Monologamia Rec

Anoche vi Monologamia Rec, en Amazon Prime Video.

Sí, ya sé que en un artículo anterior dije que la televisión no es el formato adecuado para el stand-up. Sigo pensando lo mismo, pero desde que Comedy Central (la antigua Paramount Comedy) ya no graba nuevos monólogos (y los que hay no los pone en streaming) y el Club de la Comedia también ha “dejado de existir”, la verdad es que lo echaba de menos.

El stand up en España está atravesando una mala época. Y el coronavirus sólo ha sido una puntilla más, porque la cosa venía de antes. Sin monólogos en los bares, ni en televisión, ni en internet, los amantes de este tipo de comedia hemos recibido Monologamia con los brazos abiertos.

Porque Monologamia Rec no es otro programa de monólogos. De hecho, si quieres puedes encontrar varias formas de ver monólogos en tu televisor, móvil o pc. No están ya los que eran los dos máximos exponentes en España, pero Netflix, por ejemplo, tiene una amplia carta, y en youtube sigue habiendo cosas. Con Monologamia es distinto. No es el típico monólogo de actores famosos, no es el típico monólogo grabado en un teatro, no es el típico monólogo en el que parece que hay dos mundos diferentes, intocables el uno del otro. No. En Monologamia han conseguido hacer que parezca que estás en el local, allí, con ellos. Humor de cercanía. Han conseguido acercarse al monólogo de bar, a pesar de estar en el salón de tu casa.

Con sus cosas buenas y malas, claro. Todo tiene su encanto. No es la grabación perfecta con iluminación maravillosa, risas enlatadas para cuando hacen falta, y grabado varias veces para elegir luego la toma que mejor ha quedado. Aquí, el cómico interactúa con el público, algunos chistes no entran bien, el sonido a veces no es todo lo bueno que se puede desear, vamos, el día a día de un cómico de bar.

Se me saltaron las lágrimas de la emoción. A parte de las risas.

¿Y si nos ponemos a analizar los monólogos? Bueno, hay para todos los gustos. Los dos programas disponibles hasta el momento constan cada uno de seis cómicos, por lo que cada espectador tendrá sus preferencias. Pero una nota es común a todos: ha evolucionado a un humor más social, comprometido.

Lejos han quedado ya los orígenes de este formato en el que todos los cómicos hablaban de cosas tan cotidianas, que todos hablaban de lo mismo. Con el tiempo, los cómicos evitaban repetir temas, pero sin salirse de lo cotidiano. Ahora estamos en la siguiente fase, en la que al texto humorístico no le falta su cuota de crítica social, su moraleja, su enseñanza, en definitiva, un valor añadido que el público, cada vez más exigente venía pidiendo desde hace tiempo.

Desde luego, espero ansioso más entregas. Larga vida a Monologamia Rec.

By (Antonio Castejo)

Dani Mateo y la bandera

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Mi padre me contó una vez que de joven, viendo un Madrid Barsa en un bar, había un comensal en una mesa próxima que cada vez que el equipo contrario hacía una falta se quejaba de lo cerdos cochinos marranos que eran, pero que cuando la falta la hacía su equipo gritaba:

-¡¡Muy bien, la próxima dásela más fuerte!!

Creo que la analogía queda bastante clara, no hace falta explicar más, pero como con esta gente siempre hay algún hervor de menos, lo voy a explicar.

A ver, niños. No os peleéis. Os resumo un poco por encima como va lo de la línea editorial:

El ejemplo más claro es el humor gráfico de los periódicos. Si el periódico tiene una ideología de izquierdas, todas sus secciones tendrán cierto tinte rojo. A la hora de elegir qué noticias se publican, o en cuales se profundizan más, en las columnas de opinión, o como ya he señalado al principio del párrafo, el humor gráfico. El chiste será de izquierdas, meterá caña a la derecha, al liberalismo, a la religión, la monarquía… Por el contrario, si el medio es de derechas, la caña se la meterán a los otros. Tan sencillo como eso. A los de izquierdas no le gustarán los chistes de Mingote, y a los de derechas los de El Roto.

