El Sketch de José Mota

Nos la cogemos con papel de fumar, y sólo con leer eso ya habrá algún fabricante que se habrá ofendido.

Lo de José Mota ya es la gota que colma el vaso. Para quien no lo sepa, el sketch arriba mencionado trata de un médico que le dice a un paciente que le queda poco de vida. A lo largo de mi vida he escuchado miles de chistes populares con ese tema, he escuchando a monologuistas hacer chistes sobre eso, lo he visto en series y películas, y nunca han molestado. ¿Por qué, entonces, molesta hoy? ¿Y por qué molesta ese sketch en concreto, el cual he visto, y no tiene nada de ofensivo?

Pues porque está de moda ofenderse. Hay que sentirse indignado por todo, y si algo no te ofende pero ves que se ofende el de al lado, pues te ofendes también, que no vas a ser menos. Y ya de paso, pedimos la cabeza de alguien, que un acto tan deleznable como hacer un comentario desafortunado no puede quedar sin un castigo ejemplar.

Se ha debatido sobre los límites del humor hasta la saciedad, sin llegar a un resultado concluyente simplemente porque es algo muy subjetivo, y cada cual se pone sus propios limites. Pero es que el asunto ya no va de eso. Los límites del humor hace tiempo que quedaron atrás, porque hemos llegado a un punto de infelicidad y ofensa total, que no se puede abrir la boca para estornudar sin que se ofenda algún participante del mundial de lanzamiento de escupitajo.

Y no se ofende el objeto de la broma, no. Se ofenden los justicieros morales que miran por encima del hombro al resto de la humanidad, señalando con su dedo censor a todo aquel que exprese su opinión, sea cual sea, mientras defienden la libertad de expresión.

Como por ejemplo, Irene Villa. Ha sido víctima de chistes de humor negro desde que sufrió el atentado. Y según sus propias palabras, ella misma se ríe con esos chistes, e incluso tiene sus favoritos. Pero si ella no se ofende, no pasa nada. Hay todo un equipo de ofendidos profesionales, afilando hachas y listos para el ataque.

Hay para todos. Hace poco, Javier Cárdenas. Al margen de que te caiga bien o mal, al margen de que estés de acuerdo con él o no, tiene derecho a decir lo que le de la gana cuando le de la gana, como cualquier otro u otra habitante o habitanta de un país libre y libra. Lleva haciéndolo más de veinte años y hasta ahora nadie se había quejado. Pero ahora, tras veinte años, la caga un día, hace un comentario que no gusta, y surgen hordas pidiendo que lo metan en la cámara de gas. Estás veinte años haciendo radio y televisión, hablando mucho, que para eso es para lo que te pagan ¿y de verdad pensáis que hay que ser perfecto siempre? ¿Veinte años hablando sin parar y no puedes equivocarte ni una sola vez? Y luego a Jiménez Losantos se le da cancha ancha.

O a Toni Moog, con un tweet el uno de enero sobre el primer catalán del año, un bebé cuyos padres eran sudamericanos. Un grupo de ofendidos, incapaces de ver la broma y ya está, le acusaron de racista e intentaron movilizar las redes para boicotear sus espectáculos. Muy normal todo.

El humor ofende. Siempre. El humor blanco total no existe. El humor es verdad y dolor y, sólo por definición, le va a tocar los huevos (u ovarios) a alguien. La única manera de no ofender absolutamente a nadie, es no haciendo nada. ¿Es eso lo que pretende esta gente? ¿Erradicar el humor?

No se puede estar pidiendo perdón después de cada chiste, por si acaso. Ni se puede ni se debe. Hay que ver el humor como lo que es, bromas, ficción, no es real. No se pretende ofender, sino hacer reír, entretener, divertir. Y al mismo tiempo, ser un reflejo de la realidad, bien como crítica social, bien como un simple apoyo, hilo conductor, que te lleva a contar lo que realmente quieres contar. Y por suerte, la oferta televisiva a día de hoy es amplísima. Si alguien no quiere ver la realidad y prefiere sumirse en un mundo ideal y utópico, sólo hay que cambiar de canal.

