachés altos. No estoy diciendo de cobrarle a un local miles de euros, pero sí un salario digno y justo, que te mereces si eres un profesional como indicará tu número de colegiado, y que además sirva para disuadir a locales cutres. Me explico:

Antes de la burbuja había pocos locales que hiciesen comedia. Antes de una debacle que ha ido creciendo como una bola de nieve, los precios restrictivos hacía que tuvieses que desplazarte al pueblo de al lado si querías ver un monólogo en directo, hacía que tuvieses que esperar hasta el día de la semana o del mes en que había actuación y te organizabas para no perdértelo. El local que se arriesgaba atraía a la gente de su municipio y a los de al lado. Se petaba. Generando la envidia de los demás locales que también querían pero no podían o no se arriesgaban. Pero entonces llegaron las rebajas y de repente podías encontrar en el mismo pueblo varios locales que ofrecían monólogos el mismo día de la semana, y así varios días de la semana. Con tanta oferta, estás tú que la gente iba a ir a ver el espectáculo. Si no voy hoy, voy mañana, y si no pasado, y si no al otro, y así lo vas dejando hasta que te das cuenta que llevas más de un año sin ver un directo. Y si a eso le sumas el intrusismo de mala calidad, que para una vez que haces el esfuerzo de ir resulta que no te ríes, pues la próxima vez te lo piensas.

Por eso un caché más alto no sólo es bueno para el cómico, que ve recompensado su trabajo (escritura, ensayo, prueba, reescritura, reensayo, reprueba… desplazamientos, trabajar noches y fines de semana, dormir lejos de tu familia, kilómetros y kilómetros… «Es que cobráis mucho por sólo una hora». ¡Una polla!), sino también bueno para los locales, porque ya no tendrás otro monólogo la misma noche en el bar de al lado. Restringe a los locales de poco tamaño y su quiero y no puedo, pero sobre todo, al igual que el público que cobra entrada va con otra actitud al espectáculo, al local al que le cuesta dinero el show se lo curra más, pone más publicidad y hace lo posible porque se llene. Que he visto locales hacer dos carteles a mano para ponerlos dentro del local, y luego no entender cómo era posible que no hubiese ido nadie.

Si obligamos a los locales a pedir el certificado, número de colegiado o como lo queramos llamar, habrá menos cómicos. A menos masificación, más oferta de trabajo para los cómicos realmente profesionales. El negocio volverá a ser rentable y se acabará el actual «bajarse los pantalones», incluso haciendo…

4.- Factura siempre. ¿En serio? ¿Pagar impuestos? Entonces gano menos.

Si tú quieres ganar 300€, pues cobra 350, que tras pagar los impuestos se te quedan tus 300 limpios. Operación matemática sencilla.

-Pero hay muchos locales que no quieren factura.

Sí la quieren. Lo mismo no lo saben, pero sí la quieren. Explícaselo. Al que cobra no le interesa facturar, porque así se ahorra los impuestos, pero al que paga SIEMPRE le interesa tener factura, porque cuanto más gastos, menos IRPF paga al hacer el trimestre, y porque el IVA se lo deduce.

-¿Y los cómicos que tengan poco trabajo? ¿Cómo van a pagar el autónomo?

Hay soluciones para todo. Por ejemplo, los artistas tienen una modalidad de seguridad social en la que sólo te aseguras los días que trabajas. Por otro lado, varios cómicos podrían formar una sociedad y facturar a través de ella, haciéndote un seguro como trabajador por cuenta ajena sólo por los días trabajados. Yo lo hago continuamente. Eso sí, apenas cotizas, por lo que te conviene aumentar el volumen de trabajo para poder asegurarte a jornada completa. Pero es una solución para épocas de vacas flacas.

Además, hay que hacer factura, a parte de porque es lo que hay que hacer, que hacienda somos todos, y todo eso, porque será necesaria como garantía de seguridad si se ponen en marcha las medidas anteriores, ya que para evitar fraudes será necesario contar con un..