Pues con la tele pasa lo mismo, amigos míos. Por qué no te atreves a sonarte con la estelada, valiente, le dicen algunos a Dani Mateo. Es que la burla siempre viene del mismo lado, le dicen otros. Pues claro que siempre viene del mismo lado. Y si pones Intereconomía o como se llame ahora esa cadena, en sus programas de humor la burla también va siempre del mismo lado. Del otro en este caso, pero siempre del mismo para cada caso. De hecho, tengo un compañero que estuvo trabajando ahí un tiempo, haciendo chistes en contra de su ideología, porque el humor es ficción y el personaje no tiene por qué corresponderse con la realidad, a pesar de que los monguers no lo sepan diferenciar.

Porque al final todo esto es un negocio. Si no hay pasta, no hay negocio. Del mismo modo que las tiendas outlet tienen como público objetivo la gente que está a dos velas y las tiendas de lujo a los millonetis, y enfocan su publicidad en ese público objetivo con el fin de vender más, los medios de comunicación definen su público objetivo a través de la ideología. Porque no se puede gustar a todo el mundo, de modo que se secciona a la población y se enfocan en su parte del pastel. Cabe recordar que a Antena 3 no se le puede juzgar por ser de izquierdas ni de lejos, y sin embargo pertenece al mismo grupo que La Sexta. ¿Cómo te quedas? Porque el jefe supremo de las cadenas puede ser más de derechas que la palanca de cambios, pero como hombre de negocios que es ha querido cubrir ese vacío dándole a La Sexta una línea editorial diferente a sus ideales, del mismo modo que uno de mi pueblo montó un bar Heavy porque no había ninguno, a pesar de ser bakalufo.

Que te ha molestado una broma, pues muy bien. Me parece cojonudo. Pero ya está. Hasta ahí. Que tienes derecho a ofenderte todo lo que tú quieras, pero no de hacer algo al respecto. Si no me gusta lo que hace un cómico en concreto, pues no lo veo, pero no ando por ahí exigiendo que me pida perdón a cada paso que da, y mucho menos su cabeza.

Que luego dicen de hacer boicot a La Sexta. Como si la viesen de antes. Van a perder dos espectadores, a lo sumo. Tres si acaso. Si digo cuatro ya me estoy pasando.

Porque cuando ves El Intermedio ya sabes más o menos lo que te vas a encontrar. Si sabes que no te va a gustar, no lo veas. Pero hay gente a la que sí le gusta. Y hay que respetar los gustos de los demás, aunque a ti no te gusten.

Porque que se sonara los mocos con la bandera nacional te molesta, pero si lo hubiese hecho con la estelada sí te hubiese hecho gracia, ¿a que sí? Porque yo he visto a banderasnuevas aplaudir actos de este tipo, pero al revés ya tal. Pues tú con tus bromitas y yo con las mías, y todos tan contentos. Porque de eso se trata. Todos somos diferentes, y todos tenemos gustos o ideologías distintas, y lo mas relevante en este caso, un nivel de tolerancia diferente también. Cada uno es como es, y todos tenemos el mismo derecho a reírnos de lo que queramos, y de que no nos haga gracia lo que queramos también. Pero hasta ahí. Ya está. No hay un estandar. Los límites del humor no son los mismos para todo el mundo. Cada uno tiene el suyo, y es el único responsable de gestionarlo. No se le puede pedir a alguien que no te conoce de nada que haga chistes que no te ofendan a ti en concreto, porque no va a coincidir con lo que le ofende al que está sentado a tu lado. Así que cada uno se ponga el listón donde quiera, y respete el listón de los demás.

(By Antonio Castejo)

El Stand Up no esté hecho para televisión

TVaburreParamount Comedy España, ahora Comedy Central, ha dejado de grabar nuevos programas de su otrora buque insignia Nuevos cómicos, últimamente renombrado Central de Cómicos.

El Club de la Comedia nunca ha destacado por grandes datos de audiencia, sino más bien por ir saltando de día, hora y cadena, sin encontrar su sitio, dejándose de grabar, volviéndolo a intentar, volviéndose a abandonar, etc.

Sopa de Gansos apareció intentando modernizar el género, con una apuesta potente, formado por auténticos profesionales, y dejó programas grabados sin emitirse porque no podía competir con Pesadilla en la Cocina.