¿No tenemos bastante con las obligaciones que tenemos que hacer a disgusto como para que en nuestro tiempo libre andemos buscando infelicidad donde no la hay? ¿La gente disfruta de la vida con tanto odio acumulado? Los cómicos curramos para hacer reír, no para hacer odiar. Y con tanta mala baba sólo vais a conseguir que cerremos la boca y ahí os quedáis con vuestra amargura.

Mientras tanto, TVE capeó la crisis por el camino fácil: pidiendo perdón. ¿Para qué complicarse la vida? Hay un espectador ofendido. ¿Por qué? Ni idea, pero ¿qué más da?, se le pide perdón y ya está. Porque el cliente siempre tiene la razón, aunque sea un perfecto gilipollas.

(By Antonio Castejo)

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Deadpool

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La película del antihéroe y mercenario llamado Deadpool se estrenó hace dos semanas. ¿Por qué me he retrasado tanto en hacer la crítica? Porque quería leer antes las críticas de los demás, para descojonarme un rato.

Leyendo dichas críticas me he dado cuenta que se nota bastante quién conocía al personaje por los cómics, y quien se ha limitado a buscar en la wikipedia quienes son los creadores para parecer que controlan el tema. Pones dos nombres raros que no conoce ni el Tato, y ya parece que eres un experto aunque no vuelvas a hacer referencia a las novelas impresas en el resto del texto.

¿Por qué digo esto? Estamos hartos de ver películas de superhéroes, tanto de DC como de MARVEL, de personajes conocidos y queridos para rentabilizar la taquilla (dudo que alguien quiera ver una peli de Aquaman). Puesto que Batman, Spiderman, Lobezno, etc, son muy conocidos, al hacer una película sobre ellos se generan infinidad de críticas comparándolas con su versión en papel. Que si no ha respetado la historia (o sí), que si no han sabido captar la esencia del personaje (o sí), que si tal o que si cual. Y, ojo, me parece cojonudo. Pero entonces, ¿por qué no se hace lo mismo con Deadpool?

La película por sí misma puede ser mejor o peor, pero que respeta bastante al personaje original, de eso no hay duda. Hay algunos fallos, bien por error, bien intencionados por el bien del guión, pero son secundarios y a mí, como fan, no me han importado. Y no me han importado porque en esta película Deadpool ha sido Deadpool, el Deadpool que yo conozco, el cabeza de peperoni con incontinencia verbal, que pone de los nervios a los “héroes de verdad” de los X-Men o los Vengadores.

Entrecomillo lo de “héroes de verdad”, porque Deadpool no es un héroe. Aunque si me apuras, los demás tampoco. Deadpool es más real (dentro de que tienen superpoderes y esas cosas), sin tanto maniqueísmo y gilipolleces varias. Por ejemplo, Deadpool va al baño. ¿Alguien ha visto alguna vez a Batman hacer sus cositas? Y mata. Mata por dinero, pero también mata porque le da la gana. No es un héroe, es un asesino a sueldo, vengativo y sin aprecio alguno por la vida de los demás, excepto cuando de repente aparece su conrazoncito y se pone en plan salvador. También le pasa a veces.

Al igual que pasa en la película con la colaboración de dos X-Men, en sus cómics continuamente aparecen otros mutantes, o Vengadores, que no lo aguantan, que intentan hacerle ver que así no se hacen las cosas (igual que en la peli), para luego él hacer lo que le da la gana (igual que en la peli). No es como ellos. Es otra cosa. Pertenece a la casa MARVEL, pero no es como el resto. Y eso es básicamente lo que ha pasado con los críticos con la película.

Algo parecido a si J. K. Rowling decide escribir un libro distinto, serio, al margen de Harry Potter, y todos los fans incondicionales dicen que no les gusta porque no salen magos. Pues algo así ha pasado con Deadpool, que como pone MARVEL y el tío lleva disfraz ajustado, todo el mundo pensaba que iba a ver una de Spiderman.