5.- Organismos independiente que denuncie a infractores. Tanto a cómicos que actúen sin licencia, como a los locales que los contraten. A los que no respeten los cachés. A los que no hagan factura. A los que no cobren entrada… En definitiva, de nada sirve crear unas pautas de trabajo si luego no se respetan y tampoco se denuncian. Muchos cómicos comentan (se quejan) con otros cómicos sobre malas artes de locales y compañeros, pero no denuncian ni se quejan en público por miedo, por evitar malos rollos, porque programa y entonces perderé trabajo, etc. Tanto cómicos como locales podrían denunciar de forma anónima la competencia desleal, y el organismo denunciar en su propio nombre al infractor. Y se acabaría tanta tontería.

Resumiendo, habría que convertir en oficiales las escuelas de comedia que hay (y las que surjan), para que sólo a través de ellas se pueda obtener una licencia o número de colegiado, sin el cual no se puede trabajar, establecer una tabla de sueldos oficial, obligar a los locales a solicitar licencia, factura y cobrar entrada, y que nadie se calle y denuncie a quien no cumpla las normas.

Obviamente, esto son sólo directrices, habría que completar y matizar (se aceptan propuestas), y probablemente haya algo que sea irrealizable y/o sea necesario hacerlo de otra forma. Pero es un camino. El negocio se puede levantar, sólo hace falta compromiso.

(By Antonio Castejo)

 

La evolución del Stand Up en España

Mucha gente está empezando a pedir a gritos que pasemos ya de nivel, que demos el siguiente paso, que evolucionemos de una p*ta vez.

El Stand Up en España está estancado casi desde que empezó.

Irrumpió con fuerza por el año 2000. Aunque ya existía antes, era muy minoritario, y fue al surgir El Club de la Comedia y Paramount Comedy (ahora Comedy Central) cuando se masificó hasta alcanzar los niveles actuales.

Temas cotidianos. Lo que nos pasa día a día, las parejas, las fiestas, el sexo… Temas recurrentes repetidos hasta la saciedad por los más de mil cómicos que hay actualmente en España (censo no oficial).

Poco a poco se ha ido buscando la originalidad: pues yo voy a hablar del cuarto de baño, pues yo de los móviles, pues yo de películas y series… Pero no dejan de ser temas cotidianos introducidos por el ¿no os pasa que…? o el viniendo para aquí, que por mucho que nos empeñemos en buscar un tema que aún no haya tratado nadie, hasta que no se cambie la forma en la que se aborda seguiremos estancados.

Pero, ¿depende todo de nosotros los cómicos? Yo creo que no. Los cómicos y nuestro público debemos avanzar de la mano, y no podremos dar el siguiente paso hasta que la gente no esté preparada para que lo demos. Me explico.

No sé si es debido a que el carácter de los españoles es así, o es porque en tema de Stand Up aún estamos en pañales, pero entre el año 2000 hasta el día de hoy, la estructura del monólogo a ido buscando el mayor número de risas por minuto. No digo que eso sea malo, pero tiene un inconveniente: son premisas muy cortas que te obligan a abusar de comparaciones y exageraciones, y en definitiva no te deja salir del tema cotidiano en esencia, por mucho que te esfuerces en rebuscar temas no trillados.

Sin embargo, en Estados Unidos no tienen esa presión de hacer reír cada 20 segundos. Los grandes cómicos americanos (en youtube hay a patadas vídeos subtitulados) te cuentan una historia, te transmiten un mensaje, te expresan su opinión, su punto de vista, y sobre todo mucha crítica social, y te meten el chiste cuando tienen que hacerlo. Los escuchas, porque lo que están diciendo es interesante, y te ríes cuando toca, porque de eso se trata.

Pueden estar perfectamente con una premisa de tres minutos sin que el público pierda la atención, y rematarte el chiste sin que pierda la gracia. Eso aquí en España hoy por hoy es imposible. He puesto a mis amigos vídeos de los cómicos más prestigiosos americanos, de los que llenan estadios, y enseguida se despistan, por que no conciben ver eso sin reírse tres veces por minuto, que qué cómico más malo.