Sin embargo otros formatos de comedia, como por ejemplo una serie, sí puede competir incluso con la Champions League.

Y es que el Stand Up no está hecho para verse en televisión. Son muchos los factores que lo hacen no apto, pero los dos más importante de todos, en mi opinión, son la predisposición y la interacción.

1.- La predisposición son las ganas con las que la gente quiere verlo. Cada uno en su casa, que igual está cenando, que se ha sentado en el sofá y está medio adormecido, que hay ruido en la calle, que está la tele puesta mientras está haciendo otra cosa, o incluso que está prestando atención porque le gusta mucho, que también habrá alguno.

El caso es que el programa se graba y se emite, y luego cada uno lo ve de una manera y con unas ganas diferente, y luego al día siguiente el que lo vio con atención dice que le gustó mucho y quien lo vio mientras daba de cenar al niño que, bueno, psé.

Hay programas en televisión que puedes dejar puestos mientras haces otra cosa, sin prestarles atención porque tampoco te estás perdiendo nada, como por ejemplo los sálvames y viceversas, pero el monólogo cómico requiere estar atento, porque si no, no te enteras de nada y luego vas diciendo que tampoco es tan bueno el cómico ese. Ahí, con criterio.

Y es que el monólogo que no es en directo impide el segundo punto,

2.- La interacción. A un monólogo en directo vas. Hay voluntad por tu parte de verlo (no te lo has encontrado por casualidad, como en la TV), incluso puede que hayas pagado una entrada que te obligue a estar atento, para amortizar. Aún así, puede que te despistes, porque tienes otras cosas en que pensar y no sabes desconectar, o porque el cómico de ese día no te está gustando lo suficiente. Si el despiste es generalizado, un cómico profesional puede reaccionar sobre la marcha. Puede ver que algo está fallando, y cambiar de temática, de ritmo, introducir algún elemento para recuperar la atención del público, etc. Eso en televisión no pasa. El monólogo se graba y se emite, y si por la causa que sea no funciona, va a seguir sin funcionar hasta el final.

Hay otros factores también, como por ejemplo los cortes publicitarios, que cortan las Funny Zone y/o los clímax sin miramiento alguno. Ya lo expliqué en su día en este artículo.

Youtube fue en su momento un buen trampolín para los cómicos de este país. Verlo en televisión suponía adaptarse a los horarios de la cadena, y a los cómicos que tocasen. Youtube se convirtió en una especie de comedia a la carta, donde la gente veía el cómico que quería y cuando quería. La gente empezó a ver monólogos por youtube en vez de en televisión, y tocó techo sin sospechar si quiera el batacazo que estaba por venir. El formato tampoco era perfecto, porque podías ponerte a ver monólogos porque te aburrías y no sabías qué hacer, y así no se ven con las mismas ganas, pero era mucho mejor que verlo en televisión, puesto que tenías mucha más predisposición.

Pero los monólogos en youtube llegaron a su fin cuando Viacom dijo hasta aquí, y el formato empezó a decaer. No podemos echarle la culpa sólo a Viacom, puesto que hubo más factores, tanto o más importantes, pero fue el principio del fin.

Y entonces llegó Netflix, que emula lo que youtube fue en su día. No tiene una oferta tan amplia, y tiene sus imperfecciones con respecto al directo. Pero ahí está, para los fanáticos.

Resumiendo, el Stand Up en televisión no es un formato rentable para nadie. Ni para la plataforma que arriesga, ni para el cómico al que puede hacerle más mala publicidad que buena, ni para el público que intenta pasar un buen rato y se queda con mal sabor de boca. Yo lo dejaría sólo para secciones puntuales, como inicios de Late Nights, o colaboraciones en forma de píldora. Sigue sin ser apto para TV, pero puede servir para dar al cómico a conocer, no ya al público, que también, sino para que esos profesionales como la copa de un pino puedan acceder a otros trabajos en televisión relacionados con la comedia, como guionistas, actores, colaboradores, trabajar en radio, etc, es decir, otras funciones que no sean monólogos.

Y hablando de radio y otras cosas que se oyen sin verse. Hace poco me enteré que se están grabando monólogos para Spotify. Pero eso ya será cosa de otro post.

By Antonio Castejo.