Si sabes a lo que vas, la película la disfrutas. Te ríes, te diviertes, te entretienes. Que la película no va a ser una obra maestra, pues bueno, las demás de superhéroes tampoco. Ahora bien, si la predisposición con esta película es que a la primera salida de tono (no salida de tono de la película, que es el que es y lo mantiene coherentemente, sino salida del tono que algunos espectadores tenían en la cabeza de manera predeterminada, como el de esos padres que llevaron a sus hijos a verla a pesar de que ponía que era para mayores de 18) te vas a cabrear irracionalmente, y probablemente no te guste a pesar de no tener razón. La predisposición hace mucho.

En la mayoría de las críticas negativas a la película, al autor se le notaba que le costaba trabajo hacerla. O sea, que en el fondo le gustó. “Tiene un argumento flojo, aunque te ríes mucho con la verborrea del protagonista”, “Unos personajes flojos, aunque Ryan Reynolds está magnifico”, y demás similares. Había que poner a parir la película, pero en realidad les gustó.

Cuando yo fui a verla, lo hice en un horario poco concurrido. En el cine habría máximo 20 personas, lo que me permitió estar atento a las reacciones de la gente. Había un alto porcentaje de chicas (no es machismo, es estadística: el mundo del cómic es mayoritariamente masculino), y aún así pude ver que todos los que estábamos ahí (todos) disfrutamos la película. Nos gustó. A todos. A lo mejor en una sesión con 300 personas saldría gente echando pestes del cine, pero en nuestra sesión privada, la satisfacción fue máxima. 316 millones de recaudación sólo el primer fin de semana tiene que significar algo.

En resumen, si no existiese el personaje de cómic, si lo hubiesen creado de la nada exclusivamente para la película, lo mismo te diría que a la película de falta algo. Pero si sabes a lo que vas, te lo pasas bien. Para mí ha sido como otro cómic, como una aventura más de las cientos que hay desde que surgió en los ’90. Y me ha gustado como las demás.

Yo ya estoy esperando la segunda parte que seguro harán.

(By Antonio Castejo)

Allí Abajo (y 2)

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No podía dejarlo así. Cuando se estrenó la serie escribí una crónica basándome sólo en el primer capítulo. No fue muy buena, y no es justo. Los primeros capítulos es lo que tiene, que cuesta. Lo digo siempre que se estrena algo: hay que dar tiempo a coger cariño a los personajes, a conocerlos, a entenderlos. Con un único capítulo no se tiene el criterio suficiente para evaluar, hay que dar una segunda oportunidad, y la prueba está en esta serie.

El primer capitulo no me gustó. Influía también la comparación inevitable con Ocho Apellidos Vascos. Eso condiciona. No me gustó, y sin embargo ahora estoy enganchado. Han sabido mantener el ritmo, y crear conflictos más allá de los topicazos, con personajes logrados, profundos. Y risas. Muchas risas.

Por ponerle alguna pega, quizá un poco forzado el personaje de Benito Benjumea. No sólo su acento, sino el personaje en sí. No termina de enganchar. Pero es, al menos en la primera temporada, quien mantiene en escena a ese personajazo que es Jocé, el celador. Así que las gallinas que entran por las que salen.

Disfruten la segunda temporada.

(By Antonio Castejo)

Buscando el Norte

La idea de 8 apellidos vascos no es ni mucho menos original. El pez fuera del agua es uno de los recursos de guión más utilizados. Tanto dan las diferencias entre andaluces y vascos como entre españoles y alemanes.

Podemos decir que se aprovecha el tirón para hacer caja, que es una vuelta de tuerca más a lo mismo, que ambas producciones utilizan topicazos, en definitiva, compararlas, pero la verdad es que siempre se han hecho películas de este tipo, y siempre se seguirán haciendo. Se puede comparar la serie tanto con 8 apellidos vascos como con “Vente a Alemania, Pepe” que se estrenó en 1971.

Así que, dejando comparaciones a parte, a la serie le pasa lo que a todas las series españolas: capítulos semanales muy largos. Un ritmo frenético de risas es imposible con tanta duración y con tan poco tiempo para hacerlos. Hay que frenar el ritmo para alargar el capítulo.