Esto es un ejemplo de, como ya dije en el post anterior, que en caso de pinchazo no toda la culpa es del cómico, que el público también tiene algo de responsabilidad. Como también tiene algo que decir para que la comedia española evolucione. El público debe estar dispuesto a eso, a escuchar un mensaje aunque no te guste, que te cuenten verdades distintas a las tuyas, a ver el mundo desde fuera, sin sentirte atacado personalmente.

Esto último, lo de atacado personalmente, lo digo pensando en la política. Vuelvo a decir que no sé si es nuestro carácter, o es que no estamos preparados, pero si haces un monólogo de un determinado color político, un sector de la audiencia se sentirá como si lo estuvieses insultando a él en concreto. En España hay muchos cómicos que se niegan a hablar de política y religión porque la gente es incapaz de verlo como lo que es, un monólogo de humor. Mientras la gente no sea capaz de reírse de uno mismo, nosotros no podremos dar el siguiente paso, y tendremos que seguir hablando de la zapatilla de mi madre, aunque nos pese.

Hay que educar al público, hay que orientarlos hacia una nueva forma de hacer comedia, pero a ver quién es el guapo que se come la mierda para asfaltarle el camino a las próximas generaciones.

¿Humor inteligente?

Entre mi rutina habitual suelo meter chistes nuevos, camuflados, para ir probándolos a ver que tal funcionan. No hace mucho probé un chiste sobre un estudio científico reciente, tras el cual se oyen las carcajadas de una sola persona de entre todos los asistentes.

Al acabar el espectáculo, dicha persona se me acercó y me dijo, que tuvo que explicárselo a sus acompañantes porque nadie más lo había pillado.

Que luego el chiste no tiene por qué ser bueno, puede ser más malo que el vino de un restaurante chino, no digo que no, pero para poder valorarlo, primero hay que entenderlo.
Lo probé un par de veces más con idéntico resultado, y finalmente lo deseché.

También me pasó una vez, actuando en un pueblo de interior de una provincia del norte, que toda la gente que había ido a mi show me miraba con cara de póquer, ni un aplauso, ni una carcajada, ni una leve sonrisa, nadie, además, ni interrumpiendo ni nada, yo no sabia si habían dejado de respirar o qué, que parecía que estaba actuando en el museo de cera. Suelo aprovechar los aplausos para beber agua, para no frenar el ritmo, pero como ahí no aplaudía ni dios, decidí saltarme la regla para hidratarme puesto que tenía la boca mas seca que el coño de la madre superiora. Acabé el chiste y bebí agua. Ante esa pausa mas larga de lo normal, cual no sería mi sorpresa cuando a medio trago empieza todo el mundo a reírse. Todos. ¿Qué ha pasado? Comprobé la bragueta por si acaso. Todo ok. ¿Entonces? A ver si es que son un poco lentos…

En efecto. Decidí hacer la prueba, y a partir de ahí, donde yo sabía que tocaba reírse, hacía las pausas más largas, dándoles tiempo. Todo un éxito. Lástima no haberme dado cuenta antes, porque ya casi había terminado.

Cuando definitivamente acabé, me meto en la oficina (almacén) con el dueño, que aparte de pagarme, me regaló una camiseta promocional del local y, sin preguntarle yo nada, me dijo: «no te preocupes, llevo tres años haciendo monólogos y a todos los cómicos que vienen les pasa lo mismo. El último que vino, un tal Vaquero (hace tiempo de esto, ¿eh?) se comió una mierda también». ¿No ha funcionado ninguno?, quise saber. Solo Juanjo Albiñana, me contestó (Juanjo, si estas leyendo esto, yo no sabría cómo tomármelo).

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que hay algunos cómicos que no dan su brazo a torcer en cuanto a lo de que el público es soberano, que si pinchamos la culpa es 100% nuestra y nunca en ningún caso y bajo ningún concepto el público tiene algo que ver, bla bla bla. Gilipolleces. Eso lo dirán para hacerse el guay y/o sentirse superiores. Que me disculpe si algún compañero se da por aludido, no es mi intención ofender, pero si eso fuese verdad, no habría, por ejemplo, hecklers. Los hecklers también son público.