Deadpool

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La película del antihéroe y mercenario llamado Deadpool se estrenó hace dos semanas. ¿Por qué me he retrasado tanto en hacer la crítica? Porque quería leer antes las críticas de los demás, para descojonarme un rato.

Leyendo dichas críticas me he dado cuenta que se nota bastante quién conocía al personaje por los cómics, y quien se ha limitado a buscar en la wikipedia quienes son los creadores para parecer que controlan el tema. Pones dos nombres raros que no conoce ni el Tato, y ya parece que eres un experto aunque no vuelvas a hacer referencia a las novelas impresas en el resto del texto.

¿Por qué digo esto? Estamos hartos de ver películas de superhéroes, tanto de DC como de MARVEL, de personajes conocidos y queridos para rentabilizar la taquilla (dudo que alguien quiera ver una peli de Aquaman). Puesto que Batman, Spiderman, Lobezno, etc, son muy conocidos, al hacer una película sobre ellos se generan infinidad de críticas comparándolas con su versión en papel. Que si no ha respetado la historia (o sí), que si no han sabido captar la esencia del personaje (o sí), que si tal o que si cual. Y, ojo, me parece cojonudo. Pero entonces, ¿por qué no se hace lo mismo con Deadpool?

La película por sí misma puede ser mejor o peor, pero que respeta bastante al personaje original, de eso no hay duda. Hay algunos fallos, bien por error, bien intencionados por el bien del guión, pero son secundarios y a mí, como fan, no me han importado. Y no me han importado porque en esta película Deadpool ha sido Deadpool, el Deadpool que yo conozco, el cabeza de peperoni con incontinencia verbal, que pone de los nervios a los «héroes de verdad» de los X-Men o los Vengadores.

Entrecomillo lo de «héroes de verdad», porque Deadpool no es un héroe. Aunque si me apuras, los demás tampoco. Deadpool es más real (dentro de que tienen superpoderes y esas cosas), sin tanto maniqueísmo y gilipolleces varias. Por ejemplo, Deadpool va al baño. ¿Alguien ha visto alguna vez a Batman hacer sus cositas? Y mata. Mata por dinero, pero también mata porque le da la gana. No es un héroe, es un asesino a sueldo, vengativo y sin aprecio alguno por la vida de los demás, excepto cuando de repente aparece su conrazoncito y se pone en plan salvador. También le pasa a veces.

Al igual que pasa en la película con la colaboración de dos X-Men, en sus cómics continuamente aparecen otros mutantes, o Vengadores, que no lo aguantan, que intentan hacerle ver que así no se hacen las cosas (igual que en la peli), para luego él hacer lo que le da la gana (igual que en la peli). No es como ellos. Es otra cosa. Pertenece a la casa MARVEL, pero no es como el resto. Y eso es básicamente lo que ha pasado con los críticos con la película.

Algo parecido a si J. K. Rowling decide escribir un libro distinto, serio, al margen de Harry Potter, y todos los fans incondicionales dicen que no les gusta porque no salen magos. Pues algo así ha pasado con Deadpool, que como pone MARVEL y el tío lleva disfraz ajustado, todo el mundo pensaba que iba a ver una de Spiderman.

Si sabes a lo que vas, la película la disfrutas. Te ríes, te diviertes, te entretienes. Que la película no va a ser una obra maestra, pues bueno, las demás de superhéroes tampoco. Ahora bien, si la predisposición con esta película es que a la primera salida de tono (no salida de tono de la película, que es el que es y lo mantiene coherentemente, sino salida del tono que algunos espectadores tenían en la cabeza de manera predeterminada, como el de esos padres que llevaron a sus hijos a verla a pesar de que ponía que era para mayores de 18) te vas a cabrear irracionalmente, y probablemente no te guste a pesar de no tener razón. La predisposición hace mucho.

En la mayoría de las críticas negativas a la película, al autor se le notaba que le costaba trabajo hacerla. O sea, que en el fondo le gustó. «Tiene un argumento flojo, aunque te ríes mucho con la verborrea del protagonista», «Unos personajes flojos, aunque Ryan Reynolds está magnifico», y demás similares. Había que poner a parir la película, pero en realidad les gustó.