De todas formas, era el primer capítulo, y está destinado al detonante y presentación de personajes. Aún no los conocemos en profundidad, solo sabemos de ellos algunos detalles que han tenido tiempo de mostrar, y aun no podemos amarlos (u odiarlos), pero en cuanto lo hagamos tras ver algunos capítulos más, los conflictos que se planteen nos llegaran mejor.

Por ejemplo, si en el primer capítulo a alguien que pretende un puesto de enfermero titulado se ve obligado a ser auxiliar por no saber alemán, nos importa más bien poco, pero cuando le cojas cariño después de varios capítulos, te afectara incluso que pierda un autobús.

Y por como se intuyen que van a ser los personajes, la serie tiene posibilidades. Otra cosa es que consigan arrancar el motor, pero el depósito está lleno de combustible.

Lo que pasa es que nos hemos vuelto demasiado exigentes e impacientes. Lo queremos todo, y lo queremos ya. Somos incapaces de dar segundas oportunidades. Si la serie no nos engancha desde el principio, dejamos de verla, y nos apresuramos a despedazarla en redes sociales.

Estoy generalizando, por supuesto. No todo el mundo es así. Pero son los que se hacen notar.

El general, ha estado un poco flojo. Ha tenido varios puntazos muy buenos, un buen montón de pasables, y demasiado rato en blanco.

Que ese espacio en blanco no lo era en realidad, sino que estaba dando información relevante para el futuro, pero si el público no se ríe, cambia de canal. O se acuesta, que mira que hora se ha hecho.

Me puedo equivocar, pero creo que la serie promete.

Y una cosa es segura: antena 3 está apostando por una nueva forma de hacer series cómicas, más profesionales, alejándose de las comedias de gritos tan habituales en Telecinco. Solo por eso deberíamos ser mas tolerantes e intentar ver las series para disfrutarlas, no para criticarlas.

(By Antonio Castejo)

Zomedy Night

Un programa de monólogos al estilo clásico, como el club de la comedia, sopa de gansos, y otros tantos que se han hecho en otras cadenas minoritarias, que son varios monologuistas y un presentador con una breve introducción entre uno y otro. La diferencia, que los cómicos son zombis. Y el público también. Un monólogo de zombis para zombis.

Contando los problemas que afectan a los zombis, desde su punto de vista, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

-Pues tampoco es para tanto -dirán algunos.

Sí, sí que lo es.

Lo es porque estamos acostumbrados al stand-up purista, es decir, el cómico es él mismo, cuenta las cosas desde su punto de vista, y no puede contar más que con su cuerpo para expresarse, sin instrumentos ni nada de apoyo. Sólo ante el peligro.

Aquí se introduce la variante de contar un monólogo metido dentro de un personaje. Aquí es un zombi, pero tambien podría ser, por ejemplo, un personaje histórico. Imagina un monólogo de Isaac Newton, contando lo de la manzana.

Me refiero a que, a cualquiera de los cuatro actores que participan en este programa, Goyo Jiménez, Agustín Jiménez, Yolanda Ramos o Berto Romero, los hemos visto interpretando sus monólogos, de ellos mismos, los suyos propios. Por ejemplo, Goyo Jiménez tiene sus monólogos, y a parte, hay un zombi que hace monólogos, interpretado por Goyo Jiménez.

Desde luego, no es nada que no se haya hecho antes ya. En otros países, e incluso aquí mismo. Por ejemplo, hace poco, Juan Solo en Sopa de Gansos. Pero es muy minoritario, a día de hoy predomina ampliamente el purista. Y me gustaría que eso empezara a cambiar, porque se abre todo un mundo de posibilidades para no acabar hablando siempre de lo mismo.

El programa está muy bien. Gracioso, como debe ser. Supongo que se deberá a que todos son cómicos profesionales, sin incluir famosetes sin experiencia ni gracia, como El Club de la Comedia hace a veces.