El público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que no ha terminado la ESO… Perdón. Reformulo la frase teniendo en cuenta cómo está la educación en este momento en este país: el público puede ser todo lo soberano que quieras, pero a mí que no me venga un tío que ha terminado la ESO sin haber hecho ningún mérito para conseguirlo, a juzgar mi trabajo, porque no.

El público confunde normalmente la objetividad y la subjetividad. Si a mí no me gusta, es malo, y si me gusta, es la polla. Clases de humor hay muchas, y a cada uno le gusta la suya, y eso no quiere decir que el resto sea basura.

Y pasa con todo. El mejor futbolista del mundo siempre es el que juega en tu equipo, el resto son unos mantas. El músico que merece todos los premios siempre es tu favorito, y los demás no tienen ni idea. Y así con todo. Mientras no seas capaz de decir «aunque a mí no me gusta este cómico, reconozco que es bueno» tu opinión no me merece ningún respeto.

No quiero decir que desprecie al público. Todo lo contrario. El público es sabio, soberano y respetable, para ellos hacemos lo que hacemos, no hacemos lo que nos gusta a nosotros sino lo que les gusta a ellos, probamos nuestros chistes para ver si son de su agrado, oh majestad, y así tener un espectáculo por y para ellos, y con ello reconozco que cuando pinchamos, la mayoría de las veces es culpa nuestra. Sólo digo que no siempre, o no toda la culpa es nuestra, porque hay algunos casos que… tela.

En esto del humor inteligente me gusta poner como ejemplo a Ignatius Farray. Para mí, es el cómico español actual que mas referencias culturales introduce en su espectáculo. Siempre que veo algún espectáculo nuevo suyo hay algún momento en el que pienso, hostia, eso que acaba de decir, sé que hay chicha, lo noto, pero no lo he pillado. No lo he entendido. No estoy a la altura como público (que sí, que luego se tira 20 minutos haciendo el grito sordo, pero fíjate tú, y esto es una suposición mía, opinión personal, que con el grito sordo realmente se está riendo de nosotros por ser tan simples).

También es verdad que humor inteligente no significa hablar forzosamente, por ejemplo, de ciencia. Una cosa es conocer determinados parámetros culturales, y otra distinta que no puedas pensar un poco, gandul. Puedes hablar de temas cotidianos, dándole un poco la vuelta para que te comas el coco. Humor inteligente no significa que tengas que tener un coeficiente de 150 para entenderlo, pero desde luego no es decir todo el rato «si no es por no ir…»

Y ahora es cuando viene la moraleja de esta historia: es decisión de cada cómico elegir entre hacer humor inteligente de verdad, en el que seas el no va más entre eruditos, pero te comas mojones como casas en según que sitios, o hacer un humor mas simplón, donde llegarás a todo el mundo, a listos y a tontos, pero donde un sector se cansará de ti por hacer siempre lo mismo, por no profundizar.

Eso ya, cada uno.

Ojo, no he dicho que por hacer humor no inteligente significa que seas tonto. Una cosa es tú, y otra lo que hagas y a quien vaya dirigido. Los programas infantiles no los hacen niños.

(By Antonio Castejo)

¡Deja de quejarte, envidioso!

En realidad iba a titularlo «Hazlo tú mismo», pero así queda más llamativo.

Hay muchos cómicos en España, y no hay sitio para todos en lo más alto. Continuamente oímos noticias que nos alegran, sobre compañeros que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, y deseamos con ansia e incertidumbre que ese momento llegue. También continuamente oímos noticias que nos cabrean, sobre compañeros que nos caen mal (por el motivo que sea) que llegan arriba, que consiguen cosas, y sentimos esa punzada de envidia porque a nosotros también nos gustaría estar ahí, porque nos lo merecemos más que el imbécil ese, porque somos mejores profesionales que él, y deseamos con ansia e incertidumbre que se muera de una vez.