Cuando yo fui a verla, lo hice en un horario poco concurrido. En el cine habría máximo 20 personas, lo que me permitió estar atento a las reacciones de la gente. Había un alto porcentaje de chicas (no es machismo, es estadística: el mundo del cómic es mayoritariamente masculino), y aún así pude ver que todos los que estábamos ahí (todos) disfrutamos la película. Nos gustó. A todos. A lo mejor en una sesión con 300 personas saldría gente echando pestes del cine, pero en nuestra sesión privada, la satisfacción fue máxima. 316 millones de recaudación sólo el primer fin de semana tiene que significar algo.

En resumen, si no existiese el personaje de cómic, si lo hubiesen creado de la nada exclusivamente para la película, lo mismo te diría que a la película de falta algo. Pero si sabes a lo que vas, te lo pasas bien. Para mí ha sido como otro cómic, como una aventura más de las cientos que hay desde que surgió en los ’90. Y me ha gustado como las demás.

Yo ya estoy esperando la segunda parte que seguro harán.

(By Antonio Castejo)

Allí Abajo (y 2)

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No podía dejarlo así. Cuando se estrenó la serie escribí una crónica basándome sólo en el primer capítulo. No fue muy buena, y no es justo. Los primeros capítulos es lo que tiene, que cuesta. Lo digo siempre que se estrena algo: hay que dar tiempo a coger cariño a los personajes, a conocerlos, a entenderlos. Con un único capítulo no se tiene el criterio suficiente para evaluar, hay que dar una segunda oportunidad, y la prueba está en esta serie.

El primer capitulo no me gustó. Influía también la comparación inevitable con Ocho Apellidos Vascos. Eso condiciona. No me gustó, y sin embargo ahora estoy enganchado. Han sabido mantener el ritmo, y crear conflictos más allá de los topicazos, con personajes logrados, profundos. Y risas. Muchas risas.

Por ponerle alguna pega, quizá un poco forzado el personaje de Benito Benjumea. No sólo su acento, sino el personaje en sí. No termina de enganchar. Pero es, al menos en la primera temporada, quien mantiene en escena a ese personajazo que es Jocé, el celador. Así que las gallinas que entran por las que salen.

Disfruten la segunda temporada.

(By Antonio Castejo)

Buscando el Norte

La idea de 8 apellidos vascos no es ni mucho menos original. El pez fuera del agua es uno de los recursos de guión más utilizados. Tanto dan las diferencias entre andaluces y vascos como entre españoles y alemanes.

Podemos decir que se aprovecha el tirón para hacer caja, que es una vuelta de tuerca más a lo mismo, que ambas producciones utilizan topicazos, en definitiva, compararlas, pero la verdad es que siempre se han hecho películas de este tipo, y siempre se seguirán haciendo. Se puede comparar la serie tanto con 8 apellidos vascos como con «Vente a Alemania, Pepe» que se estrenó en 1971.

Así que, dejando comparaciones a parte, a la serie le pasa lo que a todas las series españolas: capítulos semanales muy largos. Un ritmo frenético de risas es imposible con tanta duración y con tan poco tiempo para hacerlos. Hay que frenar el ritmo para alargar el capítulo.

De todas formas, era el primer capítulo, y está destinado al detonante y presentación de personajes. Aún no los conocemos en profundidad, solo sabemos de ellos algunos detalles que han tenido tiempo de mostrar, y aun no podemos amarlos (u odiarlos), pero en cuanto lo hagamos tras ver algunos capítulos más, los conflictos que se planteen nos llegaran mejor.

Por ejemplo, si en el primer capítulo a alguien que pretende un puesto de enfermero titulado se ve obligado a ser auxiliar por no saber alemán, nos importa más bien poco, pero cuando le cojas cariño después de varios capítulos, te afectara incluso que pierda un autobús.

Y por como se intuyen que van a ser los personajes, la serie tiene posibilidades. Otra cosa es que consigan arrancar el motor, pero el depósito está lleno de combustible.

Lo que pasa es que nos hemos vuelto demasiado exigentes e impacientes. Lo queremos todo, y lo queremos ya. Somos incapaces de dar segundas oportunidades. Si la serie no nos engancha desde el principio, dejamos de verla, y nos apresuramos a despedazarla en redes sociales.