El espacio incluye también pequeñas secciones, como sketches, entrevistas, y rankings sobre la serie The Walking Dead.

Lo de The Walking Dead no es porque sea la serie de zombis de más éxito del momento, ni porque el programa se emita en FOX, como la serie. No es el programa el que utiliza la serie, sino la serie la que utiliza el programa: Zomedy Night está destinado a abrir boca para la nueva temporada de que empezará a emitirse el próximo día 15.

O sea, que si alguien esperaba ver un nuevo programa de monólogos todas las semanas, va listo. Solo se han grabado dos capítulos de 23 minutos, que se emiten el mismo día y a la misma hora a la que se emitirá la serie a partir del día 15. Dos capítulos, uno se emite un lunes, otro al siguiente, y al tercero ya va la serie.

Para la temporada que viene ya veremos que pasa.

(By Antonio Castejo)

Harry Potter y el zombi pedorro empalmado

 

‘Swiss Army Man’ es una película independiente protagonizada por Daniel Radcliffe, más conocido como Harry Potter.

El conocido actor británico interpreta a un zombi con un problema de gases y una erección constante. Las situaciones cómicas que pueden provocarle estos problemas son una grandísima idea para hacer humor absurdo y facilón. 

Como será de mala la película para que en su proyección en el festival de cine independiente de Sundance, el público se levantara y abandonará la sala, en masa.

Necesito ver esa peli. 

(By Antonio Castejo)

El Secreto de la Modelo Extraviada

Personajes esperpénticos y una prosa fluida, mezclando, con estilo, lenguaje culto con expresiones populares, hacen de este libro de Eduardo Mendoza todo un placer para los amantes del humor y de la literatura.

Si a eso le sumas lo grotesco que resulta que una persona, proveniente de los bajos fondos de la sociedad e ingresada en un sanatorio mental, le lleve la delantera en pesquisas detectivescas a la propia policía, el placer es mayor.

Y aunque el objeto de esta entrada es la novela “El secreto de la modelo extraviada”, también podría servir para cualquiera de los cuatro capítulos anteriores de esta serie protagonizada por el detective sin nombre, titulados, por orden cronológico, El Misterio de la Cripta Embrujada, El Laberinto de las Aceitunas, La Aventura del Tocador de Señoras y El Enredo de la Bolsa y La Vida.

Unas novelas donde el placer está en la lectura en sí, que hace que no te importe si el final es previsible u otros factores que mierdean el género detectivesco. Pero es que, además, no es el caso. La novela gira arrastrando al lector con ella, y te lleva de un lugar a otro hasta que irremediablemente termina y te deja con ganas de más.

Por suerte, el autor tiene otras novelas paródicas fuera de esta serie, entre la que destaca la conocidísima “Sin Noticias de Gurb”.

Particularmente, creo que hacer humor en literatura, sin el apoyo visual del cine o televisión o los espectáculos en directo, sin el apoyo enfático del lenguaje oral, es extremadamente difícil, puesto que estás mucho más limitado a la hora de expresarte, mucho más susceptible de la interpretación del lector. Y Eduardo Mendoza se mueve con maestría en ese terreno.

(By Antonio Castejo)

Late Motiv

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El nuevo programa de Andreu Buenafuente anda un poco falto de ritmo. Y de risas.

Es cierto que el formato clásico de Late Night Show, al menos en España, no tiene una gran aceptación. No sólo Buenafuente no lo consigue, también lo han intentado otros con idéntico resultado.

Pero no siempre fue así.

Porque hace unos años, Andreu Buenafuente era el puto amo. Sus programas en TV3 eran también un formato clásico de programa nocturno, y en Cataluña consiguió tal poder, que podía hacer lo que le diera la gana. Fuera de ese antiguo reino, actual provincia, y deseada futura República por parte de aproximadamente la mitad de la población, a este señor de Reus no lo conocía ni el tato.

Pero entonces dio el salto a la televisión nacional de mano de Antena 3, con gran aceptación de público, desplazando a unas Crónicas Marcianas que dominaban la noche hasta ese momento. Todo ello con un programa muy similar a los de TV3, tanto en contendidos, como en colaboradores.