Queremos cosas pero, ¿sabemos realmente qué es lo que queremos? Preguntando a cualquiera la respuesta será «hacer lo que me gusta, porque es mi pasión, es mi vida, porque disfruto y es de lo que quiero vivir». Y la mayoría lo dirán en serio, con convicción y con el conocimiento exacto de lo que eso significa.

Pero el teléfono no suena. Mientras vemos en televisión o en internet la de compañeros que están haciendo cosas, nuestro teléfono no suena. Y esperamos, y esperamos, y esperamos. Y más y más compañeros haciendo cosas. Pero nuestro teléfono sigue sin sonar. Y te preguntas a ti mismo: ¿Cómo lo consiguen? ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué a ellos los llaman y a mí no? Y empiezas a hacer suposiciones, conjeturas. Y acabas creyéndotelas. Y acaba cayéndote mal algún compañero que no te ha hecho nada. Acaba cayéndote mal algún compañero al que probablemente ni conoces, salvo por el Facebook. Te preguntas a ti mismo, y tú mismo te respondes, pero, ¿has probado a preguntarles a ellos? Puede que la respuesta sea más sencilla de lo que parece.

No esperes a que te llamen. Levanta el culo. Te dicen que con trabajo, tesón y esfuerzo llegarás lejos y las ofertas llamarán a tu puerta. Puede que sí, pero probablemente no. Y no porque tu trabajo no sea de calidad, sino porque probablemente no saben que existes. Hay muchos cómicos en España. Es imposible que todo el mundo conozca a todos, simplemente somos demasiados, y la demanda no es tan grande. Te llamarán algún día, pero eso no es suficiente para vivir.

Levanta el culo. No esperes a que te llamen. Hazlo tú mismo. Si de verdad es tu pasión, si lo que realmente quieres es trabajar en eso, lo harás. Si quieres actuar en bares, pero no te llaman, ofrécete. Si quieres ser escritor, pero nadie publica tu libro, ahí tienes la autopublicación de Amazon. Si quieres ser columnista pero ninguna a revista o periódico le interesas, ábrete un blog. Si quieres presentar un programa pero nadie te lo ofrece, ahí tienes youtube. Tienes una idea cojonuda para una serie pero nadie te la produce, de webseries está plagado internet.

-Ya, pero eso no tiene repercusión ninguna. Eso lo ven cuatro gatos. Yo lo que quiero es salir en Antena3 y/o La Sexta.

Entonces tú realmente no quieres trabajar en eso, ni lo amas, ni tienes pasión, ni nada. Tu lo que quieres es fama y dinero, y para eso están los realities de Telecinco.

Es como si me dices que tu pasión es jugar al fútbol, pero en el Real Madrid o el Barça, que para jugar en el Ponferradina, pasas. Entonces tú no quieres jugar al fútbol. Lo que quieres es que Cristiano te invite a su cumpleaños.

Si realmente lo que quieres es trabajar en lo que te gusta, lo harás donde sea. En las cadenas de máxima audiencia es muy difícil meter la cabeza. Tienes que adaptarte mucho a su linea, a sus contenidos, y a veces te verás obligado a aceptar cualquier cosa aunque no sea realmente lo tuyo, lo que quieres hacer, sólo por no dejar escapar la oportunidad. Pero hay otras opciones, cadenas donde la audiencia no es tan importante, dónde no son tan estrictos con los contenidos, donde puedes tener más libertad a la hora de hacer lo que quieras. O si no, internet.

Que a los famosos tampoco les llueven las ofertas. El trabajo es el que hay, y el mundo de la televisión es demasiado temporal. Puedes conseguir un puesto en un programa, y que al poco tiempo lo cancelen y tengas que volver al paro. Y mientras te vuelven a llamar, ¿qué? ¿Y si no te vuelven a llamar? Hay que buscarse la vida por su cuenta. Los famosos también lo hacen.

Si quieres actuar en un teatro, no basta con crear un espectáculo. Los teatros no te van a llamar a ti. Tienes que llamarlos tú, ofrecerte tú.

Si alguien te tiene que llamar, te llamará. Pero no lo esperes sentado. Muévete.

(by Antonio Castejo)