Estoy generalizando, por supuesto. No todo el mundo es así. Pero son los que se hacen notar.

El general, ha estado un poco flojo. Ha tenido varios puntazos muy buenos, un buen montón de pasables, y demasiado rato en blanco.

Que ese espacio en blanco no lo era en realidad, sino que estaba dando información relevante para el futuro, pero si el público no se ríe, cambia de canal. O se acuesta, que mira que hora se ha hecho.

Me puedo equivocar, pero creo que la serie promete.

Y una cosa es segura: antena 3 está apostando por una nueva forma de hacer series cómicas, más profesionales, alejándose de las comedias de gritos tan habituales en Telecinco. Solo por eso deberíamos ser mas tolerantes e intentar ver las series para disfrutarlas, no para criticarlas.

(By Antonio Castejo)

Zomedy Night

Un programa de monólogos al estilo clásico, como el club de la comedia, sopa de gansos, y otros tantos que se han hecho en otras cadenas minoritarias, que son varios monologuistas y un presentador con una breve introducción entre uno y otro. La diferencia, que los cómicos son zombis. Y el público también. Un monólogo de zombis para zombis.

Contando los problemas que afectan a los zombis, desde su punto de vista, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

-Pues tampoco es para tanto -dirán algunos.

Sí, sí que lo es.

Lo es porque estamos acostumbrados al stand-up purista, es decir, el cómico es él mismo, cuenta las cosas desde su punto de vista, y no puede contar más que con su cuerpo para expresarse, sin instrumentos ni nada de apoyo. Sólo ante el peligro.

Aquí se introduce la variante de contar un monólogo metido dentro de un personaje. Aquí es un zombi, pero tambien podría ser, por ejemplo, un personaje histórico. Imagina un monólogo de Isaac Newton, contando lo de la manzana.

Me refiero a que, a cualquiera de los cuatro actores que participan en este programa, Goyo Jiménez, Agustín Jiménez, Yolanda Ramos o Berto Romero, los hemos visto interpretando sus monólogos, de ellos mismos, los suyos propios. Por ejemplo, Goyo Jiménez tiene sus monólogos, y a parte, hay un zombi que hace monólogos, interpretado por Goyo Jiménez.

Desde luego, no es nada que no se haya hecho antes ya. En otros países, e incluso aquí mismo. Por ejemplo, hace poco, Juan Solo en Sopa de Gansos. Pero es muy minoritario, a día de hoy predomina ampliamente el purista. Y me gustaría que eso empezara a cambiar, porque se abre todo un mundo de posibilidades para no acabar hablando siempre de lo mismo.

El programa está muy bien. Gracioso, como debe ser. Supongo que se deberá a que todos son cómicos profesionales, sin incluir famosetes sin experiencia ni gracia, como El Club de la Comedia hace a veces.

El espacio incluye también pequeñas secciones, como sketches, entrevistas, y rankings sobre la serie The Walking Dead.

Lo de The Walking Dead no es porque sea la serie de zombis de más éxito del momento, ni porque el programa se emita en FOX, como la serie. No es el programa el que utiliza la serie, sino la serie la que utiliza el programa: Zomedy Night está destinado a abrir boca para la nueva temporada de que empezará a emitirse el próximo día 15.

O sea, que si alguien esperaba ver un nuevo programa de monólogos todas las semanas, va listo. Solo se han grabado dos capítulos de 23 minutos, que se emiten el mismo día y a la misma hora a la que se emitirá la serie a partir del día 15. Dos capítulos, uno se emite un lunes, otro al siguiente, y al tercero ya va la serie.

Para la temporada que viene ya veremos que pasa.

(By Antonio Castejo)

Harry Potter y el zombi pedorro empalmado

 

‘Swiss Army Man’ es una película independiente protagonizada por Daniel Radcliffe, más conocido como Harry Potter.

El conocido actor británico interpreta a un zombi con un problema de gases y una erección constante. Las situaciones cómicas que pueden provocarle estos problemas son una grandísima idea para hacer humor absurdo y facilón. 

Como será de mala la película para que en su proyección en el festival de cine independiente de Sundance, el público se levantara y abandonará la sala, en masa.

Necesito ver esa peli. 