Ahora bien, si comparamos ese programa de Antena 3, con los posteriores intentos en La Sexta, la propia Antena 3 otra vez, de nuevo La Sexta, y ahora el nuevo canal de Movistar, vemos numerosas diferencias. Para mí, la mas importante, los colaboradores.

Con añoranza recuerdo aquellos programas, con Corbacho, Edu Soto, Silvia Abril, Yolanda Ramos, Santi Millán, Palomino, Jordi Evole, David Fernández y otros tantos, que ofrecían una variedad de personajes, así como de situaciones y apoyo entre ellos, que hacían del programa hilarante y divertido. No estoy diciendo que vuelva a contar con esos mismos actores (aunque ojalá), porque cada uno está en una nueva etapa de su carrera, pero sí intentar emular aquella época con otros actores. Sin embargo, parece haber encontrado en Berto Romero una especie de chico para todo, lo que hace el programa un poco monótono. Ojo, que no estoy menospreciando a Berto con respecto a los colaboradores anteriores, puesto que es un gran profesional y muy versátil, pero ver la misma cara durante tanto rato se hace cansino.

Que sí, que hay más colaboradores. Uno. O dos, a lo sumo. Colaboradores con aportes cortos y muy puntuales, yo creo que destinados a que el pobre Berto pueda salir un momento de plano para ir a mear.

Pienso que este detrimento es a causa de una búsqueda de reducir el presupuesto. Cuando tienes mucha audiencia, ganas mucho dinero. Dinero que puedas invertir en hacer el programa más espectacular, para tener más audiencia, para ganar más dinero, para invertir más, para ganar más… Lo que yo llamo efecto bola de nieve. Pero con la pérdida de audiencia, parece que estamos viendo el efecto de la bola de nieve marcha atrás.

En España, el formato no parece funcionar, pero en EEUU hay, en varias cadenas, varios Late Night Shows clásicos, llevan haciéndolos miles de años, y ahí siguen, con éxito. Continuamente se viralizan vídeos de, por ejemplo, el programa de Jimmy Fallon. Aquí en España eso sólo parece conseguirlo El Hormiguero, en la actualidad el único dispuesto a invertir gran presupuesto es espectáculo.

Sinceramente, yo creo que en España podría volver a funcionar. Soy partidario de un programa clásico en su formato, y rompedor en cuanto al contenido. Capaz de sorprender al mismo tiempo que cumples las expectativas de lo que el público quiere ver. Sin sorpresas, pero sorprendente. Un esquema fijo, para que la gente sepa lo que va a ver, pero con un guión huyendo de lo previsible, para que la gente se revuelque de gusto en el sofá.

Mi impresión, tras ver los últimos proyectos de, para mí, tan admirado showman, es que parece más interesado en buscar una discreta estabilidad, a intentar llegar al mayor número posible de audiencia.

Recuerdo hace años, que no consentía perderme ni uno solo de sus programas. Sin embargo, ahora, psé.

A día de hoy, tengo dudas si contratar la televisión de Orange, o la de Movistar. Por favor, Andrew, pónmelo fácil.

(By Antonio Castejo)

Pues habrá que explicar los chistes

Charlie Hebdo la ha vuelto a liar publicando este chiste:

¿En qué se hubiese convertido el pequeño Aylan si hubiera crecido?

Y se hace viral, pero acompañados de textos de indignación como por ejemplo el del periódico La Vanguardia:

‘Charlie Hebdo’ se mofa del futuro de Aylan, el niño muerto en la costa turca“.

Y si quien comparte dice “mofa”, los borregos que lo leen ven mofa donde no la hay. Me explico:

El pequeño Aylan es el ejemplo, la conexión, el eje central, de una crítica social que la revista francesa quiere denunciar. Por él, medio mundo se sintió consternado, y maldijo la beligerancia humana y el poco valor que la vida parece tener para quien maneja el mundo. Pobre gente, los refugiados, que huyen del horror de la guerra, y los insensibles europeos no les dejan entrar, condenándolos a morir, bien en la guerra, bien en la huida. El pequeño Aylan fue el portador del mensaje de que los refugiados son víctimas, y por él el mundo interpreta que todos son buenos.