(By Antonio Castejo)

Late Motiv

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El nuevo programa de Andreu Buenafuente anda un poco falto de ritmo. Y de risas.

Es cierto que el formato clásico de Late Night Show, al menos en España, no tiene una gran aceptación. No sólo Buenafuente no lo consigue, también lo han intentado otros con idéntico resultado.

Pero no siempre fue así.

Porque hace unos años, Andreu Buenafuente era el puto amo. Sus programas en TV3 eran también un formato clásico de programa nocturno, y en Cataluña consiguió tal poder, que podía hacer lo que le diera la gana. Fuera de ese antiguo reino, actual provincia, y deseada futura República por parte de aproximadamente la mitad de la población, a este señor de Reus no lo conocía ni el tato.

Pero entonces dio el salto a la televisión nacional de mano de Antena 3, con gran aceptación de público, desplazando a unas Crónicas Marcianas que dominaban la noche hasta ese momento. Todo ello con un programa muy similar a los de TV3, tanto en contendidos, como en colaboradores.

Ahora bien, si comparamos ese programa de Antena 3, con los posteriores intentos en La Sexta, la propia Antena 3 otra vez, de nuevo La Sexta, y ahora el nuevo canal de Movistar, vemos numerosas diferencias. Para mí, la mas importante, los colaboradores.

Con añoranza recuerdo aquellos programas, con Corbacho, Edu Soto, Silvia Abril, Yolanda Ramos, Santi Millán, Palomino, Jordi Evole, David Fernández y otros tantos, que ofrecían una variedad de personajes, así como de situaciones y apoyo entre ellos, que hacían del programa hilarante y divertido. No estoy diciendo que vuelva a contar con esos mismos actores (aunque ojalá), porque cada uno está en una nueva etapa de su carrera, pero sí intentar emular aquella época con otros actores. Sin embargo, parece haber encontrado en Berto Romero una especie de chico para todo, lo que hace el programa un poco monótono. Ojo, que no estoy menospreciando a Berto con respecto a los colaboradores anteriores, puesto que es un gran profesional y muy versátil, pero ver la misma cara durante tanto rato se hace cansino.

Que sí, que hay más colaboradores. Uno. O dos, a lo sumo. Colaboradores con aportes cortos y muy puntuales, yo creo que destinados a que el pobre Berto pueda salir un momento de plano para ir a mear.

Pienso que este detrimento es a causa de una búsqueda de reducir el presupuesto. Cuando tienes mucha audiencia, ganas mucho dinero. Dinero que puedas invertir en hacer el programa más espectacular, para tener más audiencia, para ganar más dinero, para invertir más, para ganar más… Lo que yo llamo efecto bola de nieve. Pero con la pérdida de audiencia, parece que estamos viendo el efecto de la bola de nieve marcha atrás.

En España, el formato no parece funcionar, pero en EEUU hay, en varias cadenas, varios Late Night Shows clásicos, llevan haciéndolos miles de años, y ahí siguen, con éxito. Continuamente se viralizan vídeos de, por ejemplo, el programa de Jimmy Fallon. Aquí en España eso sólo parece conseguirlo El Hormiguero, en la actualidad el único dispuesto a invertir gran presupuesto es espectáculo.

Sinceramente, yo creo que en España podría volver a funcionar. Soy partidario de un programa clásico en su formato, y rompedor en cuanto al contenido. Capaz de sorprender al mismo tiempo que cumples las expectativas de lo que el público quiere ver. Sin sorpresas, pero sorprendente. Un esquema fijo, para que la gente sepa lo que va a ver, pero con un guión huyendo de lo previsible, para que la gente se revuelque de gusto en el sofá.

Mi impresión, tras ver los últimos proyectos de, para mí, tan admirado showman, es que parece más interesado en buscar una discreta estabilidad, a intentar llegar al mayor número posible de audiencia.

Recuerdo hace años, que no consentía perderme ni uno solo de sus programas. Sin embargo, ahora, psé.

A día de hoy, tengo dudas si contratar la televisión de Orange, o la de Movistar. Por favor, Andrew, pónmelo fácil.

(By Antonio Castejo)

Ocho apellidos catalanes

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No. Nonononono. ¿Por qué?

Había que aprovechar el tirón, el impulso de la película anterior, básicamente hacer caja. Con la buena publicidad que traían de casa gracias a Ocho apellidos vascos, la asistencia a las salas estaba asegurada. Y lo que está asegurado ahora es la cara de decepción que se nos queda a todos al salir del cine.

A ver, yo fui ayer a ver la película teniendo asumido que no iba a ser como la primera. Lo aceptaba. La expectación generada juega mucho en contra, pero lo que no me esperaba era que lo de comedia romántica se quedase sólo en romántica.

Y romántica, si me apuras, tampoco.

El planteamiento es del todo previsible: chico se entera que su ex se va a casar, se arrepiente y quiere reconquistarla el día que ella se casa con otro chico. De manual. Que el chico finalmente recupera a la chica lo sabía hasta el Tato. No hace falta ni poner el aviso de spoiler. De películas así está plagada la cartelera. O sea, que si en lo romántico ya está todo dicho, nos queda lo de comedia.

Un par de puntazos y unos cuantos juegos de palabras. Y para de contar.

El la primera película recuerdo a todo el público descojonándose al unísono, cada dos por tres, carcajadas que inundaban la sala eclipsando el sonido de la película. Anoche no se reía nadie. Alguna risa suelta de vez en cuando, pero ya está. ¿Y por qué?

A mi entender, simplemente porque no había comedia. Situaciones metidas con calzador, otras prometedoras que no han sido explotadas adecuadamente. Si en la primera película un sevillano tenía que hacerse pasar por vasco, el protagonista, utilizando todos los tópicos posibles, se va metiendo en unas arenas movedizas de las que no sólo es incapaz de salir, sino que además se va hundiendo cada vez más, lo que crea situaciones desternillantes. Si en el fondo no se inventó nada, un pez fuera del agua de manual también, pero muy bien hecho. En esta versión intentan ir por el mismo camino, haciéndole creer a una anciana (Rosa María Sardá) que Cataluña es independiente. Lo que pasa es que la trama parece centrarse más en la relación sentimental de los protagonistas, olvidando el enredo que debía montarse y no se monta. Rafa (Dani Rovira) hace un intento de hacerse pasar por catalán (Me llamo Oriol…), que se queda olvidado casi inmediatamente. El personaje de Carmen Machi intenta hacerse pasar por catalana sin venir a cuento, sin que nadie se lo pida, y sin saber aún siquiera que había que engañar a la vieja. Pequeños intentos, con personajes secundarios, de liarla parda, que se quedan en nada. Pequeños intentos que no solo no refuerzan la trama principal, sino que siquiera tienen nada que ver, cuya única justificación para meterlos sería la de crear situaciones hilarantes, pero que se quedan sin resolver, sin rematar, convirtiendo la película en una especie de sucesión de scketchs sin gracia mientras los otros intentan resolver sus problemas sentimentales sin hacer reír a nadie.

No me lo puedo creer, sinceramente. Ha debido pasar algo externo que les ha obligado a hacer semejante bodrio. No sé, presiones de Mediaset, por poner un ejemplo. Yo qué sé. Después de ver Ocho apellidos vascos y de leerme la novela de sus guionistas, Venirse arriba (de la que ya hablaré), pensaba que todo lo que hicieran Borja Cobeaga y Diego San José tendría un mínimo de calidad humorística.

Supongo que nadie es perfecto, como cuando ves el monólogo de un cómico y te parece el mejor del mundo, y luego saca espectáculo nuevo y ves que no era para tanto. No somos genios. Unas veces tienes más inspiración que otras. Unas veces te salen las cosas bien, y otras mal. Por eso tan importante como saber escribir es saber desechar. Quiero pensar que no han tenido otra opción, que hubiesen querido más tiempo para hacer las cosas bien, pero alguien les ha dicho «trae para aquí, que se nos hace tarde. Así mismo vale». Y ha salido como ha salido.

Cuando hago críticas negativas, siempre aparece algún fan incondicional que me dice: «Seguro que tú lo hubieses hecho mejor, ¿no?». Pues no. Estoy seguro al 100% que si alguien me hubiese encargado hacer ese guión, sería aún peor. Pero que yo no sepa jugar al fútbol no implica que cuando vea un partido no quiera ver goles.

(By Antonio Castejo)