Luego llegaron las violaciones masivas de Colonia, y esos mismos refugiados, ahora son todos malos.

Los mismos que antes eran buenos, ahora son malos. Todos. Sin excepción. Que entraron 8.000, y Aylan solo había uno, todos son buenos. Los 8.000. Que había 8.000 y los violadores fueron 100*, todos son malos. Los 8.000.

Y ahí es donde los galos dijeron: ¿y si juntamos las dos historias, mezcladas y bien apretujadas, para hacer ver al populacho que están generalizando demasiado y dejándose llevar por lo que ven en TV? Lo que no supieron ver en la revista es que la gente iba a seguir generalizando y dejándose llevar por lo que aparece en los medios.

Porque, a ver, cualquiera de los detenidos por las agresiones de Colonia que nos repugna tanto, pudo haber muerto hace años en situaciones similares a las del pequeño Aylan, y haber despertando nuestra ternura. Imaginadlo. Un violador dándonos pena. Asqueroso, ¿no?

Lo que en principio era una crítica para invitar a la gente a reflexionar, se ha vuelto (una vez más) en el violento reproche que tan acostumbrados estamos a ver últimamente en las redes sociales. Violencia que creen estar justificada por ser por una causa justa. Como la guerra santa.

Otra cosa es, como ya he dicho en otras muchas ocasiones, que el chiste no tenga gracia, o sea de mal gusto. Pero muy diferente es acusar de lo que no es, decir “se mofa de” cuando no es así, y criminalizar el humor simplemente por no haber entendido el chiste.

¿Qué debemos hacer los cómicos entonces? ¿No hacer critica social por si un sector de la población no lo pilla y lo malinterpreta? ¿Seguir hablando de las novias, las borracheras y la zapatilla de mi madre? ¿Cortar el ritmo del espectáculo para explicar cada chiste que se cuenta por si hay alguien que no lo pilla?

O simplemente no cometer el mismo error de generalizar, y pasar de imbeciles y borregos, que son solo un sector, y seguir trabajando para ese público que sí piensa, que no manipula ni se deja manipular.

Humor hay de muchos tipos, pero en vez de que cada uno busque el suyo y deje en paz a los demás, se empeña en querer transformar el humor de los demás para que se adecue más al suyo. Eso es como decir que sólo te gusta el fútbol, así que te empeñas en que al baloncesto se juegue con el pie y que pongan las canastas un poco más a ras del suelo y algo más grandes. Y un portero, no estaría de más un portero.

Hay para todos, señor@s. No se alteren.

(By Antonio Castejo)

* He puesto que los violadores fueron 100 a mi antojo. No sé la cifra real, pero es la que me parece más lógica. Se habla de 1000, pero sólo hay 19 detenidos, y unas 500 denuncias, por lo que el millar me parece más una cifra destinada a llamar la atención que a ser rigurosa. Por otro lado, violaciones propiamente dichas hubo dos, el resto fueron tocamientos y robos. No lo estoy justificando, que ya sabemos que luego entendéis lo que os da la gana. Estoy diciendo que 1000 asaltantes para 500 víctimas tocan a dos por personas, y dudo mucho que les tocaran el culo a una entre dos y dijeran “ya hemos cubierto nuestra cuota, ya nos podemos ir a casa”. Me parece mucho más lógico que un mismos asaltador toqueteara a más de una chica, por lo que el número de agresores se reduce. 100 me parece más realista, por eso lo he puesto.

Ocho apellidos catalanes

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No. Nonononono. ¿Por qué?

Había que aprovechar el tirón, el impulso de la película anterior, básicamente hacer caja. Con la buena publicidad que traían de casa gracias a Ocho apellidos vascos, la asistencia a las salas estaba asegurada. Y lo que está asegurado ahora es la cara de decepción que se nos queda a todos al salir del cine.

A ver, yo fui ayer a ver la película teniendo asumido que no iba a ser como la primera. Lo aceptaba. La expectación generada juega mucho en contra, pero lo que no me esperaba era que lo de comedia romántica se quedase sólo en romántica.

Y romántica, si me apuras, tampoco.

El planteamiento es del todo previsible: chico se entera que su ex se va a casar, se arrepiente y quiere reconquistarla el día que ella se casa con otro chico. De manual. Que el chico finalmente recupera a la chica lo sabía hasta el Tato. No hace falta ni poner el aviso de spoiler. De películas así está plagada la cartelera. O sea, que si en lo romántico ya está todo dicho, nos queda lo de comedia.

Un par de puntazos y unos cuantos juegos de palabras. Y para de contar.

El la primera película recuerdo a todo el público descojonándose al unísono, cada dos por tres, carcajadas que inundaban la sala eclipsando el sonido de la película. Anoche no se reía nadie. Alguna risa suelta de vez en cuando, pero ya está. ¿Y por qué?

A mi entender, simplemente porque no había comedia. Situaciones metidas con calzador, otras prometedoras que no han sido explotadas adecuadamente. Si en la primera película un sevillano tenía que hacerse pasar por vasco, el protagonista, utilizando todos los tópicos posibles, se va metiendo en unas arenas movedizas de las que no sólo es incapaz de salir, sino que además se va hundiendo cada vez más, lo que crea situaciones desternillantes. Si en el fondo no se inventó nada, un pez fuera del agua de manual también, pero muy bien hecho. En esta versión intentan ir por el mismo camino, haciéndole creer a una anciana (Rosa María Sardá) que Cataluña es independiente. Lo que pasa es que la trama parece centrarse más en la relación sentimental de los protagonistas, olvidando el enredo que debía montarse y no se monta. Rafa (Dani Rovira) hace un intento de hacerse pasar por catalán (Me llamo Oriol…), que se queda olvidado casi inmediatamente. El personaje de Carmen Machi intenta hacerse pasar por catalana sin venir a cuento, sin que nadie se lo pida, y sin saber aún siquiera que había que engañar a la vieja. Pequeños intentos, con personajes secundarios, de liarla parda, que se quedan en nada. Pequeños intentos que no solo no refuerzan la trama principal, sino que siquiera tienen nada que ver, cuya única justificación para meterlos sería la de crear situaciones hilarantes, pero que se quedan sin resolver, sin rematar, convirtiendo la película en una especie de sucesión de scketchs sin gracia mientras los otros intentan resolver sus problemas sentimentales sin hacer reír a nadie.

No me lo puedo creer, sinceramente. Ha debido pasar algo externo que les ha obligado a hacer semejante bodrio. No sé, presiones de Mediaset, por poner un ejemplo. Yo qué sé. Después de ver Ocho apellidos vascos y de leerme la novela de sus guionistas, Venirse arriba (de la que ya hablaré), pensaba que todo lo que hicieran Borja Cobeaga y Diego San José tendría un mínimo de calidad humorística.

Supongo que nadie es perfecto, como cuando ves el monólogo de un cómico y te parece el mejor del mundo, y luego saca espectáculo nuevo y ves que no era para tanto. No somos genios. Unas veces tienes más inspiración que otras. Unas veces te salen las cosas bien, y otras mal. Por eso tan importante como saber escribir es saber desechar. Quiero pensar que no han tenido otra opción, que hubiesen querido más tiempo para hacer las cosas bien, pero alguien les ha dicho “trae para aquí, que se nos hace tarde. Así mismo vale”. Y ha salido como ha salido.

Cuando hago críticas negativas, siempre aparece algún fan incondicional que me dice: “Seguro que tú lo hubieses hecho mejor, ¿no?”. Pues no. Estoy seguro al 100% que si alguien me hubiese encargado hacer ese guión, sería aún peor. Pero que yo no sepa jugar al fútbol no implica que cuando vea un partido no quiera ver goles.

(By Antonio Castejo)